Una multitud se deslumbró con la voz de Plácido Domingo
Publicado el 25 de Marzo de 2011
El concierto del tenor en el Obelisco fue una fiesta inolvidable. “Estamos emocionados porque no se ve el final”, dijo el español, aludiendo a la multitud. Y salió a apoyar a los mismos artistas que Macri había llamado“cuasimafiosos”.
Hacía 13 que no cantaba en la Argentina. Hasta ayer, cuando en un concierto multitudinario y gratuito, organizado por la Fundación Beethoven y con el gobierno de la Ciudad como sponsor, se volvió a presentar el tenor de los tenores, Plácido Domingo, esta vez en el Obelisco.
Sentadas, 22 mil personas acompañaron la velada. Los organizadores calcularon que en la superficie de la avenida que va desde Córdoba y Cerrito hasta Corrientes había 100 mil personas. Por expreso pedido del cantante, el escenario fue montado mirando al norte para que se viera el teatro Colón, que está pasando por una crisis que tomó suficiente dimensión como para que las autoridades suspendieran la semana pasada la venta de los abonos para este año por no poder garantizar el desarrollo de la temporada.
A Domingo lo acompañaba una orquesta dirigida por el maestro Eugene Kohn, quien ha dirigido la Metropolitan Opera de Nueva York compuesta en su mayoría por los músicos del Colón, y de las orquestas Sinfónica Nacional y del Teatro Argentino de La Plata. En las voces, el coro, también del Colón, y la impactante soprano santafesina Virginia Tola –que no es la primera vez que canta con Domingo– fueron también de la inolvidable velada.
De traje negro, a las 20:15 hizo su ingreso el gran cantante, ante la ovación del público. Abajo, entre tantos, el empresario Cristiano Ratazzi, Gino Bogani, la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez. El coro del Colón abrió La Traviata, de Verdi. Luego Domingo cantó “O, souverain”, de la ópera El Cid, de Massenet.
“Estamos emocionados los artistas porque no se ve el final”, dijo el tenor, aludiendo a la multitud. “Siempre fue un sueño para mí dirigir la Orquesta del Colón, así que me van a permitir”, pidió permiso y con gran expresividad dirigió La forza del destino, de Giussepe Verdi. De modo que los artistas sancionados por el jefe de gobierno Mauricio Macri, quien los llamó “cuasimafiosos”, siguieron la batuta de Domingo, Director General de la Ópera Nacional de Wahington y de la Ópera de los Ángeles
Un dato de color sucedió cuando Plácido Domingo pidió esperar el paso de una ambulancia, antes de cantar con Virginia Tola. Los espectadores respondieron con sonrisas y aplausos.
Su voz gigantesca e inconfundible, se escuchó en respaldo de los trabajadores. “Las columnas del Teatro Colón son la orquesta y el coro”, dijo. “Pero son muchos más, una cantidad que sobrepasa las 900 personas. Todos ustedes tienen que estar ogullosos”, dijo. Antes, según fuentes de la fundación que patrocinó su visita, había besado el escenario del Colón durante un ensayo. Prometió regresar para celebrar los 40 años de su debut en el Coliseo argentino.
También hizo un llamado al “acuerdo” con las autoridades del Ente Autárquico Teatro Colón y el gobierno de la Ciudad. “Espero que todos los sindicatos, los 900 trabajadores se pongan de acuerdo con el teatro y con el gobierno que lo sostiene, para que el teatro pueda seguir adelante en esta temporada.”
El final quedó para músicas populares, boleros como “Júrame” y ciertos tangos. Cuando sonaron los bandoneones que anunciaron “Volver”, en esa Avenida 9 de Julio y con el Obelisco como testigo, a más de uno se le piantó un lagrimón. Domingo, al terminar, aplaudió como si fuese público.
En pose arrabalera, Virginia Tola se lució, primero como solista en “A media luz”, y luego a dúo con el maestro, al cantar “Mi Buenos Aires querido”. Al final de “Granada”, el locutor recordó el 24 de marzo, Día de la Memoria.
Para el cierre quedó el dueto con “El día que me quieras”, y un saludo que resumió el espíritu de la noche. Plácido Domingo, feliz, fue a buscar y llevó al escenario a sus dos pequeños nietos. Abajo, los pañuelos blancos de algunas Madres de Plaza de Mayo decían que también era su noche. <
Sentadas, 22 mil personas acompañaron la velada. Los organizadores calcularon que en la superficie de la avenida que va desde Córdoba y Cerrito hasta Corrientes había 100 mil personas. Por expreso pedido del cantante, el escenario fue montado mirando al norte para que se viera el teatro Colón, que está pasando por una crisis que tomó suficiente dimensión como para que las autoridades suspendieran la semana pasada la venta de los abonos para este año por no poder garantizar el desarrollo de la temporada.
