Dos hermanos y el cuñado de María Marta, presos por encubrimiento
Publicado el 5 de Noviembre de 2011
La pena más alta, de cinco años de prisión, fue para Guillermo Bártoli. Hubo llantos y tensión durante la lectura del fallo. Luego, la presidenta del tribunal ordenó desalojar la sala. Los detenidos fueron trasladados a la DDI de San Isidro.
Guillermo Bártoli lo anticipó antes de entrar a la sala de audiencias: “Es probable que me condenen y que hoy quede detenido.” Su predicción se hizo realidad. Los jueces del Tribunal Oral Nº 1 de San Isidro resolvieron por unanimidad condenarlo a cinco años de prisión por el encubrimiento del crimen de su cuñada, María Marta García Belsunce. Los dos hermanos de la víctima, Horacio García Belsunce (h) y John Hurtig, recibieron penas de cuatro y tres años y medio de cárcel respectivamente. El vecino del country Carmel Sergio Binello y el primer médico que asistió a la escena del crimen, Juan Ramón Gauvry Gordon, fueron sentenciados a tres años. La sorpresa del día fue que todos quedaron detenidos.
La espera del veredicto fue larga y ningún funcionario judicial explicó por qué. El comienzo de la lectura del fallo estaba programado para las 13 pero recién empezó dos horas y media más tarde. Horacio García Belsunce llegó temprano y se sentó en un bar frente de los Tribunales a tomar un café con su mujer y sus hijos. Bártoli y su mujer, Irene Hurtig, llegaron cerca de las 13:30. Poco después lo hicieron Binello y John Hurtig. A todos se los notaba abatidos antes de entrar por última vez a la sala del juicio.
Los Belsunce estuvieron acompañados por medio centenar de parientes y amigos, entre los que había muchos jóvenes. No todos ellos pudieron ingresar a la sala de audiencias. La mayoría se tuvo que conformar con ver y escuchar el veredicto a través de un televisor LCD que fue instalado en uno de los pasillos del entrepiso. Irene Hurtig eligió ese lugar para seguir la suerte de su marido y sus hermanos. María Laura García Belsunce, que pese a los años sigue siendo un calco de su hermana muerta, decidió entrar para estar junto a sus sobrinos.
Los jueces María Elena Márquez, Ariel Introzzi Truglia y Alberto Ortolani ocuparon sus lugares en el estrado minutos después de las 15:30. Márquez tomó la palabra y aclaró que sólo se iba a leer la parte dispositiva de la sentencia porque “la causa es muy voluminosa y es imposible leer los fundamentos”. Luego advirtió al público que el tribunal no iba a tolerar nada que alterara el orden en la sala y dijo que ya había una ambulancia preparada ante cualquier eventualidad. Bártoli y Horacio García Belsunce quedaron de espaldas al público. Binello, sentado a unos metros de ellos, parecía en trance. Mientras, John Hurtig conversaba con Gauvry Gordon. La que más cerca estaba de los jueces, aislada del resto de los acusados, era la masajista Beatriz Michelini.
El secretario del tribunal despejó las dudas pronto: primero anunció la absolución de la masajista, que no había sido acusada por la fiscal Laura Zyseskind, y luego las condenas de los otros acusados. Los llantos apagados de los hijos de Bártoli y John Hurtig comenzaron a escucharse. Pero faltaba el monto de las penas. La del cuñado de María Marta quedó para el final. Entonces, los llantos y sollozos se hicieron muy evidentes.
Pero todavía no habían escuchado lo peor. Eso llegó segundos después. El tribunal por mayoría –votos a favor de Márquez e Introzzi Truglia– dispuso el inmediato arresto de los cinco condenados y el traslado a la DDI de San Isidro. En ese momento, la jueza ordenó que los familiares desalojaran la sala y la tensión absorbió cada recodo del recinto. John Hurtig se paró y les dijo a sus hijos: “Calma, chicos.” Eso le costó un reproche de la presidenta del tribunal. “Señor Hurtig, le ordeno que se siente”, le espetó. El hijo menor de Bártoli se abrazó a su padre. Lloraba y no quería soltarlo. Un policía lo tomó para obligarlo a salir. “Sólo nos estamos despidiendo. ¿Por qué no me torturan también?”, gritó el cuñado de María Marta.
