5 de agosto de 2026

 

Ni con el mejor viento de cola la economía de Milei arranca

La economía de Milei dispone de precios internacionales excepcionales, un fuerte superávit comercial y exportaciones crecientes de energía, alimentos y minerales. Pese a ese escenario favorable, el programa liberal-libertario no consigue generar crecimiento sostenido, acumular reservas líquidas ni reducir la dependencia del FMI y de los bancos internacionales.

Alfredo Zaiat
El gobierno de Javier Milei está consiguiendo algo muy difícil: registrar indicadores económicos, laborales y sociales malos y malísimos pese a contar con un frente externo fabuloso. El aspecto más notable de este desempeño es que el sector externo ha sido históricamente el talón de Aquiles de los programas económicos, tanto de los ortodoxos como de los expansionistas.    
La economía liberal-libertaria goza de uno de los escenarios de precios externos más favorables de las últimas décadas. Un dato es impactante en este sentido: el índice de términos del intercambio elaborado por el Indec, que mide la relación entre los precios de las exportaciones y los de las importaciones, alcanzó en el primer semestre de 2026 un promedio de 146,6 puntos, con base 2004 igual a 100.

Esto significa que, por cada unidad de exportación, el país puede comprar en el exterior casi 47% más que en 2004. Es una relación extraordinariamente favorable. 

El promedio de los primeros seis meses de este año supera el registro de cualquier año de este siglo. El máximo anterior había sido el de 2012, con 144,7 puntos. Si la comparación se realiza entre semestres, sólo el segundo semestre de aquel año, con 149,5 puntos, fue algo mejor que el actual. Desde una perspectiva histórica más extensa, hay que remontarse a momentos excepcionales de la década del setenta para encontrar relaciones de precios semejantes. 

Pese a disponer de un panorama de precios externos fabuloso, la actividad está estancada, la inversión, tanto pública como privada, se derrumba y las tensiones cambiarias no desaparecen. El gobierno de Javier Milei recibió un viento de cola internacional excepcional, pero no consiguió transformarlo en crecimiento sostenido y acumulación vigorosa de reservas netas.

Milei Dólares
Los términos del intercambio extraordinarios no corrigen las inconsistencias del plan económico de Milei. Imagen: ChatGPT.

Precios de exportación e importación

Los términos del intercambio mejoran cuando los precios de lo que Argentina exporta aumentan más que los precios de lo que importa. Esto no quiere decir necesariamente que se exporten mayores cantidades ni que ingresen automáticamente más dólares. Lo que indica es que la capacidad de compra externa de las exportaciones es mayor.

En el segundo trimestre de 2026, el índice de precios de exportación subió alrededor de 13,7% interanual, mientras que el de las importaciones aumentó 8,2%. El resultado fue una mejora cercana al 5% en los términos del intercambio. Sólo en junio, los precios de las exportaciones crecieron 16,5% y los de las importaciones, 11,6%, con una ganancia interanual de 4,4% en esa relación. 

Una parte importante de este escenario favorable proviene del shock energético. El conflicto en Medio Oriente alteró el abastecimiento de petróleo y gas, elevó los costos de transporte y provocó un fuerte aumento de los precios de la energía. El informe “Commodity Markets Outlook” del Banco Mundial proyecta que el precio promedio de las materias primas aumentará 22% en 2026, una fuerte revisión frente a la caída del 7% que estimaba a comienzos de año, El shock se concentra en la energía: el barril de petróleo Brent promediaría 94 dólares, 36% más que en 2025 y más de 50% por encima de la previsión de enero.

Para la economía argentina, convertida en exportadora neta de energía, este escenario amplía el viento de cola externo, aunque también encarece los fletes, los insumos y los bienes importados.

El escenario no constituye un auge homogéneo de todos los productos primarios. El índice de precios de los alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) se ubicó en junio apenas 1,7% por encima del registro de un año atrás y permaneció 18,7% por debajo del máximo alcanzado en marzo de 2022. Mientras aumentaron las cotizaciones de los aceites vegetales y las carnes, descendieron las de los cereales, el azúcar y los productos lácteos. 

La mejora de los términos del intercambio para el país resulta de la combinación entre una energía más cara, la recuperación de las cantidades exportadas por el complejo agroexportador después de la sequía de 2023, las mayores ventas de petróleo, gas, minerales y oro, y una estructura importadora afectada por el estancamiento del mercado interno. Este viento de cola no es un nuevo superciclo de commodities, como el de la primera década del nuevo siglo, que benefició el proyecto del kirchnerismo, sino una configuración estructural favorable del sector externo que la economía de Milei está desperdiciando.

