5 de diciembre de 2011

BOCA CAMPEÓN

Boca Unidos, jamás será vencido

Publicado el 5 de Diciembre de 2011

DECILO, ROMÁN. Boca goleó 3-0 a Banfield y Riquelme, quien fue al banco pese a la lesión y entró al final, lo dijo. En La Boca hubo fiesta completa y dedicatoria especial. ¿Para quién?
 
Riquelme iba caminando con sus dos nenes en los brazos, cuando se frenó a mirar lo que pasaba alrededor. Sonrió. “Este torneo se vive mucho más incluso que el de 2008 porque estamos bien y en ese momento, no. Boca necesitaba reencontrarse con la alegría y se llenó la cancha para venir a disfrutar de una mesa que estaba servida”, dijo, con la felicidad del fondo de su ser, y la sonrisa de nene. 
La fiesta explotó por todos lados. Había sonrisas, mezcladas con risas. Las camisetas de Boca Unidos en el cielo llegaban tan altas como las palmas por el ingreso del ídolo que lideró el equipo. Banderas con una B grande como el invicto que acumula este equipo y que se entrelazaban mientras las revoleaban. Un telón que tapaba dos bandejas: todos los que estaban ahí ya sabían que Boca iba a festejar. Y era difícil que no fuera ayer, con fiesta, goles y más risas porque River está en la B y perdió contra el Boca de esa categoría. 
Con el segundo de Cvitanich, sonó el “Dale Campeón” con todas sus acepciones y sus variantes que ya nunca paró. El partido fue una excusa para festejar y esperar esa vuelta de Román, aunque fuera en una pata. Todos sabían que sin él no estaba completa la fiesta. Se gritó como un gol. O incluso fue más celebrado que el tercero de Rivero. De yapa, le dieron la cinta. 
“Un minuto de silencio, para River que está muerto”. Shhhhh. La vuelta olímpica ya comenzó. Caminando, como el andar de Boca en el torneo. Así lo ganó, así lo festejó. No le hizo falta dedicarle el 100% de la concentración y de la energía al torneo. El hincha se pudo divertir ayer a la mañana, cuando se levantó temprano y se fue directo a un negocio de ropa deportiva. “¿Tenés la de Boca Unidos?”, preguntaban con socarrona sonrisa. El torneo de Primera estaba ganado y lo del sábado fue un regalo que mandaron los primos. 
Tanto le sobró que no precisó de su mejor jugador, de su figura, de su estrella en las últimas nueve fechas. Riquelme descansó 49 días y se infiltró para saltar a la cancha a los 19 minutos del segundo tiempo. En los seis partidos que no jugó, Boca mantuvo su rol de imbatible. “Somos campeones otra vez”, dijo el armador con toda su calma y su misma sonrisa con la que levantó la Copa al ritmo del “Dale Bo”, que sonaba de fondo. 
Por esa valla (casi) invencible que persigue otro récord, por ese once que no salía de memoria porque en el fútbol hay lesiones. Por ese arquero y la línea de cuatro que evitaba los goles rivales y le decía a quien estuviera delante: “Ustedes tranquilos, algún golcito van a meter y por acá no pasarán.” Eso escucharon Chávez, Blandi, Viatri, Mouche, Colazo en su momento y algún otro que saltó a la cancha. 
El grupo festejó unido y se tiró de cabeza a la tribuna que da al Riachuelo en la tradicional palomita que nació con el Boca de Bianchi. Ese equipo al que se le animan a perseguirle el récord de 40 partidos invicto. Vaya uno a saber qué más intentarán igualar. 
“Campeón es el equipo, lo demostramos todo el campeonato”, dijo Pochi Chávez con su nena encima en la mitad de la cancha. Es el discurso que se repite en todos lados. Nada que ver con lo que le sucedía hace seis meses, cuando terminó séptimo, con 28 puntos y 20 goles en contra. Y hasta River estaba en Primera. 
No había un lugar libre en La Bombonera. Cuando levantaban los brazos para gritar, abrazarse o saludar a estos jugadores, no quedaba ni un centímetro sin cubrir. Si alguien había dicho que Boca no era un campeón con todas las letras, hoy se demostró lo contrario, al menos en la fiesta de adentro para afuera y viceversa. Pocos habían salido campeones en la mismísima cancha de Brandsen 805.
Falcioni lo había hecho con Banfield. La de ayer era distinta. Por eso se puso a un costado de los jugadores, como durante los partidos y los miró con los brazos en la cintura. En su cara había una combinación de llanto, transpiración y humo de el cigarrillo que se permitió fumar. Lo miraba a Cvitanich, que decía que “esto no lo imaginé nunca”. 
Hay fuego en todos lados. De la gente, de los jugadores, de los artificiales. Habían pasado tres años de su último título y había sido de visitante. Ahora, los pasó por arriba a todos. Y, lo mejor para Boca y malo para los demás, es que esto parece ser sólo el inicio. <
La camiseta
51 fue el número de la camiseta del festejo. Representa los títulos del club, contando 6 amateur, la Copa Argentina, el Clausura 91 y la Copa de Honor.
Invicto 
27 partidos acumula sin derrotas el Boca de Falcioni. En este torneo, ganó once y empató seis y en el Clausura tuvo cuatro victorias y seis igualdades.
La mancha de la fiesta
Lo que terminó en una fiesta redonda empezó siendo una tarde accidentada, con corridas, gases lacrimógenos y la intervención de la Policía para cerrar los accesos y evitar que a la Bombonera ingresaran aun más hinchas de los que desbordaron el estadio. Muchos hinchas que no tenían tickets ni carnets de socios saltaron molinetes y eludieron los controles para no perderse la fiesta y estar en al vuelta olímpica. La cancha lució desbordada, incluso con más gente de la que albergó el día del retiro de Martín Palermo, en la anteúltima fecha del Clausura. Un problema que a Boca puede traerle consecuencias.
Frases de campeón
Rolando Schiavi. “Sabía que con mi vuelta me jugaba mucho porque Boca estaba complicado. Cuando llegué, les dije a los chicos que venía para ser campeón. Esta alegría es para la gente que venía sufriendo mucho.
Tiempo argentino

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