La representación de Brasil quedó reducida a un encargado de negocios
El presidente Lula ordenó retirar a su embajador en Argentina
Luego de que Milei lo llamara “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”, el mandatario brasileño suspendió por tiempo indeterminado el regreso de Julio Bitelli a Buenos Aires.
Todo tiene un límite. El presidente Luis Inácio Lula da Silva se cansó de los ataques e insultos de Javier Milei, que, en las últimas tres apariciones mediáticas, se dedicó a agredir al mandatario brasileño. Este martes, el canciller de ese país, Mauro Vieira, convocó al embajador argentino Daniel Raimondi, a quien le entregó una protesta formal y un anuncio: a partir de ahora Brasil rebaja su presencia diplomática y, hasta nuevo aviso, al frente de la embajada en Buenos Aires quedará el encargado de negocios. Es, sin duda, el peor momento de las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Brasil desde la restauración de la democracia. Por el momento, la cancillería brasileña le indicó al embajador Julio Bitelli que no regresará a Buenos Aires. En tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino no emitió opinión sobre lo acontecido.
Milei había viajado a São Paulo el 25 de julio pasado con la intención de reunirse con el detenido Jair Bolsonaro. El juez del máximo tribunal de justicia de Brasil, Alexandre de Moraes, se lo impidió y desde ese momento, mientras compartía un acto con Flávio Bolsonaro, candidato presidencial, insultó a Lula llamándolo ladrón y hasta presidiario. También atacó al juez. Nadie en el programa le recordó que Bolsonaro cumple prisión domiciliaria condenado por encabezar un intento de golpe de Estado contra Lula. En sus apariciones mediáticas de este domingo y martes, Milei afirmó que lo llama presidiario porque supuestamente quedó libre por “un error administrativo”.
El error administrativo al que se refiere Milei es, por lo menos, una falacia, ya que en realidad Lula fue liberado por la Corte de su país al comprobar que el entonces juez Sergio Moro había actuado con parcialidad al condenarlo en 2019. La liberación ocurrió en 2021 y Lula pudo ser elegido nuevamente presidente.
El domingo, Milei reiteró sus ataques contra el presidente brasileño. En un programa de televisión, sin interrupciones ni advertencias, aseguró que la supuesta “campaña antiargentina” viralizada en redes sociales durante la Copa Mundial de Fútbol fue motorizada “con recursos e influencers” por Brasil, México, el Partido Demócrata de Estados Unidos y el presidente Pedro Sánchez en España. Lo dijo sin presentar una sola prueba. Tampoco se la pidieron.
El mandatario argentino llegó a considerar que no es comparable la campaña que tildó a los argentinos de racistas con sus dichos sobre Lula durante su paso por São Paulo. “Yo no ataqué a los brasileños. Yo fui en defensa de los brasileños de bien”, aseguró Milei e insistió: “Yo hablé de Lula, el corrupto, el ladrón, el presidiario”.
Luego de esas declaraciones en Brasil, el gobierno de ese país llamó en consulta a su embajador, Julio Bitelli. En algún momento en Itamaraty se llegó a considerar que sería preciso demorar el retorno de Bitelli a Buenos Aires. Sin embargo, se decidió guardar silencio y esperar que la tensión diplomática desescale.

Es más, durante el fin de semana siguiente, el vocero presidencial, Adrián Ravier, llegó a decir que las diferencias entre ambos mandatarios eran ideológicas. Un argumento raro para justificar insultos, pero Ravier desde que asumió la vocería ha recurrido a este tipo de argumentos para justificar lo que no puede explicar.
El canciller Pablo Quirno, en cambio, llegó a decir que las relaciones se iban a restablecer. Una declaración que parecía que la buena vecindad se podía recuperar. Quirno, al menos eso pareció, no contaba con que Milei redoblara su apuesta y volviera a proferir sus insultos.
Ahora bien, el reinicio de las agresiones contra Lula está claramente enmarcado en un intento por incidir en la campaña presidencial de Brasil, donde Lula lleva la delantera en las preferencias electorales. Milei, que responde sin chistar a las órdenes de Donald Trump y al que quiere halagar en todo momento para poder ser su referente en América del Sur, insistió con los ataques al mismo momento en que el gobierno de los Estados Unidos canceló la visa de la embajadora de Brasil en Washington, Maria Luiza Viotti. El argumento esgrimido por la Casa Blanca es una supuesta medida de reciprocidad por la demora del gobierno brasileño en conceder el beneplácito al embajador estadounidense, Danny Parson, designado para Brasilia.
“Es mucho más leve decirle ladrón al ladrón que el propio acto de robar”, insistió Milei contra Lula y manifestó que el objetivo de su injerencia política en Brasil fue “cambiarle el signo” político.
“Por el bien de los brasileños, sacarse a los corruptos y chorros de encima siempre es bueno. Sacarse a los zurdos siempre es bueno, de encima”, sostuvo este martes durante una entrevista con un canal de streaming. Además, insistió en que Lula “estuvo preso” y lo acusó de haber intervenido en la campaña presidencial argentina de 2023 para favorecer a Sergio Massa.
“Cuando yo arranqué esta carrera en el 2021, había un solo país azul y todo era rojo. Hoy es mayoritariamente azul y lo que pasa es que no se ve en el mapa porque Brasil está rojo”, señaló el presidente argentino, que la semana pasada estuvo presente en la asunción de Keiko Fujimori en Perú y ahora viajará a Colombia para participar de la asunción del ultraderechista colombiano, Abelardo de la Espriella.
La respuesta de Lula
En un primer momento, Lula respondió los primeros insultos recurriendo a la ironía. Cuando le preguntaron qué opinaba de esas agresiones, dijo que no sabía quién era ese “tipo”. Luego las calificó como disparate.
Pero Milei volvió a los insultos. En la capital de Brasil siguieron con atención esas declaraciones televisivas de Milei. Es más, llegaron a contabilizar que consideró a Lula “ladrón” y “corrupto” en cuatro oportunidades.
En el acto del PT donde quedó consagrada su candidatura presidencial, Lula tuvo un momento dedicado a Milei al sostener que él no necesita del apoyo externo, como el que el argentino le brinda a Flávio Bolsonaro, porque él recibe el apoyo del pueblo brasileño. “Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra”, afirmó Lula en un doble mensaje a la Casa Rosada y la Casa Blanca.
En rigor, con todo este apoyo que está recibiendo el hijo de Bolsonaro, tanto de parte de Milei como de Trump, queda claro que el hijo del golpista no tiene todo el apoyo popular que necesita para poder sacar a Lula de Brasilia.
Todo se resolverá el próximo 4 de octubre, cuando algo más de 158 millones de brasileños elijan por cuarta vez a Lula o se sumerjan en las oscuras aguas de la ultraderecha.
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