17 de noviembre de 2014


Un final que no está escrito

Un final que no está escrito
Foto: edgardo gÓmez
Periodistas, opinadores profesionales, dirigentes políticos de la oposición (los que supieron ser oficialistas y los que siempre fueron opositores), todos pero todos, durante meses incluyeron en sus oraciones la cita "fin de ciclo". Se referían así al kirchnerismo. Sin embargo, ese final anunciado no parece todavía estar escrito cuando la imagen presidencial crece y recupera espacio entre la sociedad profundizando el desconcierto y las peleas internas que viven los diferentes espacios políticos donde suele abrevar el dirigente opositor. La fortaleza presidencial es un problema para el Frente Renovador (FR), la UCR y el PRO, y significa un desafío más que interesante para el futuro que está llegando en el Frente para la Victoria (FPV).
La carrera presidencial es, como suele decirse, de largo aliento y no es para cualquiera. Cuando un oficialismo, cualquiera, no importa la sigla que lo contenga, está en declive, esa carrera es más fácil. Mucho más cuando se cuenta con un importante respaldo mediático. La experiencia de la Alianza sirve a modo de ejemplo. En aquellos años Fernando de la Rúa y Carlos "Chacho" Álvarez se presentaban como una dupla que venía a transformar y corregir la Argentina del menemato. Sin embargo, se hizo todo lo contrario y la bomba estalló. No sirve pensar si se hubiese podido evitar la eclosión de 2001, pero lo cierto es que para hacer menemismo, como terminaron haciendo, ya estaba el menemismo y las copias siempre son defectuosas. 
La Argentina actual es muy diferente. Hay un proyecto político que, con aciertos y errores, ha beneficiado a las grandes mayorías de esta sociedad, tan compleja como cualquier otra. Y eso no se olvida, al menos en el inconsciente colectivo tanto entre los más desposeídos y, aunque lo nieguen, entre la clase media (bastante más beneficiada de lo que se considera). A diferencia de otras experiencias políticas, Cristina Fernández de Kirchner, la madre del kirchnerismo, no se detiene ante el final de su mandato y avanza. Ese avance se expresa con más leyes, como el Código Procesal Penal que se aprobará esta semana en el Senado o con la inclusión del daño que infringen los fondos buitre a los procesos de reestructuración de deudas soberanas en el documento final de la reunión del G-20 que se realizó en Australia.
Esto es mala noticia para la oposición pero representa un maravilloso reto tanto para los que la quieren suceder como para su militancia.
El peronismo, parte más que importante dentro del FPV, se apresta a vivir algo nunca visto y es la posibilidad de gobernar el país con su líder indiscutido fuera del esquema del Poder Ejecutivo. Juan Domingo Perón fue el jefe del movimiento, pero desde el golpe cívico-militar del '55 condujo el movimiento peronista desde el exilio y en medio de proscripción y persecución a su partido y militantes. Luego de su muerte, tras su tercera presidencia, el peronismo vivió años sin brújula y sometido a los vaivenes de los vientos neoliberales hasta que llegó 2003. Ahora, en cambio, existe una altísima probabilidad de que CFK sea la "líder indiscutida" con un presidente kirchnerista en ejercicio. Nadie sabe cómo será esa convivencia y todo lo que se diga será pura especulación pero, si se quiere, ese "control" ideológico que ejercerá CFK podrá actuar a modo de garantía de calidad del proyecto y evitar desviaciones y tentaciones conservadoras. Algunos dirigentes del FPV imaginan a la presidenta como diputada, senadora o incluso siendo secretaria general de la Unasur. Buscarle un lugar a esta altura del partido es cometer el mismo error de algunos candidatos presidenciales de la oposición que largaron su carrera antes de tiempo y ahora están con poco oxígeno. En el mundo no hay muchas experiencias similares. El PT brasileño, con todas sus características propias, aparentemente lo ha conseguido con la convivencia de Lula y Dilma, por lo que indica que esa posibilidad no debería ser imposible en el futuro inmediato del FPV. 
Esta situación es la que funge a modo de explosivo en la galaxia de la oposición. La proliferación de candidatos en el FA-UNEN pudo ser efectivo para las parlamentarias pasadas pero para unas presidenciales no sirve y mucho menos cuando no miden en las encuestas. Entonces comenzó el "sálvese quien pueda" y de allí los acuerdos provinciales de legisladores de la UCR con Sergio Massa o con Mauricio Macri. Es verdad que en el fondo tienen más coincidencias de lo que parece en cuanto a cómo debe ser la Argentina, conservadora y neoliberal, pero lo que importa ahora es mantener las bancas. El radicalismo tiene mucho más para perder que el FR e incluso que el macrismo. El 70% de las bancas del Senado que tiene hoy la UCR se disputará en 2015. En Diputados son menos las que pone en juego pero, si se descuidan, tanto el PRO como el FR pueden disputarle su condición de segunda fuerza. Si esto ocurriese, la traducción inmediata es, además de menos curules, pérdidas de presidencias de comisiones, contratos, vicepresidencia de la Cámara, contratos, puestos en el Consejo de la Magistratura, contratos, en la Auditoría General de la Nación, contratos, y otras instituciones donde hay representantes del Parlamento que representan, por supuesto, más contratos.
Es demasiado riesgo como para jugar a querer ser presidente sin un candidato que despierte entusiasmo, aunque más no sea en la militancia propia. De allí el repentino amor de la UCR por Massa o Macri, según sea el distrito. No son los únicos. Elisa Carrió abandonó sus denuncias por corrupción contra el jefe de gobierno porteño en pos de seguir siendo un partido parlamentario. 
Faltan menos de diez meses para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Ese día la sociedad argentina expresará una opinión sobre lo que vendrá en la Argentina. Son, como dice el cantautor panameño Rubén Blades, "decisiones (Ave María) / cada día (Sí, señor) / Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María! / Decisiones, todo cuesta. / Salgan y hagan sus apuestas, ¡ciudadanía!"
Tiempo argentino

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