Presión oficial para evitar el cierre de AGFA
Publicado el 3 de Febrero de 2012
El gobierno nacional está buscando alternativas creativas para evitar el cierre de la planta que AGFA Gevaert tiene en la localidad bonaerense de Florencio Varela, con el propósito de impedir el desmantelamiento de la única fábrica de películas radiológicas de América Latina.
A fines de agosto y principios de septiembre, la dirección de la AGFA Gevaert Argentina informó a los empleados que la casa matriz en Bélgica había tomado la determinación de “deslocalizar” la planta en la Argentina para centralizar la producción en Europa y reducir costos.
A partir de entonces, la empresa inició un proceso encaminado a crear las condiciones para bajar las persianas.
Con el asesoramiento del abogado Eduardo Viñales, del Estudio Funes de Rioja, AGFA abrió un plan de “retiros voluntarios” y le sugirió al personal que adhiera recordándole que para la empresa la decisión de abandonar la Argentina era “irrevocable”.
Tiempo Argentino se puso en contacto con Viñales, quien se negó a dar precisiones al respecto.
En muy poco tiempo, la plantilla de personal de AGFA Argentina se redujo de más de 230 personas a 147, el último número antes que empezaran las vacaciones de enero.
Desde entonces, la preocupación, el malestar y la bronca se adueñaron de la planta. El objetivo confeso de la empresa consiste, justamente, en sustituir la fabricación argentina con productos hechos en Europa.
“La quieren cerrar porque como ellos están en crisis en Europa, nos quieren trasladar el problema a nosotros”, explica con un dejo de indignación, Alejandro Zárate, uno de los delegados que integran la Comisión Gremial interna de la empresa.
Según confirmó Zárate, el promedio de antigüedad laboral del personal oscila en los 16 años y la mayoría de ellos residen en las zonas aledañas a la planta. Sin embargo, la pérdida de los puestos de trabajo no es la única preocupación. Por sus características, la planta de AGFA en Florencio Varela es única en América Latina. Tiene una superficie de 32 mil m² y pese a que se terminó de construir en 1952 es la más importante de la región porque abastece de placas radiográficas, películas para impresión de diarios y revistas y rollos y papeles fotográficos a toda Latinoamérica.
También le vende estos productos a China, Sudáfrica y la India, entre otros países. De hecho, antes que empezara el proceso de cierre exportaba casi el 90% de su producción.
Además, AGFA Gevaert cumple con todos los estándares de calidad internacionales. En los últimos años obtuvo la Certificación ISO 9001 (Calidad), la ISO 14001 (Medio Ambiente), la certificación OHSAS 18001 (salud y seguridad ocupacional). Lleva más de ocho años sin accidentes laborales con pérdidas de día.
Es decir, que si AGFA Argentina cierra también la Argentina se transformaría en “importadora dependiente” de material fotosensible dedicado a la imagen y quedaría rezagada en un mercado clave por su alta complejidad y valor agregado. A partir del anuncio del cierre, previsto inicialmente para los primeros días de noviembre del año pasado, los delegados y el personal de AGFA Argentina empezaron a tocar puertas contrarreloj en los distintos estamentos gubernamentales. Los delegados se reunieron con el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, con el ministro bonaerense, Martín Ferré, con la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, e incluso con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Sin embargo, la solución parece bastante compleja porque la casa matriz de AGFA no quiere dar el brazo a torcer: pretende cerrar la planta sin perder el mercado. Por ahora, los trabajadores ganaron tiempo porque la firma se comprometió ante el Ministerio de Trabajo a mantener la empresa en funcionamiento hasta el 30 de junio de este año. Mientras tanto, la Secretaría de Comercio está buscando una solución creativa para evitar la caída: una de las alternativas que se barajan es reconvertir la planta para que se dedique a la fabricación de biodiesel o la producción de medicamentos genéricos. Sin embargo, todavía ninguna de las propuestas tomó cuerpo y a medida que transcurren los días también crece la preocupación de los trabajadores por sus empleos y su futuro.
