1 de junio de 2014

Una travesía nacional y popular

Julio Urien y Sergio Scapini preparan una navegación alrededor de las Islas Malvinas. A bordo del velero La Sanmartiniana, y con una tripulación de jóvenes militantes políticos, unirán Dock Sud con la Isla de los Estados. Los "espacios vacíos" que buscan llenar.

Uno ronda los 56 años, el otro exhibe –orgulloso– las marcas de sus 64. "Con esto nosotros revivimos", desliza el segundo en voz baja. Los dos, cada uno en su rol, pueden dar testimonio de que la madurez no significa sentar cabeza. Ni recluirse sobre lo propio abandonando viejos ideales. Esta vez los reunió el llamado de la aventura, aquella invitación que en la infancia surgía de los libros. Esa vocación por el riesgo –"la adrenalina", admiten ellos– los tiene ahora dispuestos a una nueva expedición, la segunda etapa de una travesía inédita a bordo del velero La Sanmartiniana. El viaje, previsto para el 18 de julio, estará cargado de sentido político y social. Junto a una tripulación compuesta por jóvenes militantes del espacio nacional y popular, la mayoría sin experiencia náutica previa, La Sanmartiniana partirá desde el apostadero naval de Dock Sud hacia la Isla de los Estados, en el extremo del Atlántico Sur, en un trayecto que incluirá la navegación alrededor de las Malvinas, en torno a la zona de exclusión y respetando las leyes internacionales.
La aventura de La Sanmartiniana no se reduce a la pulsión por surcar el océano y transmitir enseñanzas a las nuevas generaciones. El objetivo de la iniciativa, que forma parte de una campaña impulsada desde la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua (Fipca), es poner en la agenda la preocupación por el desmantelamiento de la marina mercante del Estado –otra de las herencias del menemismo–, la privatización de los puertos fluviales y marítimos, y la falta de presencia argentina en esa inmensa fuente de riquezas naturales que es la franja soberana del Atlántico Sur que –según el Derecho Internacional– corresponde al país. "Ante el nuevo escenario global, con grandes capas de la población que se suman al consumo, los recursos de la tierra pueden no alcanzar. Los países del primer mundo miran entonces hacia el mar. Por todo eso hay que evitar los llamados 'espacios vacíos'. En esos lugares, como el Atlántico Sur, hay que tener presencia", dice uno de los tripulantes.
Los promotores de La Sanmartiniana tienen muy claro sus tareas. Cada uno asume su perfil. El impulsor del proyecto y jefe indiscutido es Julio Urien, el mayor de los dos, famoso en el peronismo por su decisión de sublevarse con un batallón de infantería de marina de la ex ESMA, que él dirigía, en noviembre de 1972. El objetivo de la rebelión, que terminó con 60 hombres detenidos y dados de baja, era apoyar el regreso de Perón. "Yo soy un marino del pueblo", se define Urien. Dos de aquellos infantes de la Armada, Mario Galli y Juan Tejerino, fueron secuestrados y desaparecidos luego del 24 de marzo de 1976. En 2005, Néstor Kirchner reincorporó a Urien a la Armada como teniente de fragata retirado. Aquel 17 de noviembre de 1972, mientras Perón regresaba al país tras 18 años de exilio, Sergio Scapini escuchó hablar por primera vez de Urien. Scapini, a quien sus amigos llaman "Pipa", estaba cruzando el río Matanza para recibir al General cuando le contaron que un marino llamado Urien se había alzado en la ESMA para garantizar el regreso de Perón. Desde entonces son amigos.
