24 de enero de 2014

Poesía con rayos

Ingeniero, dice que él es el "verdadero" Mario Benedetti. Colabora con la "Máquina de Dios" y es el referente local para explicar las tormentas eléctricas.

El verdadero Mario Benedetti soy yo. Porque, en realidad, el uruguayo se llamaba Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia. Y yo, Mario Benedetti y punto.”
Homónimo, en parte, del célebre poeta oriental, nuestro Benedetti es un reconocido ingeniero nacido en Italia hace 69 años, pero que vive desde los dos en Mar de Plata; fue el primer argentino en ingresar a la prestigiosa Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), y colabora en el proyecto internacional del Gran Colisionador de Hadrones, más conocido como la "Máquina de Dios", la kilométrica estructura montada bajo tierra en la frontera entre Francia y Suiza y en cuyo seno se intenta reproducir a escala infinitesimal lo que sucedió hace 13.800 millones de años, cuando el Big Bang; y como si eso fuera poco, se ha convertido en habitué de programas de radio y televisión, porque es el hombre que más sabe de rayos –esos que desde hace días vienen golpeando, trágicamente, la Costa Atlántica– en la Argentina.

El gran cronista mejicano José Joaquín Blanco aseguraba que los científicos son los seres más conformistas e institucionales del planeta. Si algo se puede decir con franqueza de Benedetti es que él y sus actos revierten la imagen estereotipada del científico encerrado en su laboratorio, ajeno a inquietudes prosaicas. Porque a Mario le importa y preocupa el mundo exterior, la situación del país, el estado de la ciencia en la Argentina, pero además asegura haber aprendido muchísimo en el famoso restorán marplatense que manejó durante 15 años, Tío Curzio, e incluso de su afición a restaurar muebles, y hasta de la práctica del atletismo: Benedetti corrió muchos kilómetros por día cuando nadie lo hacía ("los autos se detenían en la costa para gritarme cosas, por eso me causa mucha gracia ver ahora que son multitud los que corren"). Y contesta, sin estridencias, a todas las preguntas que se le formulan, desde la sopa casera que prepara y su predilección por el cerdo hasta la relación entre la religión y la ciencia ("he tenido la precaución de no divulgar mi inclinación religiosa para no invalidar justamente sus diferencias"), por delante de un larguísimo etcétera. 
Entró al CERN en 1975, a los 29 años. Luego regresó al país para trabajar en el rediseño de fuentes de energía, en el Conicet. Y en 2004, volvieron a convocarlo para buscar, en el Gran Colisionador, la "partícula divina", el bosón de Higgs, "como agregado científico permanente, y como consecuencia de mis trabajos de investigación realizados en el país. Desde ese entonces colaboro en forma ininterrumpida".
Ya estaba entonces al frente de Tío Curzio, en la esquina de Colón y el Bulevar Marítimo, frente al mar, donde se comen las mejores medialunas de Mar del Plata.  ¿Cómo había llegado ahí? "No tuve alternativas. Fueron circunstancias familiares. Mi vida profesional ya estaba encaminada, así que no fue fácil; sin embargo, utilicé la misma filosofía que ya había comprobado como útil: poner lo mejor de uno, realizar las cosas con dedicación y tener como objetivo secundario el económico. La relación con los empleados, el contacto con los clientes, mi necesidad de aprender la gastronomía, todo eso fue muy revelador y a la vez se retroalimentaba con mi trabajo en ciencias". 
La misma estrategia había puesto en juego en el ’78, a su regreso de Europa. "Un poco por curiosidad, otro poco por casualidad y bastante por necesidad, me encontré, en pleno Mundial, con un país en problemas, y la situación económica de los investigadores era muy difícil. Para amueblar mi casa recurrí a los remates y ahí se nos ocurrió poner un negocio de compra–venta de muebles. Así aprendí el oficio de la carpintería”.
Pero siempre retornó al laboratorio, a la docencia. Aunque se jubiló el año pasado, la ciencia volvió a elegirlo: fue contratado ad honórem por el Conicet como investigador principal, "así que continúo dirigiendo dos proyectos internacionales, doy conferencias de divulgación en forma gratuita, al público en general, y preferentemente a estudiantes secundarios".
Y cuando cae un rayo, llaman al especialista. Por estos días, su rostro dio consejos desde la tevé (alejarse lo más rápidamente posible de la playa ante una tormenta, ubicarse en un lugar seco, con los pies juntos, sin tocar nada), explicó los miles de amperes de corriente que tiene un rayo y la imposibilidad de predecir dónde caerá. Ayer, Villa Gesell volvió a padecer con los rayos. Y de seguro, la tormenta que al cierre de esta edición aún amenazaba con desatarse sobre Buenos Aires volverá a requerir los servicios del "verdadero" Mario Benedetti, ingeniero.  «
 


Investigador
"En cuanto al desarrollo de la ciencia en el país, nunca estuvimos mejor y más apoyados que ahora, gracias al CONICET y al Ministerio de Ciencia y Tecnología, sumado a nuestra característica distintiva que nos hace interesantes, y sobrevivientes", dice.
Tiempo argentino

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