Presentaron un amparo contra el cierre del servicio de zooterapia
Publicado el 15 de Julio de 2011
Funcionaba en el Parque Roca. Daba atención a niños y adolescentes con problemas neurológicos o discapacidad motora. En 2007 se resolvió que formara parte del sistema de salud, pero en octubre pasado fue desmantelado.
Unos 320 niños y adolescentes, pacientes neurológicos o con discapacidad motora perdieron la posibilidad de acceder a una terapia esencial en su rehabilitación, con el cierre del servicio de zooterapia que el sistema sanitario de la Ciudad de Buenos Aires tenía en funcionamiento, hasta que la administración macrista decidió desmantelarla.
El área tenía más de 17 años de antigüedad de atención gratuita y probada efectividad. Los padres de los pacientes presentaron dos recursos de amparo para que se restituyera el servicio y denuncian que, como consecuencia indirecta del cierre, murió uno de los pacientes. También señalaron que los funcionarios porteños, entre ellos el director de Salud Mental, Juan Garralda, estarían incurriendo en “incumplimiento de los deberes de funcionario público” y “abandono de persona”, entre otras. Los pacientes carecen hoy de esa atención complementaria.
El servicio funcionaba en un sector del Parque Roca, en el sur de la ciudad, bajo la coordinación de la psicóloga Elsa Szwarcman, que ostenta sendos masters en zooterapia y discapacidad. Fue por iniciativa de esta profesional que ya entonces formaba parte del personal de planta de salud en la Ciudad, que se comenzó a trabajar con perros entrenados en asistencia terapéutica. El servicio fue creciendo paulatinamente con la ayuda de los padres que veían los progresos en sus hijos y la tenacidad –y en casos, el dinero– de Szwarcman. Recién entró a la formalidad del sistema de salud en 2007, con la Resolución 1068 del Ministerio de Salud porteño, por esos días encabezado por el ex director del Hospital Argerich, Donato Spacavento.
“Al principio trabajábamos en un lugar abierto, sólo teníamos un vestuario. Se terminó de construir recién en 2006, pero a partir de 2007 comenzaron los problemas. Lo primero que nos sacaron fue la camioneta con la que trasladábamos a los perros”, explicó Szwarcman a Tiempo Argentino.
El gobierno porteño dispuso el cierre definitivo en octubre del año pasado, sin aviso previo a los pacientes y sin disponer su traslado a otros centros que pudieran brindar una asistencia similar. Fue el caso de Noelia Moreno Olmedo, una chica de 14 años con múltiples patologías neurológicas, a quien la terapia con perros ayudó a recuperar estímulos perdidos, según contó su madre, Susana Olmedo: “Los perros le enseñaron a estar sentada, a pararse y caminar. El chico recibe una terapia que no es la del frío hospital, y la familia también la recibe.”
Una respuesta del Ministerio de Salud al pedido de reapertura fue que había otros efectores que brindaban ese tipo de servicio como los hospitales Borda y Tobar García. Para la psicóloga y los padres de pacientes, estos centros “no cuentan con el servicio que se ofrecía” en el Parque Roca.
Según denunció Szwarcman, la respuesta a su reclamo fue recibir “amenazas”, “teléfonos pinchados” y “acusaciones falsas” sobre su desempeño en el servicio. Hoy, el edificio donde funcionaba tiene un candado en la puerta y los pastos crecidos alrededor denotan su abandono. “Los papás trataron de acercarse al servicio, y cuando llegaban a la entrada del parque y decían que iban a zooterapia, no los dejaban entrar. Dos entraron por las famosas playitas y al llegar a la puerta, los detuvo un vehículo de la Policía Federal y los sacó por la fuerza”, relató Szwarcman. Los niños y adolescentes que se atendían dejaron de recibir ese tratamiento y a Szwarcman le “impiden atender a ningún paciente que haya sido del servicio de zooterapia, con o sin perros”.
La profesional, sin embargo, trasladó su experiencia y sus animales al centro La Torcacita, de Parque Leloir, en Ituzaingó, pero sus antiguos pacientes no pueden llegar por la lejanía. Se trata, en muchos casos, de familias de condición humilde, que habían encontrado en este servicio público una terapia que suele ser privada y costosa. Esta falta de contacto ocasionó la muerte indirecta de un chico. Szwarcman explicó que este paciente padecía una deformación del diafragma, por lo que debía someterse con regularidad a una succión de la mucosidad acumulada en los pulmones. “Por mi trabajo en salud, ayudaba a conseguir los turnos en hospitales rápidamente, pero cuando se cerró el servicio perdí contacto con la mamá, cuando tuvo que aspirarse estuvo cuatro meses esperando turno, tuvo una infección y no llegó”, explicó Szwarcman.
