“El caso argentino llama la atención”
Publicado el 18 de Septiembre de 2011
El embajador argentino en Francia aseguró que la resolución de la Argentina a la crisis de deuda capta un especial interés en Europa. En diálogo exclusivo con Tiempo Argentino, tras la visita de la presidenta Cristina Fernández a París, el economista advirtió sobre las diferencias con las naciones del Viejo Continente y elogió las políticas del gobierno para “recuperar” el Estado. “En este mundo global, sólo les va bien a los países soberanos”, puntualizó.
La casona del centro de París donde funciona la Embajada argentina en Francia ya no tiene el ritmo frenético que mantuvo durante los tres días en que la presidenta Cristina Fernández visitó la ciudad para reunirse con su par galo, Nicolas Sarkozy, y acompañar a las Abuelas de Plaza de Mayo a recibir el premio por la paz de la Unesco. En el antiguo edificio, donde la mandataria inauguró el martes la muestra de fotos del Rally Dakar en Argentina, el embajador y economista Aldo Ferrer recibe a Tiempo Argentino para hablar sobre la crisis económica europea y la elogiada experiencia argentina, luego de haber revertido los efectos de la debacle de 2001, dos temas centrales de la reunión bilateral que la presidenta mantuvo con Sarkozy el miércoles pasado.“El caso argentino resultó en una historia muy exitosa de resolución de una crisis de deuda soberana y es comprensible que, ante las crisis de deuda soberana de varios países europeos, siendo Grecia el más urgente, el argentino llame mucho la atención”, analizó Ferrer. Sin embargo, aclaró que hay diferencias particulares entre nuestro país y las naciones europeas, que forman parte de la Comunidad Europea y atizan una moneda común, el euro. “En Argentina no se dan las restricciones que sí tienen los países europeos, que operan con una moneda común y no pueden plantear unilateralmente una salida a su endeudamiento. Además, estos países fueron viviendo más allá de sus propios medios y se fueron endeudando, manteniendo un nivel de gasto que excedía sus posibilidades, mientras que en Argentina pasó una cosa notable: se endeudaba y vivía por debajo de sus propios medios, porque hacía una política de desindustrialización, de achicamiento y desempleo”, evaluó.
El embajador también repitió un argumento que suele utilizar la presidenta: “Tenemos que ser muy prudentes, no ponernos en predicadores, porque en el pasado soportamos los costos de los consejos ajenos. Debemos demostrar nuestra experiencia, por qué y cómo lo hicimos, y el resultado que tuvo. Después, que cada país saque lo que quiera de esa experiencia.”
–¿Se puede trazar algún paralelismo entre lo que se vive en la Comunidad Europea y lo que sucede en America Latina?
–La situación que vive Europa nos deja enseñazas también para la integración latinoamericana a través del Mercosur y la Unasur. Alguna vez se especuló con tener una moneda única, y ya se sabe las dificultades que esto tiene. Estos esquemas de integración hay que manejarlos con mucho realismo, con reglas viables. El caso europeo evidencia que es muy difícil tener una moneda común sin un régimen de integración, donde los principales instrumentos, incluyendo la política fiscal, tengan suficiente armonización. No es fácil poner una moneda única entre realidades tan distintas, como la de Alemania y Grecia, en ausencia de suficiente coordinación. El escenario europeo es complejo, y la mejor respuesta que podemos dar desde Argentina y América del Sur es fortalecer nuestra soberanía, nuestra capacidad de decisión a partir del equilibrio fiscal, la balanza de pagos y la competitividad. En este mundo global sólo les va bien a los países soberanos. Y nosotros tuvimos un cambio fenomenal, porque pasamos del Estado neoliberal de la década del ’90 al Estado nacional, que implicó la recuperación del Estado y de la economía.
–¿Qué medidas pueden garantizar ese esquema de resguardo?
–Una de las medidas que propone Argentina ante el G-20, y que Cristina y Sarkozy acordaron impulsar en la reunión que mantuvieron, es combatir los capitales especulativos y los paraísos fiscales.
–¿Cómo evalúa esa postura?
