Matías Rossi, a fondo
Se crió entre los karting que armaba su papá y hoy, a los 29 años,
es el flamante campeón del Súper TC2000, la categoría más
tecnológica del automovilismo argentino. "Quisiera que esto no se
termine nunca", dice.
En el fondo de su casa de Del Viso está el taller en el que su papá fabricaba
los chasis de karting en los que él corría. Era chico cuando se sentaba a
mirar con atención esas manos para aprender mecánica. Lo que veía y la
información que archivaba lo ayudaba a tener mejores resultados en la pista.
"Era un combo ideal: estaba en familia y aprendía los elementos técnicos",
dice Matías Rossi.
Aunque podría pensarse que para él correr en karting era un hobby, deja
en claro que no. A pesar de tener 13 años ya sabía a qué quería llegar:
miraba a Ayrton Senna y Juan María Traverso, sus ídolos. "Me gustaba
mucho y quería hacer de esto un trabajo. Aún sin tener mucha noción,
porque era un nene, yo ya quería correr por mucho tiempo. Nací con eso,
las cosas se fueron dando. Por supuesto que, además de aptitudes, hay
que tener suerte, resultados, dinero –en este deporte necesitás plata–.
Pero sí, desde chiquito quería ser corredor de auto", cuenta.
Todos esos requerimientos los logró: Matías Rossi, 29 años, fue –a los
18– campeón de la Fórmula Súper Renault y después tres veces ganador
del TC 2000. Este año, en la única carrera que no pudo terminar, se
convirtió en el campeón del Súper TC2000.
-Llevabas 18 carreras sin abandonar y justo la última, en Mendoza,
la viste desde afuera. ¿Qué pasó por tu cabeza en ese momento?
- Trato de ser muy frío, pensante, porque así funciono mejor. Es difícil,
sobre todo si sos una persona emocional, como me considero yo. Pero
apenas terminó la carrera me puse a llorar como un chico. Con el paso
del tiempo y la experiencia es cada vez más fácil, pero igual cuesta.
Tuve que ver la carrera desde abajo del auto. No sabía que era campeón
, me vino a avisar un periodista y me sorprendí. Hasta ese momento
estaba en blanco, sin sentimientos.
- ¿Es difícil ser campeón en el automovilismo argentino?
-Creo que es muy difícil ganar un campeonato en cualquier cosa. Veo
todo cada vez más profesional, más competitivo, con más pilotos y
autos. Entonces eso hace que se valore más, que no sea una tarea
sencilla.
-Este año competiste en el Súper TC2000, TN y TC. ¿Cómo es
cambiar de categoría a cada momento?
- Lo más difícil es agarrarle la mano en los comienzos. Este año estoy
corriendo por primera vez en el Turismo Nacional, un auto que no
conocía, y todo lleva su tiempo. Pero después tenés todo tan
familiarizado, que va todo solo, el chip ya se cambia de manera
automática.
Los lunes, Rossi está en su casa, en Del Viso, y retoma su rutina.
Los martes y los miércoles hace entrenamiento aeróbico, está en
contacto con su equipo, maneja las cuestiones relacionadas a los
patrocinantes. En el medio, claro, se reúne con sus amigos,
comparte tiempo con su familia, prueba los karting de su papá, y
también descansa. Los jueves vuelve a viajar a otro punto del país
y ahí las horas son diferentes: pruebas de pista, reuniones con su
escudería y con los otros pilotos, reconocimiento del circuito.
En esos días pasa gran parte del tiempo en una casa rodante, con
una agenda ajustada y un objetivo fijo: subirse a su auto y correr.
-De chico aprendiste mecánica con tu papá. ¿Eso te ayuda
aún hoy?
-Te sirve para poder charlar con tu equipo, pedirles lo que necesitás,
entenderlos. Si bien un karting es diferente a un auto de carrera,
en lo conductivo aprendí muchísimo. Son las inferiores del fútbol,
arrancás de chiquito y vas creciendo.
-¿El objetivo de ser campeón estuvo desde el comienzo?
-Sí, y hoy que lo practico, que vivo de esto, es lo que más me gusta
en mi vida, quisiera que no se termine nunca. El tiempo va a marcar
el final, lógicamente. Me quedan unos años y tengo la cabeza puesta
100 por ciento en esto.
-El automovilismo mueve mucho público en todo el país.
¿Cómo te llevás con la popularidad que da el deporte?
-Este deporte tiene muchos seguidores, con las carreras vamos de
norte a sur del país, sobre todo en el interior, el automovilismo es
muy fuerte. Está buenísimo, es lindo que la gente lo viva con pasión,
disfrute, aliente. Siempre se acercan a charlar, saben mucho de autos.
Hay mucha gente que sigue a las marcas y otros que siguen a los
pilotos, siempre digo que para mí el verdadero seguidor es el que
me sigue a mí, más allá de la marca.
-Desde afuera se ve al automovilismo como una disciplina
individualista. ¿Es así?
-Durante el fin de semana cada uno está con su sponsor, su casa
rodante. Compartimos las reuniones de pilotos, que son obligatorias,
y ahí sí nos juntamos todos, pero no existe, por ejemplo, un lugar
común que compartamos. Hay una charla sobre la carrera, el circuito.