A fines de agosto y principios de septiembre, la dirección de la AGFA Gevaert Argentina informó a los empleados que la casa matriz en Bélgica había tomado la determinación de “deslocalizar” la planta en la Argentina para centralizar la producción en Europa y reducir costos.
A partir de entonces, la empresa inició un proceso encaminado a crear las condiciones para bajar las persianas.
Con el asesoramiento del abogado Eduardo Viñales, del Estudio Funes de Rioja, AGFA abrió un plan de “retiros voluntarios” y le sugirió al personal que adhiera recordándole que para la empresa la decisión de abandonar la Argentina era “irrevocable”.
Tiempo Argentino se puso en contacto con Viñales, quien se negó a dar precisiones al respecto.
En muy poco tiempo, la plantilla de personal de AGFA Argentina se redujo de más de 230 personas a 147, el último número antes que empezaran las vacaciones de enero.
Desde entonces, la preocupación, el malestar y la bronca se adueñaron de la planta. El objetivo confeso de la empresa consiste, justamente, en sustituir la fabricación argentina con productos hechos en Europa.
“La quieren cerrar porque como ellos están en crisis en Europa, nos quieren trasladar el problema a nosotros”, explica con un dejo de indignación, Alejandro Zárate, uno de los delegados que integran la Comisión Gremial interna de la empresa.
Según confirmó Zárate, el promedio de antigüedad laboral del personal oscila en los 16 años y la mayoría de ellos residen en las zonas aledañas a la planta. Sin embargo, la pérdida de los puestos de trabajo no es la única preocupación. Por sus características, la planta de AGFA en Florencio Varela es única en América Latina. Tiene una superficie de 32 mil m² y pese a que se terminó de construir en 1952 es la más importante de la región porque abastece de placas radiográficas, películas para impresión de diarios y revistas y rollos y papeles fotográficos a toda Latinoamérica.
También le vende estos productos a China, Sudáfrica y la India, entre otros países. De hecho, antes que empezara el proceso de cierre exportaba casi el 90% de su producción.
Además, AGFA Gevaert cumple con todos los estándares de calidad internacionales. En los últimos años obtuvo la Certificación ISO 9001 (Calidad), la ISO 14001 (Medio Ambiente), la certificación OHSAS 18001 (salud y seguridad ocupacional). Lleva más de ocho años sin accidentes laborales con pérdidas de día.
Es decir, que si AGFA Argentina cierra también la Argentina se transformaría en “importadora dependiente” de material fotosensible dedicado a la imagen y quedaría rezagada en un mercado clave por su alta complejidad y valor agregado. A partir del anuncio del cierre, previsto inicialmente para los primeros días de noviembre del año pasado, los delegados y el personal de AGFA Argentina empezaron a tocar puertas contrarreloj en los distintos estamentos gubernamentales. Los delegados se reunieron con el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, con el ministro bonaerense, Martín Ferré, con la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, e incluso con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Sin embargo, la solución parece bastante compleja porque la casa matriz de AGFA no quiere dar el brazo a torcer: pretende cerrar la planta sin perder el mercado. Por ahora, los trabajadores ganaron tiempo porque la firma se comprometió ante el Ministerio de Trabajo a mantener la empresa en funcionamiento hasta el 30 de junio de este año. Mientras tanto, la Secretaría de Comercio está buscando una solución creativa para evitar la caída: una de las alternativas que se barajan es reconvertir la planta para que se dedique a la fabricación de biodiesel o la producción de medicamentos genéricos. Sin embargo, todavía ninguna de las propuestas tomó cuerpo y a medida que transcurren los días también crece la preocupación de los trabajadores por sus empleos y su futuro.
Tiempo argentino
La solucion es nacionalizar la fabrica, no hay que tener miedo a hacerce cargo, finalmente es un producto que nos hace dependientes.
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