Adentro, no hubo mucho más: el tribunal pidió que se investigue a Michael Hamilton Taylor, vecino del Carmel y amigo del viudo Carlos Carrascosa, también por encubrimiento vinculado a la gestión del certificado de defunción falso, y luego obligaron a la prensa a salir de la sala, ya que el abogado de Horacio García Belsunce, Adrián Murcho, pidió que los condenados no fueran observados y filmados mientras los esposaba la policía. Las defensas anticiparon que el lunes presentaran habeas corpus para tratar de que la estadía de sus clientes en prisión sea lo más corta posible.
Afuera de la sala, parecía un velorio. Los familiares lloraban y se abrazaban entre sí. Irene Hurtig fue la única que decidió hablar con los periodistas (ver aparte). María Laura García Belsunce y Nora “Pichi” Taylor –amiga de María Marta y sobreseída hace años en la causa– optaron por el silencio. Una de las más desconsoladas era la mujer de Horacio García Belsunce.
UN LARGO CAMINO. María Marta García Belsunce murió el 27 de octubre de 2002. Pero el crimen recién se descubrió un mes y medio después. Lo que pasó esa tarde lluviosa de domingo y a la mañana siguiente –la del lunes 28– fueron las claves para que la mujer fuera enterrada como si se hubiera matado en un accidente doméstico. El Tribunal Oral Nº 6 de San Isidro primero y el Nº 1, ahora consideraron que en esas horas la familia realizó una serie de maniobras tendientes a encubrir el crimen. Es por eso que el viudo fue hallado culpable de ese delito en 2009, aunque luego Casación revocó el fallo y lo condenó por homicidio. La realización de ambos juicios sufrió demoras y el proceso fue lento debido a distintas chicanas y maniobras de las defensas de los Belsunce.
Ahora, los jueces establecieron que “ha quedado acreditado que los imputados han mentido, que se han eliminado pruebas, que se ocultó la verdad cuando la Policía y el fiscal de la causa (Diego Molina Pico) llegaron al lugar del hecho, y que incluso, en relación con la primera, se la intentó detener –lográndose el cometido– cuando acudía a tomar intervención”, afirmó en su voto el juez Ortolani. “Todas estas realidades, analizadas en su conjunto, nos conducen a una única verdad: aquí se ha encubierto un homicidio, y créanme que para ello, no se ha escatimado esfuerzo alguno”, añadió el magistrado en su fallo.
Pese a que la familia insiste en que son víctimas de un complot judicial, y siguen señalando a un vecino del country como el posible asesino, el crimen de María Marta ya tiene seis personas tras las rejas, el viudo por matarla y los otros cinco por encubrirlo. Ahora restan saber dos cosas. ¿Quiénes estuvieron junto a Carrascosa en el momento en que las seis balas salieron del revólver calibre 32? Y la pregunta fundamental, ¿por qué la mataron?
La espera del veredicto fue larga y ningún funcionario judicial explicó por qué. El comienzo de la lectura del fallo estaba programado para las 13 pero recién empezó dos horas y media más tarde. Horacio García Belsunce llegó temprano y se sentó en un bar frente de los Tribunales a tomar un café con su mujer y sus hijos. Bártoli y su mujer, Irene Hurtig, llegaron cerca de las 13:30. Poco después lo hicieron Binello y John Hurtig. A todos se los notaba abatidos antes de entrar por última vez a la sala del juicio.
Los Belsunce estuvieron acompañados por medio centenar de parientes y amigos, entre los que había muchos jóvenes. No todos ellos pudieron ingresar a la sala de audiencias. La mayoría se tuvo que conformar con ver y escuchar el veredicto a través de un televisor LCD que fue instalado en uno de los pasillos del entrepiso. Irene Hurtig eligió ese lugar para seguir la suerte de su marido y sus hermanos. María Laura García Belsunce, que pese a los años sigue siendo un calco de su hermana muerta, decidió entrar para estar junto a sus sobrinos.
Los jueces María Elena Márquez, Ariel Introzzi Truglia y Alberto Ortolani ocuparon sus lugares en el estrado minutos después de las 15:30. Márquez tomó la palabra y aclaró que sólo se iba a leer la parte dispositiva de la sentencia porque “la causa es muy voluminosa y es imposible leer los fundamentos”. Luego advirtió al público que el tribunal no iba a tolerar nada que alterara el orden en la sala y dijo que ya había una ambulancia preparada ante cualquier eventualidad. Bártoli y Horacio García Belsunce quedaron de espaldas al público. Binello, sentado a unos metros de ellos, parecía en trance. Mientras, John Hurtig conversaba con Gauvry Gordon. La que más cerca estaba de los jueces, aislada del resto de los acusados, era la masajista Beatriz Michelini.