Todo va en la persona y en cada uno. A mí me es muy difícil tener
una relación de amistad con los pilotos porque estamos compitiendo
, honestamente. Pero sí trato de tener buena onda con todos,
porque, entre comillas, terminamos siendo una gran familia, nos
vemos todos los fines de semana del año. Si tenés un problema
con alguno o lo aclarás o tenés dolor de cabeza todos los domingos.
-Se acerca el final de temporada. ¿Lográs olvidarte
de los motores?
-Diciembre es un mes de locos siempre. Me voy de vacaciones en
enero y suelo disfrutar bien una semana. A la segunda ya empiezo
a pensar en las carreras, necesito enseguida volver a la competencia.
Es un gusto, yo siempre quiero correr.
El Grafico
Se crió entre los karting que armaba su papá y hoy, a los 29 años,
es el flamante campeón del Súper TC2000, la categoría más
tecnológica del automovilismo argentino. "Quisiera que esto no se
termine nunca", dice.
los chasis de karting en los que él corría. Era chico cuando se sentaba a
mirar con atención esas manos para aprender mecánica. Lo que veía y la
información que archivaba lo ayudaba a tener mejores resultados en la pista.
"Era un combo ideal: estaba en familia y aprendía los elementos técnicos",
dice Matías Rossi.
en claro que no. A pesar de tener 13 años ya sabía a qué quería llegar:
miraba a Ayrton Senna y Juan María Traverso, sus ídolos. "Me gustaba
mucho y quería hacer de esto un trabajo. Aún sin tener mucha noción,
porque era un nene, yo ya quería correr por mucho tiempo. Nací con eso,
las cosas se fueron dando. Por supuesto que, además de aptitudes, hay
que tener suerte, resultados, dinero –en este deporte necesitás plata–.
Pero sí, desde chiquito quería ser corredor de auto", cuenta.
18– campeón de la Fórmula Súper Renault y después tres veces ganador
del TC 2000. Este año, en la única carrera que no pudo terminar, se
convirtió en el campeón del Súper TC2000.
la viste desde afuera. ¿Qué pasó por tu cabeza en ese momento?
sobre todo si sos una persona emocional, como me considero yo. Pero
apenas terminó la carrera me puse a llorar como un chico. Con el paso
del tiempo y la experiencia es cada vez más fácil, pero igual cuesta.
Tuve que ver la carrera desde abajo del auto. No sabía que era campeón
, me vino a avisar un periodista y me sorprendí. Hasta ese momento
estaba en blanco, sin sentimientos.
todo cada vez más profesional, más competitivo, con más pilotos y
autos. Entonces eso hace que se valore más, que no sea una tarea
sencilla.
cambiar de categoría a cada momento?
corriendo por primera vez en el Turismo Nacional, un auto que no
conocía, y todo lleva su tiempo. Pero después tenés todo tan
familiarizado, que va todo solo, el chip ya se cambia de manera
automática.
Los martes y los miércoles hace entrenamiento aeróbico, está en
contacto con su equipo, maneja las cuestiones relacionadas a los
patrocinantes. En el medio, claro, se reúne con sus amigos,
comparte tiempo con su familia, prueba los karting de su papá, y
también descansa. Los jueves vuelve a viajar a otro punto del país
y ahí las horas son diferentes: pruebas de pista, reuniones con su
escudería y con los otros pilotos, reconocimiento del circuito.
En esos días pasa gran parte del tiempo en una casa rodante, con
una agenda ajustada y un objetivo fijo: subirse a su auto y correr.
aún hoy?
entenderlos. Si bien un karting es diferente a un auto de carrera,
en lo conductivo aprendí muchísimo. Son las inferiores del fútbol,
arrancás de chiquito y vas creciendo.
en mi vida, quisiera que no se termine nunca. El tiempo va a marcar
el final, lógicamente. Me quedan unos años y tengo la cabeza puesta
100 por ciento en esto.
¿Cómo te llevás con la popularidad que da el deporte?
norte a sur del país, sobre todo en el interior, el automovilismo es
muy fuerte. Está buenísimo, es lindo que la gente lo viva con pasión,
disfrute, aliente. Siempre se acercan a charlar, saben mucho de autos.
Hay mucha gente que sigue a las marcas y otros que siguen a los
pilotos, siempre digo que para mí el verdadero seguidor es el que
me sigue a mí, más allá de la marca.
individualista. ¿Es así?
rodante. Compartimos las reuniones de pilotos, que son obligatorias,
y ahí sí nos juntamos todos, pero no existe, por ejemplo, un lugar
común que compartamos. Hay una charla sobre la carrera, el circuito.
Todo va en la persona y en cada uno. A mí me es muy difícil tener
una relación de amistad con los pilotos porque estamos compitiendo
, honestamente. Pero sí trato de tener buena onda con todos,
porque, entre comillas, terminamos siendo una gran familia, nos
vemos todos los fines de semana del año. Si tenés un problema
con alguno o lo aclarás o tenés dolor de cabeza todos los domingos.
de los motores?
enero y suelo disfrutar bien una semana. A la segunda ya empiezo
a pensar en las carreras, necesito enseguida volver a la competencia.
Es un gusto, yo siempre quiero correr.

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