A la búsqueda de los violentos
Publicado el 18 de Octubre de 2011
El gobierno italiano aprovechó los incidentes provocados por una minoría en la marcha mundial de los indignados, para lanzar ayer una andanada de razias contra lo que llamó “el ámbito del movimiento anarquista insurreccional” y hasta las barras bravas más belicosas del calcio. Cobijado por la decisión del gobierno central de lanzarse a la cacería de los manifestantes en Roma, Nápoles, Milán y otras ciudades, el alcalde romano, Gianni Alemanno, aprovechó para anunciar que, desde ayer y por un mes, “quedan prohibidas las marchas en el centro histórico” de la capital.
Cientos de policías realizaron decenas de allanamientos “en busca de explosivos y alguna pista que nos permita llegar a los revoltosos”, según explicó el ministro del Interior, Roberto Maroni, pero aparentemente no lograron sumar ningún detenido a los 12 apresados el sábado, y para quienes la fiscalía pidió penas que pueden ir de los tres a los 15 años de prisión.
Mientras, Portugal estimaba que su tasa de desempleo saltará en 2012 a por lo menos el 14% y la multinacional holandesa Philips anunciaba para el próximo año el despido de 4500 trabajadores, la Unión Europea (UE), el gobierno alemán y el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, entre tantos, señalaban que hay que prestarle atención a la protesta global. Lo hacían el mismo día que el movimiento “Ocupemos Wall Street” cumplía un mes de existencia, en pleno crecimiento en todo los Estados Unidos.
Visiblemente conmovidos por las marchas del sábado, los presidentes del Consejo Europeo (Herman Van Rompuy) y de la Comisión Europea (José Manuel Durão Barroso), señalaban en Bruselas que la UE sigue defendiendo y proponiendo los ajustes como vía hacia el crecimiento, pero reconocían por primera vez la “legitimidad” del movimiento indignado y anunciaban que propondrían medidas contra la “irresponsabilidad” del sector financiero. En consonancia con las máximas instancias de la UE, el gobierno alemán expresó su “comprensión” hacia las protestas contra el sector financiero pero no fue tan lejos, como Van Rompuy y Barroso.
Cientos de policías realizaron decenas de allanamientos “en busca de explosivos y alguna pista que nos permita llegar a los revoltosos”, según explicó el ministro del Interior, Roberto Maroni, pero aparentemente no lograron sumar ningún detenido a los 12 apresados el sábado, y para quienes la fiscalía pidió penas que pueden ir de los tres a los 15 años de prisión.
Mientras, Portugal estimaba que su tasa de desempleo saltará en 2012 a por lo menos el 14% y la multinacional holandesa Philips anunciaba para el próximo año el despido de 4500 trabajadores, la Unión Europea (UE), el gobierno alemán y el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, entre tantos, señalaban que hay que prestarle atención a la protesta global. Lo hacían el mismo día que el movimiento “Ocupemos Wall Street” cumplía un mes de existencia, en pleno crecimiento en todo los Estados Unidos.
Visiblemente conmovidos por las marchas del sábado, los presidentes del Consejo Europeo (Herman Van Rompuy) y de la Comisión Europea (José Manuel Durão Barroso), señalaban en Bruselas que la UE sigue defendiendo y proponiendo los ajustes como vía hacia el crecimiento, pero reconocían por primera vez la “legitimidad” del movimiento indignado y anunciaban que propondrían medidas contra la “irresponsabilidad” del sector financiero. En consonancia con las máximas instancias de la UE, el gobierno alemán expresó su “comprensión” hacia las protestas contra el sector financiero pero no fue tan lejos, como Van Rompuy y Barroso.
Tiempo argentino
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