El secretario del tribunal despejó las dudas pronto: primero anunció la absolución de la masajista, que no había sido acusada por la fiscal Laura Zyseskind, y luego las condenas de los otros acusados. Los llantos apagados de los hijos de Bártoli y John Hurtig comenzaron a escucharse. Pero faltaba el monto de las penas. La del cuñado de María Marta quedó para el final. Entonces, los llantos y sollozos se hicieron muy evidentes.
Pero todavía no habían escuchado lo peor. Eso llegó segundos después. El tribunal por mayoría –votos a favor de Márquez e Introzzi Truglia– dispuso el inmediato arresto de los cinco condenados y el traslado a la DDI de San Isidro. En ese momento, la jueza ordenó que los familiares desalojaran la sala y la tensión absorbió cada recodo del recinto. John Hurtig se paró y les dijo a sus hijos: “Calma, chicos.” Eso le costó un reproche de la presidenta del tribunal. “Señor Hurtig, le ordeno que se siente”, le espetó. El hijo menor de Bártoli se abrazó a su padre. Lloraba y no quería soltarlo. Un policía lo tomó para obligarlo a salir. “Sólo nos estamos despidiendo. ¿Por qué no me torturan también?”, gritó el cuñado de María Marta.
Adentro, no hubo mucho más: el tribunal pidió que se investigue a Michael Hamilton Taylor, vecino del Carmel y amigo del viudo Carlos Carrascosa, también por encubrimiento vinculado a la gestión del certificado de defunción falso, y luego obligaron a la prensa a salir de la sala, ya que el abogado de Horacio García Belsunce, Adrián Murcho, pidió que los condenados no fueran observados y filmados mientras los esposaba la policía. Las defensas anticiparon que el lunes presentaran habeas corpus para tratar de que la estadía de sus clientes en prisión sea lo más corta posible.
Afuera de la sala, parecía un velorio. Los familiares lloraban y se abrazaban entre sí. Irene Hurtig fue la única que decidió hablar con los periodistas (ver aparte). María Laura García Belsunce y Nora “Pichi” Taylor –amiga de María Marta y sobreseída hace años en la causa– optaron por el silencio. Una de las más desconsoladas era la mujer de Horacio García Belsunce.
UN LARGO CAMINO. María Marta García Belsunce murió el 27 de octubre de 2002. Pero el crimen recién se descubrió un mes y medio después. Lo que pasó esa tarde lluviosa de domingo y a la mañana siguiente –la del lunes 28– fueron las claves para que la mujer fuera enterrada como si se hubiera matado en un accidente doméstico. El Tribunal Oral Nº 6 de San Isidro primero y el Nº 1, ahora consideraron que en esas horas la familia realizó una serie de maniobras tendientes a encubrir el crimen. Es por eso que el viudo fue hallado culpable de ese delito en 2009, aunque luego Casación revocó el fallo y lo condenó por homicidio. La realización de ambos juicios sufrió demoras y el proceso fue lento debido a distintas chicanas y maniobras de las defensas de los Belsunce.
Ahora, los jueces establecieron que “ha quedado acreditado que los imputados han mentido, que se han eliminado pruebas, que se ocultó la verdad cuando la Policía y el fiscal de la causa (Diego Molina Pico) llegaron al lugar del hecho, y que incluso, en relación con la primera, se la intentó detener –lográndose el cometido– cuando acudía a tomar intervención”, afirmó en su voto el juez Ortolani. “Todas estas realidades, analizadas en su conjunto, nos conducen a una única verdad: aquí se ha encubierto un homicidio, y créanme que para ello, no se ha escatimado esfuerzo alguno”, añadió el magistrado en su fallo.
Pese a que la familia insiste en que son víctimas de un complot judicial, y siguen señalando a un vecino del country como el posible asesino, el crimen de María Marta ya tiene seis personas tras las rejas, el viudo por matarla y los otros cinco por encubrirlo. Ahora restan saber dos cosas. ¿Quiénes estuvieron junto a Carrascosa en el momento en que las seis balas salieron del revólver calibre 32? Y la pregunta fundamental, ¿por qué la mataron?
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