Dólares comerciales que no alcanzan

El primer semestre dejó cifras extraordinarias en el intercambio de bienes. Las exportaciones alcanzaron los 49.454 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 24,4%. Las importaciones sumaron 35.531 millones, 3,9% menos que en igual período de 2025. Como resultado, el superávit comercial ascendió a 13.923 millones de dólares, frente a apenas 2.762 millones registrados en el primer semestre del año anterior.

La magnitud del saldo debería haber permitido despejar las dudas cambiarias, robustecer las reservas y consolidar una recuperación económica. Pero eso no ocurrió debido a la fragilidad del diseño de la política económica de Milei. No alcanza con exportar más de lo que se importa, puesto que el balance de divisas es negativo en servicios, fletes, turismo, intereses de la deuda y utilidades empresarias. A esto se suma la compra de dólares para ahorro por parte de las personas.

La economía genera un importante excedente comercial, pero sigue teniendo una estructura financiera y productiva que demanda una cantidad enorme de dólares. La dupla Milei-Caputo no hace nada para cuidar las divisas e impulsar el crecimiento económico. Por el contrario, necesita rescates financieros del FMI y del Tesoro de Estados Unidos, préstamos muy caros (con garantías de bonos) de bancos internacionales, además de sucesivas modificaciones del esquema cambiario.

El superávit comercial de la recesión de Milei

El saldo comercial positivo se explica en buena medida por la caída de las importaciones, derivada del menor nivel de actividad. El PIB avanzó 2,3% interanual en el primer trimestre, aunque la formación bruta de capital fijo se desplomó 11,6%. La economía creció apoyada en el sector externo mientras retrocedía la inversión necesaria para ampliar la producción y el empleo. 

Los indicadores posteriores confirman el estancamiento. En mayo, la actividad aumentó apenas 0,2% interanual y cayó 0,5% respecto de abril en la medición desestacionalizada. Agricultura y minería fueron los sectores con mayor aporte positivo, mientras que la industria, la construcción y el comercio tuvieron los impactos negativos más relevantes. 

Es la consolidación de una economía dual. Los sectores exportadores generan dólares, pero tienen encadenamientos domésticos y efectos multiplicadores mucho menores que los de una estructura productiva diversificada. 

Dólares Exportaciones Importaciones
El saldo comercial positivo se explica en buena medida por la caída de las importaciones, derivada del menor nivel de actividad.

Reservas prestadas y atraso cambiario

El Banco Central informó compras netas de divisas por 11.175 millones de dólares durante el primer semestre. Pero la mejora de las reservas brutas no debe confundirse con una acumulación equivalente de reservas netas y líquidas.

Las reservas brutas del Banco Central incluyen préstamos internacionales, depósitos en dólares de los bancos, swaps y operaciones de pase. A comienzos de julio, la autoridad monetaria refinanció un repo de 6.000 millones de dólares con bancos internacionales. Es decir, una parte relevante de ese colchón de reservas no es líquido ni de libre disponibilidad. 

El Fondo Monetario aprobó la revisión del acuerdo luego de conceder un waiver (perdón) y modificar las metas posteriores. Un dólar atrasado funciona como ancla para contener la inflación, pero debilita la competitividad industrial, alienta importaciones y viajes al exterior y estimula la expectativa de una futura devaluación.

Los términos del intercambio extraordinarios permiten prolongar esa política porque actúan como amortiguadores, pero no corrigen las inconsistencias del plan económico de Milei

Una oportunidad que puede perderse

El mundo ofrece a Argentina una oportunidad excepcional. El país dispone de alimentos, petróleo, gas, litio, cobre y otros minerales demandados por la transición energética y por la reorganización geopolítica de las cadenas productivas. El conflicto en Medio Oriente y la búsqueda de proveedores alternativos mejoran el valor estratégico de esos recursos.

Los precios internacionales son volátiles y dependen de acontecimientos que el país no controla. Por eso, una estrategia de desarrollo no puede descansar en la expectativa de que los precios del petróleo, la carne, el oro o la soja permanecerán elevados.

El desafío consiste, entonces, en capturar una parte de esa renta, acumular reservas sin incrementar la deuda, desarrollar proveedores nacionales y diversificar exportaciones. Es exactamente lo contrario de lo que hace el plan económico de Milei. 

Cuando este experimento quede en el pasado, el sistema político, financiero y económico conservador no tendrá margen para decir que el fiasco liberal-libertario tuvo su origen en la mala suerte. A esta altura, transcurrido más de la mitad del mandato, se puede decir que el fracaso se explica por la debilidad conceptual del programa económico y por la inmensa impericia de Milei que llevó a desaprovechar un escenario externo extraordinariamente favorable.

El destape

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