“Nadie quiere que subasten el zoo, es una medida desconcertante”
La concesión del parque saldrá a remate el mes que viene, sin pasar por la Legislatura. El director dice que es algo “inusual” para cualquier zoo del mundo, y critica la escasa inversión prevista en ofertas educativas y científicas.
El llamado a subasta del zoológico de la Ciudad de Buenos Aires hecho por el gobierno porteño ha generado rechazos en vecinos y legisladores, pero también en Claudio Bertonatti, el actual director del predio, privatizado en 1991 y cuya concesión fue prorrogada de forma precaria durante los últimos 16 meses. Lo que está en discusión es el presente y el futuro de uno de los espacios verdes de mayor patrimonio arquitectónico, escultórico y conservacionista del país.
Para el legislador porteño Adrián Camps, “el pliego es desastroso y debería mandarse al archivo”. Sostuvo que en la base de condiciones, “se invierten las prioridades: de 525 páginas, sólo siete se refieren, en términos genéricos, a los animales”.
Hace cuatro años, un informe de la Auditoría General de la Ciudad denunció que todos los monumentos históricos del paseo se hallan en estado de “degradación y destrucción”. Tiempo Argentino recorrió las 18 hectáreas del parque y dialogó con Bertonatti sobre el destino del zoo, que el 20 de julio será puesto a remate en el Banco Ciudad, con un canon base inicial de 143.500 pesos, poco menos que los 150 mil que paga la empresa actualmente a cargo.
–Según la auditoría, desde el ’90 se perdieron 31 especies de mamíferos y 72 de aves.
–Es importante saber quién audita y con qué técnicos. Esos números implicarían aceptar que cuantas menos especies hay, peor zoo es, cuando en realidad no es un indicador. Lo central es qué hacés con ellos y cómo están. De hecho, debemos revisar el plan de colección de animales: qué tenemos, qué deberíamos tener y no tenemos, y qué tenemos y no deberíamos tener. Toda especie acá tiene que tener una función, no estar por estar. Tenemos cuatro programas de conservación de primer nivel: el del cóndor andino, el de las águilas coronadas, el de tortugas y lobos marinos, y el laboratorio de biotecnología en el que trabajamos con la UBA y el CONICET. Es único en Sudamérica, como si fuera el Arca de Noé in vitro: en lugar de buscar un macho y una hembra, hacemos inseminación artificial. La idea es, por ejemplo, llevar guacamayos adonde ya se han extinguido, como en el Parque Iguazú.
–¿Y cuántos edificios de los victorianos necesitan remodelar?
–Los edificios victorianos casi no existen. Los osos ya no están en la osera, que realmente era una cárcel, y los felinos están en un ambiente selvático bajo otro concepto de zoo, con vegetación, aislante de sonido y olores, dormitorios de invierno, losa radiante y elementos de enriquecimiento ambiental. También se puede ver, por ejemplo, a los animales más raros y amenazados del mundo: los leopardos de las nieves, del Tibet. El que habla de edificios victorianos no sabe nada de zoológicos o hace tiempo que no viene. Pasa lo mismo con los leones: vienen, miran a Quique y dicen: “Qué flaco está”. No está flaco, está viejito, tiene 21 años, cuando la expectativa de vida es de 15. No está todo bien, obvio, y hay muchísimo por hacer. Pero me duele cuando hablan de afuera como si esto estuviera en llamas, si los animales se murieran de epidemia o desnutridos, cuando todos tienen su dieta. Me podés decir que tenemos más voluntarios que staff, o que el recinto del oso polar es chico. Tenés razón: vienen de la inmensidad del Ártico, pero acá no podemos crecer para ningún lado. Antes lo tenías enrejado con un ventilador encima, que habían sacado del subte. Mucha gente critica porque no quiere que el animal esté encerrado. Pero es como decir: “No quiero hospitales porque me gusta la gente sana”. Sin el zoo de Buenos Aires, no habría cóndores en estado silvestre volando por Venezuela y Colombia.
–¿Cómo vio el llamado a subasta?
–Me resultó sorpresivo. A nadie le gusta ver que subastan el zoo. Es una medida inusual en zoológicos a nivel mundial. Tampoco se entiende por qué no pasó por la Legislatura. ¿Cuál es el problema o miedo a debatir? Yo soy estatista. Determinadas cosas no las delegaría enteramente en privados, como este caso. Se trata del zoo nacional, por historia, trayectoria y liderazgo en materia de conservación. Fue el primero que reintrodujo especies, y además está lo educativo y lo inclusivo. Aquí llegan de todas las clases sociales y de todas las regiones. Es de un valor estratégico tremendo.
