Descubrimiento prometedor
Científicos del Conicet hallaron un modo de obstaculizar el mecanismo común de replicación para los virus del dengue, Zika y fiebre amarilla
Afirman que, a largo plazo, este hallazgo podría derivar en la creación de “un antiviral de amplio espectro (...) capaz de tratar diferentes virus”.
El descubrimiento fue realizado por el equipo que lidera la prestigiosa viróloga Andrea Gamarnik, quien veinte años atrás fue distinguida en el mundo por revelar cómo hace el virus del dengue para replicar su material genético e infectar mosquitos y humanos. Cabe remarcar que el dengue es un virus que se estima que infecta entre 100 y 400 millones de personas en el planeta cada año.
En tanto, este 2026, la investigadora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir) y su grupo demostró que ese mecanismo de replicación es “universal” para todos los virus del mismo género y que causan distintas enfermedades.
“Descubrimos que todos los virus del género Orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la célula y además propusimos que esta pieza es un talón de Aquiles común a todos ellos”, explicó Santiago Oviedo-Rouco, miembro del Laboratorio de Virología Molecular de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y primer autor del trabajo.
“A largo plazo, esto puede llevar a tener un antiviral de amplio espectro“, aseguró el virólogo. Y aclaró: ”Es decir, un solo medicamento capaz de tratar diferentes virus”.

Según describió, para probar la hipótesis sobre la universalidad de esa pieza esencial para la replicación, el grupo trabajó con el virus del dengue como si fuera un juego de construcción y se la fue reemplazando por las de otros virus que son transmitidos por mosquitos o garrapatas. “Y funcionó con todos ellos. Esto demostró que los orthoflavivirus comparten un mismo mecanismo de multiplicación y que esas porciones clave de ARN que son promotoras para la replicación en distintos virus son intercambiables entre sí”, resaltó.
El siguiente paso fue buscar cómo bloquearlas para evitar que los virus puedan multiplicarse. Para esto, realizaron análisis estructurales computacionales y sumaron a Mernoosh Arrar, reconocida en el premio Nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” 2025, especialista en modelado de biomoléculas, y su equipo del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el CONICET.
“Este trabajo interdisciplinario permitió, además, poner a prueba métodos computacionales fundamentales para el campo de la predicción de estructuras de ARN”, señaló Arrar.
Después de un rastreo pormenorizado, el equipo encontró un compuesto prometedor que se une a esta pieza universal e inhibe la multiplicación de varios orthoflavivirus. De acuerdo con Oviedo-Rouco, esto es muy esperanzador, aunque todavía falte mucho trabajo para determinar si efectivamente estas moléculas se pueden convertir en medicamentos para tratar pacientes.
Pero, ¿cuándo estará disponible una cura para estas enfermedades? Según el científico, los tiempos para que un descubrimiento de laboratorio se convierta en una terapia de uso clínico son prolongados, ya que incluyen pruebas preclínicas y clínicas para evaluar su toxicidad, efectividad y estabilidad, más allá de los análisis sobre las posibles formas de producción, comercialización y distribución.
“Aunque este camino es largo, nuestro descubrimiento ofrece una ventaja fundamental: no estamos buscando un tratamiento para una sola enfermedad, sino una llave maestra que podría protegernos contra múltiples virus actuales y, lo más importante, contra amenazas que aún no conocemos”, enfatizó Oviedo-Rouco.
“Este trabajo es el corolario de 20 años de estudios, que comenzó con el descubrimiento de un mecanismo básico de la biología del virus del dengue, que ahora estamos utilizando para la búsqueda de antivirales que podrían ser útiles para muchos otros virus”, sostuvo por su parte Gamarnik.
“Uno no sabe de antemano el impacto que hay detrás de los descubrimientos. Pueden pasar muchos años hasta que vemos su aplicación, pero así funciona la ciencia”, concluyó.
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