A Domingo lo acompañaba una orquesta dirigida por el maestro Eugene Kohn, quien ha dirigido la Metropolitan Opera de Nueva York compuesta en su mayoría por los músicos del Colón, y de las orquestas Sinfónica Nacional y del Teatro Argentino de La Plata. En las voces, el coro, también del Colón, y la impactante soprano santafesina Virginia Tola –que no es la primera vez que canta con Domingo– fueron también de la inolvidable velada.
De traje negro, a las 20:15 hizo su ingreso el gran cantante, ante la ovación del público. Abajo, entre tantos, el empresario Cristiano Ratazzi, Gino Bogani, la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez. El coro del Colón abrió La Traviata, de Verdi. Luego Domingo cantó “O, souverain”, de la ópera El Cid, de Massenet.
“Estamos emocionados los artistas porque no se ve el final”, dijo el tenor, aludiendo a la multitud. “Siempre fue un sueño para mí dirigir la Orquesta del Colón, así que me van a permitir”, pidió permiso y con gran expresividad dirigió La forza del destino, de Giussepe Verdi. De modo que los artistas sancionados por el jefe de gobierno Mauricio Macri, quien los llamó “cuasimafiosos”, siguieron la batuta de Domingo, Director General de la Ópera Nacional de Wahington y de la Ópera de los Ángeles
Un dato de color sucedió cuando Plácido Domingo pidió esperar el paso de una ambulancia, antes de cantar con Virginia Tola. Los espectadores respondieron con sonrisas y aplausos.
Su voz gigantesca e inconfundible, se escuchó en respaldo de los trabajadores. “Las columnas del Teatro Colón son la orquesta y el coro”, dijo. “Pero son muchos más, una cantidad que sobrepasa las 900 personas. Todos ustedes tienen que estar ogullosos”, dijo. Antes, según fuentes de la fundación que patrocinó su visita, había besado el escenario del Colón durante un ensayo. Prometió regresar para celebrar los 40 años de su debut en el Coliseo argentino.
También hizo un llamado al “acuerdo” con las autoridades del Ente Autárquico Teatro Colón y el gobierno de la Ciudad. “Espero que todos los sindicatos, los 900 trabajadores se pongan de acuerdo con el teatro y con el gobierno que lo sostiene, para que el teatro pueda seguir adelante en esta temporada.”
El final quedó para músicas populares, boleros como “Júrame” y ciertos tangos. Cuando sonaron los bandoneones que anunciaron “Volver”, en esa Avenida 9 de Julio y con el Obelisco como testigo, a más de uno se le piantó un lagrimón. Domingo, al terminar, aplaudió como si fuese público.
En pose arrabalera, Virginia Tola se lució, primero como solista en “A media luz”, y luego a dúo con el maestro, al cantar “Mi Buenos Aires querido”. Al final de “Granada”, el locutor recordó el 24 de marzo, Día de la Memoria.
Para el cierre quedó el dueto con “El día que me quieras”, y un saludo que resumió el espíritu de la noche. Plácido Domingo, feliz, fue a buscar y llevó al escenario a sus dos pequeños nietos. Abajo, los pañuelos blancos de algunas Madres de Plaza de Mayo decían que también era su noche. <
Tiempo argentino
******************************************************************************************************
Gracias Flecha por haber traído este alto tema!!! Sinceramente fue un extremo placer ver a la voz máxima de la lírica, que con su simpleza y su maravillosa voz cautivó desde hace muchísimos años a todos los argentinos. Lo descubrí cuando era apenas una adolescente y reconozco que me sedujo de por vida, como lo hicieron Luciano Pavarotti, Alfredo Krauss y nuestro gran compatriota Darío Volonté.
Plácido es gran admirador de nuestro país, por cuanto ama profundamente a nuestro Gran Teatro Colón, el cual considero el mejor del mundo y sin discusión, así como también ha descubierto grandes figuras de la lírica como lo hiciera con Cecilia Díaz mezzo-soprano, entrerriana, conocida como "la Cármen criolla", con quien se luciera en algunas presentaciones; a Virginia Tola la había escuchado hace algún tiempo y sinceramente pasó a ser mi favorita, la voz de esta mujer es increible, desde que la descubri Julia Migenes pasó a segundo plano.
Lo destacable de este evento es que Plácido, desde que supo del conflicto de los músicos, siempre se manifestó en solidaridad con ellos, manifestándose así una vez más en el evento, que sumado a la grandeza de nuestros músicos, que pese a la problemática ya conocida, acompañaron al gran maestro e hicieran un espectáculo indiscutiblemente maravilloso. Sibaris.
No hay comentarios:
Publicar un comentario