24 de octubre de 2011

Magnetto’s dream



Publicado el 24 de Octubre de 2011



Parecía que el amanecer no había llegado. Nunca había visto que durante tantas horas la autopista de nubes grises convirtiera en noche el día. Los reportes de dificultades le llegaban de todas partes. Habían caído ya más de 200 milímetros, los barrios humildes estaban inaccesibles en todos los grandes centros urbanos y varias medidas de fuerza ponían en jaque la marcha del comicio. De Angeli y su gente mantenían los cortes en las rutas aun a pesar de la lluvia. El Puente Pueyrredón y la Panamericana también estaban cortados y desde Uruguay, el ex presidente Tabaré Vazquez anticipaba “el fin del régimen kirch-nerista” en la vecina orilla. Uno a uno, los principales dirigentes opositores hacían sonar su celular para brindarle su reporte. Sólo atendía a unos pocos de ellos. Los que no tenían la suerte de escuchar su voz, le enviaban mensajes de texto celebrando la segura victoria de la alianza opositora “Todos Nosotros”. Sonrió para sí. El nombre había sido todo un hallazgo, idea de uno de los principales dirigentes que abandonó el kirchnerismo a partir del conflicto del campo. Miró el escritorio. Allí estaba la lapicera con la que había armado las listas. Fue sorprendente comprender que eso era lo que tenía que hacer: darles órdenes aun más directas, decirle a cada uno qué lugar iba a ocupar y qué tenía que hacer. Uno de los mensajes recientes era de Ricardo Alfonsín, que le agradecía que lo hubiera puesto de candidato a intendente en Chascomús, donde los boca de urna lo daban ganador seguro.
Como si tantas buenas noticias fueran pocas, la presidenta fue abucheada y agredida cuando concurrió a votar en Río Gallegos. En Palermo y Barrio Norte, los paraguas amarillos con el logo de TN cobijaban a los votantes en el cumplimiento de su deber cívico. “Ya está todo preparado para copar la plaza.” El tweet de Mauricio lo llenó de felicidad. Esta vez los movimientos sociales no podrían desalojarlos  y la fiesta de Todos Nosotros duraría hasta la madrugada. Se disponía a responderle cuando la alarma sonó. 
Héctor Magnetto despertó y se sentó de golpe en la cama. Miró hacia la ventana acariciada por una resolana tibia. El reloj marcaba las ocho y media de la mañana. Se tocó el pecho. No sabía si tenía acidez o si era la molestia de darse cuenta que todo había sido un sueño. Ya ni el servicio meteorológico le respondía como en otras épocas. Volvió a acostarse, se tapó la cabeza y cerró los ojos. Pero no consiguió volver a dormirse. 
Tiempo Argentino.

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