Urien y Scapini también fueron los impulsores de la primera expedición de La Sanmartiniana, de su presentación en sociedad. El velero, de tipo ketch según las clasificaciones de la náutica, tiene alrededor de 15 metros en su casco de acero, dos palos, motor Volvo, 12 cuchetas y dos baños. "Es un barco escuela oceánico. Ha recorrido los distintos mares del mundo. Ahora lo estamos acondicionando para el frío. Le tenemos que poner una chubasquera, porque había una timonera grande que estaba al descubierto. La tenemos que refaccionar. Lo estamos equipando con un equipo de comunicaciones", cuenta Urien. Su compañero lo escucha en silencio, le reconoce autoridad. "Acá, la voz de mando concreta la tiene como siempre Julio César Urien", asiente Scapini. Una de las tareas de 'Pipa' es, cada vez que el barco es visitado por chicos de escuelas o comedores populares, personificar al 'viejo lobo de mar', un experimentado marinero algo brusco que tiene un sueño: rescatar a la 'Lobita', otro personaje imaginario, que está "perdida en Malvinas". La primera travesía de La Sanmartiniana comenzó el 14 de marzo en la capital de Misiones, Posadas, desde donde iniciaron el descenso por el río Paraná hasta llegar al puerto de Dock Sud el 2 de abril. Pasaron ante la represa Yaciretá, vieron cómo las exclusas hacen bajar el agua 20 metros, a la noche siguiente sufrieron una tormenta eléctrica, casi encallan al ingresar al Río de la Plata en medio de una sudestada.
Las peripecias del recorrido por el Paraná hicieron florecer una amistad en una tripulación heterogénea, compuesta por cincuentones con experiencia en la náutica deportiva (Urien es patrón, una de las cuatro categorías de la actividad: se puede ser conductor náutico, timonel, patrón y piloto) y jóvenes militantes de La Cámpora, Movimiento Evita, Patria Grande, Descamisados, Quebracho y del Partido Liberal de Corrientes. Entre los tripulantes que pasaron por el velero hubo también afiliados de la UOM Villa Constitución y Quilmes y miembros de comunidades originarias de la etnia wichi. "Todos discutían y charlaban con respeto. Además, nosotros no tenemos camarotes, son todas cuchetas. Eran compañeros de todos lados. Y a la noche nos poníamos a charlar de política, de las problemáticas que veíamos", cuenta Urien. 
Los 15 días de navegación por el Paraná les permitieron, además, comprobar las dificultades y encrucijadas que sigue mostrando el país: en Goya, Corrientes, comprobaron cómo la mayoría de los vecinos –salvo los sectores privilegiados– no tienen acceso a la práctica de la náutica y viven en cierto modo "de espaldas" al río. Allí vieron de primera mano cómo el puerto, que corresponde al municipio, está fuera de uso a pesar de reunir todas las características para su funcionamiento. Mucho más abajo, en Entre Ríos, comprobaron con gomones cómo un empresario norteamericano que viene invirtiendo en las tierras del Iberá cerró una laguna para uso personal, impidiendo la pesca de los pobladores. La travesía fluvial también dejó en evidencia cómo la actividad portuaria está monopolizada por las cerealeras privadas, con el Estado al margen. "Los puertos nacionales están todos abandonados. Y los únicos que funcionan son los puertos privados de las grandes cerealeras", advierte Urien.
Urien y Scapini cuentan sus planes a Tiempo Argentino desde la mesa de un bar de San Telmo. El lugar elegido, no casualmente, es el famoso bar Británico, en Brasil y Defensa, frente al Parque Lezama. "Nuestra idea, con el viaje que vamos a iniciar en julio, es acompañar a la política del gobierno, que acaba de lanzar 'Pampa Azul' para incrementar la presencia científica, no militar, sobre nuestras riquezas del Atlántico Sur. A esa política, nosotros vamos a sumarle la presencia popular. Y lo haremos con la militancia, los jóvenes que tienen una conciencia nacional y popular. Para eso hay que prepararlos, entrenarlos. Así tendremos una presencia sobre los supuestos 'espacios vacíos'. Donde hay un argentino con conciencia nacional surcando por estos espacios, reafirmando una presencia, ya tenemos un hito de soberanía", subraya Urien. Para el punto final del recorrido, la Isla de los Estados, hoy deshabitada y convertida en una reserva ecológica, los tripulantes de La Sanmartiniana proponen convertirla en un centro de investigación científica y de recepción de jóvenes, acaso inspirada en Isla de la Juventud de Cuba. Sobre eso vienen conversando con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y la Universidad de Tierra del Fuego.
Tiempo argentino

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