El triunviro de la CGT, Octavio Argüello dijo “desquiciado” para calificar a Javier Milei quien, a su vez, ha desquiciado a todo el país con un pueblo endeudado, que no llega a fin de mes, que no puede comer carne ni subir al colectivo o al tren, con miles de empresas que cierran o se van del país. “Desquiciado” es el Presidente a los gritos y los insultos en el Congreso. “Desquiciado” es el presidente de un país que se sube al portaaviones de Estados Unidos, cuyo canciller, Marco Rubio, aclaró que nunca cuestionará la usurpación británica en las Malvinas.
“Desquiciado” es un país donde un Poder Judicial se usó para la persecución política de una expresidenta y ex funcionarios de gobiernos populares. Desquiciada la Justicia cuando los testigos de la causa Cuadernos que llama a declarar afirman que fueron extorsionados y amenazados por un juez y un fiscal y se desdicen de lo que dijeron.
Y desquiciado está el sistema institucional cuando el jefe de Gabinete asiste a una requisitoria parlamentaria por acusaciones de corrupción y no aclara ninguna mientras saluda a la barra y a su jefe, el Presidente que grita desquiciado en su apoyo.
El círculo rojo también se salió de quicio, con sectores de la industria, el comercio y el campo en crisis porque el modelo los perjudica, mientras los de energía, minería y finanzas lloran de felicidad porque se la llevan en pala. Los trabajadores formales, informales, técnicos y hasta profesionales no ligan una. Todas en contra.
Cuando a ese país (industria, comercio, campo, trabajadores y profesionales) les va mal, al país entero le va mal. Que les vaya bien a los sectores de energía, minería y finanzas alcanza para muy pocos, si no se enfocan para apoyar los otros y específicamente a la producción. Un país con ciudadanos sin calidad de vida, es un país desquiciado, como sucede ahora. Y se mide en la calle, en el humor de los que caminan, de los que esperan el colectivo, del taxista y del vendedor callejero. Nadie está bien.
Mientras Milei hace turismo en la nave de guerra insignia de un país que no es amigable con los intereses argentinos, las encuestas muestran un barco que zozobra, con una caída abrupta de la popularidad presidencial. En este rubro, todas coinciden en el diagnóstico. No hay una que lo salve.
El ascenso y declinación de Milei han sido tan acelerados que desordenaron el escenario político. Al principio hizo desaparecer al PRO y a los radicales, encarceló a Cristina Kirchner, fracturó al peronismo y sumó partidos provinciales. Y ahora, cuando cae por los resultados negativos de su gobierno, los ronderos y allegados perdieron palenque al tiempo que se encendió la interna libertaria. Pero esa caída del oficialismo no ordena por sí misma a una oposición que no termina de reponerse de la etapa previa.
Todos advirtieron que en la cena de la Fundación Libertad, donde asistieron alrededor de mil de los más encumbrados empresarios, la mesa de Mauricio Macri fue más frecuentada que en las últimas cenas. Y tuvo más aplausos que el Presidente, aunque tampoco hubo entusiasmo. El nerviosismo de Milei fue en ascenso ante el desinterés de ese público.
Eran pocos los que aplaudían, además de la barra presidencial. Hizo ese movimiento extraño con las manos y se fue en metáforas mal armadas como la de los huevos con mermelada. Su séquito de aplaudidores se entusiasmó con las diatribas contra el kirchnerismo, pero a Milei se lo vio amargo. El mal humor presidencial fue visible, como si le molestara compartir el escenario.
En su imaginario es el único jugador de nivel internacional, el único que se codea con Donald y con Elon y Bibi. En esa escala subjetiva, los demás son de cabotaje. En general, parece inmune a los síntomas de fracaso y al fuerte malestar en el país. El Presidente llegó a la cena después que habían hablado los otros oradores y se fue cuando terminó de hablar. La que rápidamente se levantó de su mesa y se lanzó a abrazar a Macri fue Patricia Bullrich, la punta de lanza que usó Milei para aislarlo.
Los gobernadores peronistas que ordenaron a sus legisladores un seguidismo obsecuente con el oficialismo, como el de Salta, Gustavo Saenz, Raúl Jalil, de Catamarca, y Osvaldo Jaldo, de Tucumán, quedaron en el limbo al caer la imagen del libertario que les aseguraba un lugar tras su candidatura.
El PRO y la UCR reaparecieron en las encuestas con apenas 7 u 8 puntos. Pero antes ni figuraban. No alcanza para un pleno y sus legisladores oscilan entre el oficialismo y la oposición, en una encrucijada en la que algunos quedarán en forma definitiva con los libertarios.
Las encuestas de imagen están encabezadas por dirigentes de la oposición, una inesperada Myriam Bregman apareció en el podio de los tres con mayor imagen positiva junto a Axel Kicillof y Cristina Kirchner. Recién después aparecen Milei, Bullrich y Sergio Massa. El mal humor en la sociedad empieza a reflejarse con fuerza en los sondeos de opinión, aunque los resultados pueden ser diferentes cuando se interroga por tendencia de voto. Pero es indudable que la preferencia mayoritaria se inclina por las posiciones más opositoras al gobierno.
En esa zona se ubica el peronismo, que tiene figuras candidateables, pero no tiene candidato oficial y tampoco ha llegado a un acuerdo. Lo más probable es que defina sus candidaturas en elecciones internas. Lo que miden las encuestas es a una mayoría de argentinos que se quieren sacudir de encima, desesperadamente, a Milei, como si fuera la peste. Pero el escepticismo y la confusión siguen pesando. Si la interna del peronismo no sintoniza con ese clima y la responsabilidad que le exige, puede llevarse otra sorpresa en la deriva del voto.
El juez Arturo Pesino habrá festejado el Día del Trabajador este primero de mayo, por todo lo contrario a los trabajadores. La ley de flexibilización laboral que elimina los derechos de los trabajadores había sido frenada por una cautelar. Gracias a Pesino, que levantó la cautelar y dio paso a la ley, los trabajadores perdieron sus derechos. Y Pesino fue premiado por el Gobierno ya que le permitió seguir en funciones pese a haber cumplido los 75 años.
La movida del juez Pesino terminó de arrojar al conjunto de la CGT a la calle. Una CGT que tiene más el gen de la negociación que el de la confrontación convocó al acto masivo del jueves en Plaza de Mayo y en las principales plazas de todo el país. El acto fue el primero de una seguidilla de movilizaciones. La mesa del Frente de Sindicatos Unidos se reunió ayer y decidió “seguir dando pelea en las calles y en todos los espacios que sea necesario para defender el conjunto de las y los trabajadores”. Y el 12 de mayo se realizará la Marcha Federal por la Educación.
Una semana que empezó con la reunión de millonarios estelares entre Paolo Rocca y Macri, siguió con la función del gran Circo Argentino en el Congreso con Adorni y Milei y terminó con cientos de miles de trabajadores que se movilizaron en todo el país para reclamar por sus derechos vulnerados por el hombre que en ese momento estaba en el buque insignia de la flota norteamericana, principal aliado de Gran Bretaña por Malvinas.
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