El área tenía más de 17 años de antigüedad de atención gratuita y probada efectividad. Los padres de los pacientes presentaron dos recursos de amparo para que se restituyera el servicio y denuncian que, como consecuencia indirecta del cierre, murió uno de los pacientes. También señalaron que los funcionarios porteños, entre ellos el director de Salud Mental, Juan Garralda, estarían incurriendo en “incumplimiento de los deberes de funcionario público” y “abandono de persona”, entre otras. Los pacientes carecen hoy de esa atención complementaria.
El servicio funcionaba en un sector del Parque Roca, en el sur de la ciudad, bajo la coordinación de la psicóloga Elsa Szwarcman, que ostenta sendos masters en zooterapia y discapacidad. Fue por iniciativa de esta profesional que ya entonces formaba parte del personal de planta de salud en la Ciudad, que se comenzó a trabajar con perros entrenados en asistencia terapéutica. El servicio fue creciendo paulatinamente con la ayuda de los padres que veían los progresos en sus hijos y la tenacidad –y en casos, el dinero– de Szwarcman. Recién entró a la formalidad del sistema de salud en 2007, con la Resolución 1068 del Ministerio de Salud porteño, por esos días encabezado por el ex director del Hospital Argerich, Donato Spacavento.
“Al principio trabajábamos en un lugar abierto, sólo teníamos un vestuario. Se terminó de construir recién en 2006, pero a partir de 2007 comenzaron los problemas. Lo primero que nos sacaron fue la camioneta con la que trasladábamos a los perros”, explicó Szwarcman a Tiempo Argentino.
El gobierno porteño dispuso el cierre definitivo en octubre del año pasado, sin aviso previo a los pacientes y sin disponer su traslado a otros centros que pudieran brindar una asistencia similar. Fue el caso de Noelia Moreno Olmedo, una chica de 14 años con múltiples patologías neurológicas, a quien la terapia con perros ayudó a recuperar estímulos perdidos, según contó su madre, Susana Olmedo: “Los perros le enseñaron a estar sentada, a pararse y caminar. El chico recibe una terapia que no es la del frío hospital, y la familia también la recibe.”
Una respuesta del Ministerio de Salud al pedido de reapertura fue que había otros efectores que brindaban ese tipo de servicio como los hospitales Borda y Tobar García. Para la psicóloga y los padres de pacientes, estos centros “no cuentan con el servicio que se ofrecía” en el Parque Roca.
Según denunció Szwarcman, la respuesta a su reclamo fue recibir “amenazas”, “teléfonos pinchados” y “acusaciones falsas” sobre su desempeño en el servicio. Hoy, el edificio donde funcionaba tiene un candado en la puerta y los pastos crecidos alrededor denotan su abandono. “Los papás trataron de acercarse al servicio, y cuando llegaban a la entrada del parque y decían que iban a zooterapia, no los dejaban entrar. Dos entraron por las famosas playitas y al llegar a la puerta, los detuvo un vehículo de la Policía Federal y los sacó por la fuerza”, relató Szwarcman. Los niños y adolescentes que se atendían dejaron de recibir ese tratamiento y a Szwarcman le “impiden atender a ningún paciente que haya sido del servicio de zooterapia, con o sin perros”.
La profesional, sin embargo, trasladó su experiencia y sus animales al centro La Torcacita, de Parque Leloir, en Ituzaingó, pero sus antiguos pacientes no pueden llegar por la lejanía. Se trata, en muchos casos, de familias de condición humilde, que habían encontrado en este servicio público una terapia que suele ser privada y costosa. Esta falta de contacto ocasionó la muerte indirecta de un chico. Szwarcman explicó que este paciente padecía una deformación del diafragma, por lo que debía someterse con regularidad a una succión de la mucosidad acumulada en los pulmones. “Por mi trabajo en salud, ayudaba a conseguir los turnos en hospitales rápidamente, pero cuando se cerró el servicio perdí contacto con la mamá, cuando tuvo que aspirarse estuvo cuatro meses esperando turno, tuvo una infección y no llegó”, explicó Szwarcman.
Tiempo argentino
No hay comentarios:
Publicar un comentario