Nunca como en la semana que culmina se puso de relieve tanto la base común de la crisis internacional, como también la aguda división política que se ha desatado en el seno de la Unión Europea y del Congreso de los Estados Unidos.
En EEUU, el presidente Barak Obama lucha con sus opositores republicanos, quienes se niegan a su propuesta de incrementar impuestos y reducir gasto, y pretenden recortar el presupuesto social sin tocar la imposición fiscal a los más ricos.
Lo que discuten es un acuerdo para recortar el déficit fiscal cuatro billones de dólares a lo largo de una década, monto en el que coinciden demócratas y republicanos.
De lograrse un entendimiento sobre esta reducción del déficit, el Congreso, con mayoría republicana en la Cámara de representantes, aprobaría superar el techo actual de endeudamiento del Estado, lo que permitirá que el Ejecutivo pueda pagar a sus proveedores, devolver sus créditos y honrar los títulos públicos.
Obama, a quien la gravedad de la situación le llevó el sábado a afirmar que "EEUU no es Grecia ni Portugal", sabe, sin embargo, que si antes del plazo del 2 de agosto no hay acuerdo en el Congreso, su país entrará en una inédita suspensión de pagos.
Esto significaría un daño inmediato a la calificación crediticia de EEUU, como lo advirtieron esta semana las agencias Moody´s y Standard & Poor´s y, por sobre todo, la pérdida de confianza en el dólar como moneda de reserva mundial y un golpe a la recuperación económica del país y del mundo.
Sin embargo, parte de la cúpula republicana que negocia con los demócratas y con Obama en la Casa Blanca, también está preocupada por las consecuencias de su intransigente posición de no tocar impuestos.
En este sentido, John Boehner, el líder republicano de la Cámara de Representantes, ha dejado trascender que una salida a un fracaso entre las partes es que Obama vete la propuesta que ellos presentarán en el Congreso, y utilice un mecanismo especial que habilita el Ejecutivo a elevar puntualmente el techo de gastos.
Otra eventualidad que se baraja es que Mitch McConnell, jefe republicano del Senado, acerce posiciones con el oficialismo y termine generando un acuerdo de última hora, con una vigencia de algunos meses.
Pero la incertidumbre es muy elevada. La extrema derecha republicana agrupada en el Tea Party está dispuesta a ir hasta el final en su negativa a incrementar impuestos, aunque eso signifique la quiebra del Estado.
Sólo la intervención de los conservadores más moderados que representan al "establishment" podría cerrarles el camino. Algo que es posible, e incluso probable, pero para nada seguro.
Así, mientras la economía y la política estadounidense han entrado en unos caminos sólo recorridos hasta el presente por los "emergentes", Europa parece encaminada a un serio estallido de las bases de la Eurozona.
Anoche, el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, anunció que ha convocado para el próximo jueves 21 de julio a una cumbre extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, para intentar hallar una salida a la crisis griega.
En realidad, Europa se debate ya en una crisis de la deuda continental. Aunque el objetivo declarado de la cumbre sea resolver el segundo paquete de rescate a Grecia, la realidad es que las impagables deudas soberanas y privadas de varios Estados miembros de la UE han provocado una crisis sistémica.
Italia acaba de aprobar un durísimo paquete de ajuste, con recortes de 79.000 millones de euros, en un esfuerzo por alejar los temores de los mercados y frenar el crecimiento constante del índice de riesgo-país de sus bonos.
Las deudas de Portugal y de Irlanda han sido calificadas como "basura" por las agencias calificadores. España ha vuelto a soportar un nuevo aumento del riesgo-país, que se frenó el miércoles junto con el de Italia, a la espera de la nueva cumbre anunciada ayer.
Ningún experto duda ya de hablar de una crisis del euro y, como lo graficó el semanario británico The Economist, en la tapa de su edición de ayer, se considera a la Eurozona y a la moneda única "al borde del abismo".
Un nuevo rescate de Grecia no resuelve la caída en la depresión económica de este país de aquí al 2015, al menos. Una situación que es similar para Portugal e Irlanda, como ya lo es Estonia, y que mañana puede alcanzar a Italia y España si deben apelar a un rescate de sus sistemas financieros.
Al igual que en EEUU, la falta de una salida consensuada en la UE es el resultado del choque entre los Estados acreedores, con Alemania a la cabeza, y los deudores de la periferia que se oponen a la propuesta de Berlín de una declaración parcial de default por parte de Grecia y la asunción de pérdidas por parte de los bancos.
La gran banca privada acreedora de los periféricos también se opone a este curso propuesto por Angela Merkel, la canciller alemana, y de allí la parálisis y el sentimiento pesimista que está ganando al continente.
Las indefiniciones políticas, en Washington como en Bruselas, tienen como telón de fondo al creciente descontento popular que se expresa en las calles, frenando o demorando, medidas más duras de ajuste en el sector público y privado.
Me lo contó: Telam.
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Creo que la crisis europea está concatenada con la situación de EEUU, la inercia o debilitamiento de éste último, me temo que influye en la caída de los países europeos, pues si éstos se apoyan en aquél las caídas serán inevitables. El tema es la moneda estadounidense como valor de referencia global, sinceramente creo que llegó el momento de pensar en otra unidad referente, porque si China presiona a EEUU hasta provocar el derrumbe, se me ocurre que las consecuencias serían terribles.... (cero economía). |
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