–Me parecen posiciones correctas, porque detrás de la crisis del Estado neoliberal subordinado a los criterios de los mercados, está el hecho del peso hegemónico que ha adquirido la dimensión financiera con respecto a la economía real. En los últimos 40 años, el mundo del dinero terminó creciendo mucho más que el de la producción y el trabajo, construyéndose en un gran casino donde la inmensa mayoría no son operaciones para financiar el comercio, la producción o la inversión, sino operaciones especulativas. Es un sistema muy sensible y vulnerable con respecto al cambio de expectativas y esto terminó en la crisis de 2008, que requirió el salvataje masivo de los países centrales para evitar la caída de entidades de fuerte peso en el sistema global. El salvataje llevó a estos países a aumentar su deuda y eso generó expectativas negativas en los mercados, que se deberían disciplinar, pero la postura dominante sigue siendo tratar de influir en sus expectativas y no gobernarlos con fuertes políticas nacionales. Estos son los planteos que hace la Argentina en el G-20.
–¿Los fondos especulativos volcados a la Argentina en la soja pueden convertirse en un problema?
–Los mercados especulativos han incorporado también a los commodities, pero como señala el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, el problema de la pobreza no es que hayan aumentado los alimentos, sino las cuestiones estructurales que determinan la pobreza y la desigualdad. Sin duda hay que evitar la especulación en los mercados, pero no hay que restringir la expresión de las tendencias de fondo que llevan a la valorización de los productos primarios por la demanda internacional.
El embajador también repitió un argumento que suele utilizar la presidenta: “Tenemos que ser muy prudentes, no ponernos en predicadores, porque en el pasado soportamos los costos de los consejos ajenos. Debemos demostrar nuestra experiencia, por qué y cómo lo hicimos, y el resultado que tuvo. Después, que cada país saque lo que quiera de esa experiencia.”
–¿Se puede trazar algún paralelismo entre lo que se vive en la Comunidad Europea y lo que sucede en America Latina?
–La situación que vive Europa nos deja enseñazas también para la integración latinoamericana a través del Mercosur y la Unasur. Alguna vez se especuló con tener una moneda única, y ya se sabe las dificultades que esto tiene. Estos esquemas de integración hay que manejarlos con mucho realismo, con reglas viables. El caso europeo evidencia que es muy difícil tener una moneda común sin un régimen de integración, donde los principales instrumentos, incluyendo la política fiscal, tengan suficiente armonización. No es fácil poner una moneda única entre realidades tan distintas, como la de Alemania y Grecia, en ausencia de suficiente coordinación. El escenario europeo es complejo, y la mejor respuesta que podemos dar desde Argentina y América del Sur es fortalecer nuestra soberanía, nuestra capacidad de decisión a partir del equilibrio fiscal, la balanza de pagos y la competitividad. En este mundo global sólo les va bien a los países soberanos. Y nosotros tuvimos un cambio fenomenal, porque pasamos del Estado neoliberal de la década del ’90 al Estado nacional, que implicó la recuperación del Estado y de la economía.
–¿Qué medidas pueden garantizar ese esquema de resguardo?
–Una de las medidas que propone Argentina ante el G-20, y que Cristina y Sarkozy acordaron impulsar en la reunión que mantuvieron, es combatir los capitales especulativos y los paraísos fiscales.
–¿Cómo evalúa esa postura?
–Me parecen posiciones correctas, porque detrás de la crisis del Estado neoliberal subordinado a los criterios de los mercados, está el hecho del peso hegemónico que ha adquirido la dimensión financiera con respecto a la economía real. En los últimos 40 años, el mundo del dinero terminó creciendo mucho más que el de la producción y el trabajo, construyéndose en un gran casino donde la inmensa mayoría no son operaciones para financiar el comercio, la producción o la inversión, sino operaciones especulativas. Es un sistema muy sensible y vulnerable con respecto al cambio de expectativas y esto terminó en la crisis de 2008, que requirió el salvataje masivo de los países centrales para evitar la caída de entidades de fuerte peso en el sistema global. El salvataje llevó a estos países a aumentar su deuda y eso generó expectativas negativas en los mercados, que se deberían disciplinar, pero la postura dominante sigue siendo tratar de influir en sus expectativas y no gobernarlos con fuertes políticas nacionales. Estos son los planteos que hace la Argentina en el G-20.
–¿Los fondos especulativos volcados a la Argentina en la soja pueden convertirse en un problema?
–Los mercados especulativos han incorporado también a los commodities, pero como señala el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, el problema de la pobreza no es que hayan aumentado los alimentos, sino las cuestiones estructurales que determinan la pobreza y la desigualdad. Sin duda hay que evitar la especulación en los mercados, pero no hay que restringir la expresión de las tendencias de fondo que llevan a la valorización de los productos primarios por la demanda internacional.
Tiempo argentino
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