Una relación signada por la subordinación que llegó a su máxima expresión con Menem
Publicado el 9 de Diciembre de 2010
Hasta el año 2005, fecha en la que el entonces presidente Néstor Kirchner canceló la deuda de U$S 9500 millones, la relación de los gobiernos argentinos con el Fondo Monetario Internacional estuvo marcada por el temor y el sojuzgamiento a las políticas de ajuste y de desnacionalización.
Las gestiones para que el país ingrese al Fondo se llevaron adelante el 19 de abril de 1956, durante la dictadura de Aramburu y Rojas. Un par de años después, el 29 de diciembre de 1958, Arturo Frondizi celebró a escondidas un convenio con el FMI, por el cual ofrendó el despido del 15% de los empleados públicos, aumentó las tarifas un 150%, subió el precio del petróleo y aplicó nuevos impuestos y recargos, entre otras cosas.
Sin embargo, este principio alcanzó su máxima expresión en la década de 1990, cuando el presidente Carlos Menem se fundió en un abrazo con el entonces titular del organismo, Michel Camdessus, y transformó al país en en el laboratorio de las políticas neoliberales que hoy se llevan adelante en los denominados países del Primer Mundo.
El 21 de setiembre de 1990, Menem definió su política de alianza matrimonial con Washington y el FMI. Entonces, Camdessus elogió la política económica que daría lugar a la convertibilidad, un plan económico que destruyó el aparato productivo y puso al sector financiero como cabeza del crecimiento. “El programa económico es de alta calidad y no abrigo dudas” respecto de su continuidad, dijo entonces Camdessus. Durante una entrevista que ofreció a un diario local, Camdessus recomendó más achicamiento del Estado y la apertura irrestricta de las importaciones que años después destruyó a la industria nacional. “La pobreza de este país es por no haber hecho el ajuste... La Argentina tiene todo para ganar con la competencia y la apertura”, señaló.
Desde entonces, el FMI elogió en numerosas ocasiones la política económica menemista e incluso la relación alcanzó un nivel de intimidad tal que daba cuenta de una afinidad ideológica total.
El 22 de agosto de 1994, cuando la Argentina crecía gracias al endeudamiento, el politólogo Atilio Borón envió una de las primeras advertencias. “Nadie creció con ajustes del FMI. No deja de ser una curiosa muestra del éxito el hecho de que las economía que se ‘sanean’ con la medicina neolbieral tengan más pobres que nunca y la deuda social crezca inconteniblemente”, disparó Borón durante una entrevista que le ofreció al matutino Clarín. Hasta el economista Milton Friedman recordó al diario La Nación, el 18 de diciembre de 1995, que “los consejos del Fondo son malos”. Pero la Alianza era inquebrantable. “El mejor presidente de los últimos 50 años es Carlos Menem”, dijo Camdessus a fines de 1998, cuando el país comenzaba a deshilacharse. El tibio radical Fernando De la Rúa continuó con ese proceso e incluso se apegó más en un intento desesperado por mantener la convertibilidad como eje central de su política económica.
“No abandonaremos la paridad”, rezó De la Rúa después que la jefa del Fondo, Anne Krueger, le advirtió que sería “malo” abandonar la convertibilidad. Después de varios espaldarazos del Fondo, la economía argentina se desbarrancó y se desató una crisis social sin precedentes. De la Rúa tuvo que dejar el poder escapándose en un helicóptero. <
Fuente: Tiempo Argentino.
**************************************************************************
Al FMI le importa muy poco lo que ocurra en cada país crítico, sólo le interesa cobrar la deuda y con creces, digo con creces porque a partir del momento del compromiso con el Fondo, éste "sugiere" políticas económicas depresivas y recesivas que terminan por destrozar al país en crisis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario