El documento final del G-20 le da más poder al Fondo Monetario
Los intereses financieros, resguardados y amparados por el FMI, que incorporará otros 450 mil millones de dólares en capital, y la postura ortodoxa y neoliberal que comanda la alemana Angela Merkel, ganaron la pulseada.
Ante la ausencia de un claro liderazgo político internacional, los mandatarios del G-20 que se reunieron el lunes y el martes último en Los Cabos, México, acordaron sumar otros U$S 450 mil millones a los recursos disponibles del Fondo Monetario Internacional. Además, primó la posición más dura que criminaliza y penaliza aquellas políticas dirigidas a proteger la producción local en favor del famoso “libre comercio”.
Más allá de las declaraciones de rigor, quedó en claro que en México primó la postura de Alemania y de los grandes organismos financieros internacionales, encabezados por el FMI. En el documento de las conclusiones, que incluye 85 puntos, la mayoría de ellos son declaraciones de buena voluntad, pero en los hechos el punto 32 señala claramente la idea de “aumentar los recursos disponibles para el Fondo que permitan exceder de 450 mil millones”, y también acota que “los recursos estarán disponibles para todos los miembros del FMI y no destinados a ninguna región en particular”.
Al presentar las conclusiones de la Cumbre del G-20, el presidente anfitrión, Felipe Calderón, opinó que la reunión “fue amable con un diálogo franco que ayudará a superar los desafíos urgentes de la coyuntura, como los problemas mundiales de largo plazo. En el Centro de Convenciones, Calderón anticipó lo que después se constató en el documento final en el que “se acordó asegurar el incremento de los recursos financieros con los que cuenta el Fondo Monetario Internacional, cuya meta era de U$S 430 mil millones. Sin embargo, se logró que fuera de más de U$S450 mil millones.”
“Con lo que hemos duplicado la capacidad histórica de apoyo y préstamo del FMI, la mayor capitalización de su historia, se trata de la mayor ampliación de recursos que ha tenido esta institución fundamental para enfrentar los tiempos de crisis de la economía. Es un logro de varios meses de complejas negociaciones bajo la coordinación de la presidencia mexicana”, señaló eufórico Calderón.
Como contrapartida, el G-20 admite que en noviembre los presidentes de los bancos centrales le daran una mayor participación a los países emergentes que más aportan, como China, que agregará otros U$S 43 mil millones a la causa del FMI. Todo este incremento de poder real al Fondo, el G-20 se lo entrega después de reconocer la necesidad de mejorar la “legitimidad” del organismo. Sin embargo, la principal victoria se la anotó la conservadora Merkel, que emergió como la gran ganadora porque logró renovar hasta el final de 2014, la cláusula que cuestiona la posibilidad de los países de aprobar medidas de defensa de su producción. “Estamos profundamente preocupados por los casos de aumento del proteccionismo en todo el país, y renovamos nuestro compromiso que contrajimos en Cannes, reafirmamos el statu quo hasta el final de 2014 con respecto a las medidas que afectan al comercio y la inversión; y nuestro compromiso para revertir cualquier nueva medida proteccionista que pueda haber surgido, incluyendo restricciones a la exportacion y medidas proteccionistas para estimular las exportaciones”, indica en uno de sus párrafos el documento.
El resto de las definiciones del G-20 vinculadas a la reforma y regulación de la estructura financiera, la creación de empleo, el estímulo a la producción no están acompañadas de medidas efectivas, más bien son de carácter estrictamente discursiva y aparecen más orientadas a alcanzar un consenso entre los diferentes países miembro. Por ejemplo, no hay ninguna medida concreta dirigida a impulsar el consumo, dinamizar la producción y fomentar el desarrollo. Estos son algunos de los puntos más relevantes del documento, por lo menos en lo que se refiere a las intenciones políticas.
Quizás, lo más positivo, aunque no pasen de ser soluciones puestas en declaraciones, es el reconocimiento de que resulta necesario avanzar hacia políticas que aumenten la cantidad y calidad del empleo. De hecho, le dedica un capítulo especial al trabajo, en el que destaca la necesidad de poner en marcha medidas que tiendan a aumentar la creación de puestos de trabajo entre los más jóvenes. Por otra parte, hace una mención muy elíptica a la importancia de fortalecer la demanda, el crecimiento y la estabilidad financiera. Por último, con respecto a la crisis de Europa, señala que los miembros de la Eurozona del G-20 tomarán “todas las medidas necesarias para salvaguardar la integridad y la estabilidad de la zona, mejorar el funcionamiento de los mercados financieros y romper el ciclo de retroalimentación entre los soberanos y los bancos”.