–¿Y por qué la Ciudad no lo tomó a su cargo, si venció la concesión?
–No tiene equipo técnico para mantenerlo. Esto es una pequeña ciudad: hay enfermería, psicología, acá entran 700 kilos de carne por semana. Es desconcertante que los pliegos exijan un nivel de inversión del 60% para la restauración del patrimonio histórico, otro del 25% para infraestructura y sólo un 15% para el mejoramiento de ofertas educativas y científicas, que es la verdadera esencia del zoo. Debería primar la calidad del Plan Maestro por sobre la billetera. Esto no es un parque temático recreativo de edificios históricos, sino un centro de conservación de la naturaleza, con énfasis en la fauna. Y cinco años es muy poco tiempo para hacer las obras necesarias y que la empresa recupere su inversión. A su vez, tenemos otra preocupación: acá funcionan un par de programas de inclusión, como Cuidemos y Cuidar Cuidando, donde trabajamos con casi 100 chicos en situación de vulnerabilidad social, especialmente del Tobar García. Cuatro de esos chicos ahora están trabajando acá, uno es cuidador. También hay visitas guiadas para hipoacúsicos y no videntes. Pero en los pliegos no está la continuidad de estos programas. <
Edificios con rajaduras y “ruinas en serio”
En el zoo porteño, hay unos 2500 animales. Otros 340 fueron liberados a través de proyectos de conservación, de los cuales se destacan los 107 cóndores andinos soltados en distintos países sudamericanos donde ese animal se había extinguido.
Cada uno de los recintos fue diseñado con distintos estilos arquitectónicos (chino, hindú, morisco, grecorromano) y el que está “en peores condiciones y con mayores problemas de conservación” es el Indostánico, construido en 1901. El templo, por el que transitan las llamas, tiene rajaduras y está apuntalado con un par de maderas. Los edificios no pueden intervenirse, deben conservar las formas originales de hace un siglo.
Existen también dos antiguas construcciones victorianas en desuso: el Pabellón de las Piedras, destinado a albergar a los felinos (frente al que se sentaba Borges a leer y escribir obras como “El Oro de Los Tigres”), con sus paredes pintadas de azul donde se proyectarán videos que mostrarán el zoo original; y el Monario Azul, donde actualmente se deposita la colección de huesos. Falta de cartelería, excesiva publicidad privada, jaulas inadecuadas y anacrónicas como la de los guacamayos, fuentes en desuso y algún estancamiento de agua, se contraponen con visibles trabajos de restauración. Por ejemplo, el gigantesco recinto de los elefantes, construido en 1904, la recuperación de la fuente de Diana Cazadora (donada por la familia Anchorena a principios de siglo XX), las nuevas moradas de felinos y reptiles, la construcción de un aviario y el rescate, en 2008, de 7882 libros de los 12 mil que componían la majestuosa Biblioteca Sarmiento, desmantelada hace 20 años. Los históricos ejemplares fueron encontrados en el subsuelo de una escuela de Mataderos.
La recorrida también permite confirmar o refutar mitos y testimonios que abundan en los medios sobre el zoo. Por ejemplo, la glorieta del ingreso de Plaza Italia, en el lago Darwin, donde están los flamencos, que “tiene varias columnas rotas y le faltan algunos pedazos”, según publicó el diario Clarín hace un mes y medio. “Sucede que tres de las columnas, las que están inclinadas, son del siglo V y fueron traídas de Italia. A las del siglo XX se las dejó erguidas, y a las verdaderas se las puso torcidas a propósito, con tirantes. Criticaron que la glorieta está en ruinas, y sí, es que son ruinas en serio, bizantinas”, explicó Bertonatti.
Cinco interesados en administrarlo
Hasta el momento, distintas versiones permiten saber que son cinco los privados que estarían interesados en administrar el zoológico de la Ciudad de Buenos Aires.
Se trata del grupo Vila-Manzano, en asociación con Fénix; la actual administración (el ex grupo mexicano CIE); los primeros dueños privados en el 1991 (Zoo-Botánico 2000); la Fundación Maimónides junto a la Fundación Félix de Azara; y Sociedad Comercial del Plata, que opera las atracciones del Parque de la Costa y el Tren de la Costa, y que junto a la firma Boldt maneja el casino Trilenium.
El personal
240
son los empleados del zoo para el manejo de los animales, mantenimiento, comunicación y educación. Hay otros 200 en áreas comerciales y administrativas.
Tiempo argentino

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