Más allá de las declaraciones de rigor, quedó en claro que en México primó la postura de Alemania y de los grandes organismos financieros internacionales, encabezados por el FMI. En el documento de las conclusiones, que incluye 85 puntos, la mayoría de ellos son declaraciones de buena voluntad, pero en los hechos el punto 32 señala claramente la idea de “aumentar los recursos disponibles para el Fondo que permitan exceder de 450 mil millones”, y también acota que “los recursos estarán disponibles para todos los miembros del FMI y no destinados a ninguna región en particular”.
Al presentar las conclusiones de la Cumbre del G-20, el presidente anfitrión, Felipe Calderón, opinó que la reunión “fue amable con un diálogo franco que ayudará a superar los desafíos urgentes de la coyuntura, como los problemas mundiales de largo plazo. En el Centro de Convenciones, Calderón anticipó lo que después se constató en el documento final en el que “se acordó asegurar el incremento de los recursos financieros con los que cuenta el Fondo Monetario Internacional, cuya meta era de U$S 430 mil millones. Sin embargo, se logró que fuera de más de U$S450 mil millones.”
“Con lo que hemos duplicado la capacidad histórica de apoyo y préstamo del FMI, la mayor capitalización de su historia, se trata de la mayor ampliación de recursos que ha tenido esta institución fundamental para enfrentar los tiempos de crisis de la economía. Es un logro de varios meses de complejas negociaciones bajo la coordinación de la presidencia mexicana”, señaló eufórico Calderón.
Como contrapartida, el G-20 admite que en noviembre los presidentes de los bancos centrales le daran una mayor participación a los países emergentes que más aportan, como China, que agregará otros U$S 43 mil millones a la causa del FMI. Todo este incremento de poder real al Fondo, el G-20 se lo entrega después de reconocer la necesidad de mejorar la “legitimidad” del organismo. Sin embargo, la principal victoria se la anotó la conservadora Merkel, que emergió como la gran ganadora porque logró renovar hasta el final de 2014, la cláusula que cuestiona la posibilidad de los países de aprobar medidas de defensa de su producción. “Estamos profundamente preocupados por los casos de aumento del proteccionismo en todo el país, y renovamos nuestro compromiso que contrajimos en Cannes, reafirmamos el statu quo hasta el final de 2014 con respecto a las medidas que afectan al comercio y la inversión; y nuestro compromiso para revertir cualquier nueva medida proteccionista que pueda haber surgido, incluyendo restricciones a la exportacion y medidas proteccionistas para estimular las exportaciones”, indica en uno de sus párrafos el documento.
El resto de las definiciones del G-20 vinculadas a la reforma y regulación de la estructura financiera, la creación de empleo, el estímulo a la producción no están acompañadas de medidas efectivas, más bien son de carácter estrictamente discursiva y aparecen más orientadas a alcanzar un consenso entre los diferentes países miembro. Por ejemplo, no hay ninguna medida concreta dirigida a impulsar el consumo, dinamizar la producción y fomentar el desarrollo. Estos son algunos de los puntos más relevantes del documento, por lo menos en lo que se refiere a las intenciones políticas.
Quizás, lo más positivo, aunque no pasen de ser soluciones puestas en declaraciones, es el reconocimiento de que resulta necesario avanzar hacia políticas que aumenten la cantidad y calidad del empleo. De hecho, le dedica un capítulo especial al trabajo, en el que destaca la necesidad de poner en marcha medidas que tiendan a aumentar la creación de puestos de trabajo entre los más jóvenes. Por otra parte, hace una mención muy elíptica a la importancia de fortalecer la demanda, el crecimiento y la estabilidad financiera. Por último, con respecto a la crisis de Europa, señala que los miembros de la Eurozona del G-20 tomarán “todas las medidas necesarias para salvaguardar la integridad y la estabilidad de la zona, mejorar el funcionamiento de los mercados financieros y romper el ciclo de retroalimentación entre los soberanos y los bancos”.
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