27 de febrero de 2025

"De la OTAN pueden olvidarse", dijo el presidente estadounidense

Trump obtiene los recursos naturales de Ucrania, pero no se compromete a defenderla de Rusia 

El republicano logra el botín de los minerales estratégicos de Ucrania, no se compromete a defenderla en la guerra actual y sigue forjando su pacto de superpotencias con Putin.

Juan Antonio Sanz

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cede ante Donald Trump y acepta compartir la explotación de las reservas de minerales estratégicos de Ucrania, sin que el presidente estadounidense le garantice su ayuda militar para evitar una previsible derrota en la actual guerra. Trump consigue así el mayor de los botines sin perder un solo hombre en combate (al menos oficialmente) y prosigue sus negociaciones con Rusia, de las que Ucrania y Europa están excluidas.

Tal exclusión parece lógica si, por una parte, se está tratando de limar las profundas diferencias que hay entre Rusia y EEUU al mejor estilo de la Guerra Fría, y, por otra, si lo que se está considerando es cómo asumir la derrota de facto de Ucrania en la guerra que comenzó hace tres años con la invasión.

Con la pérdida del 20% de su territorio bajo la bota rusa (que podrá ser más, si continúa la guerra) y la obligación de compartir con Estados Unidos la explotación de sus más valiosos recursos minerales, incluidos los hidrocarburos, Ucrania se prefigura como la principal perdedora de esta guerra.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no quiere aparecer como el líder que ha vendido su país a cambio de vagas promesas de seguridad y sin el compromiso de EEUU de seguir prestando ayuda militar a Ucrania cuando la guerra está aún lejos de concluir. Por eso, Zelenski sigue insistiendo en que Ucrania necesita esas garantías mínimas de cara a la firma del documento final.

Trump da por hecho el acuerdo e incluso anunció que Zelenski acudirá a Washington este viernes para firmar el trato. Por si acaso, la Casa Blanca también ha advertido a Kiev sobre cualquier cambio de posición de última hora.

Dudas de última hora de Kiev

Tras las aparentes dudas de Zelenski, puede que esté un simple intento de regateo para obtener mejores condiciones en el acuerdo, pues evidentemente quien gana es Estados Unidos. Ucrania queda supeditada económica y políticamente por muchos años a lo que decida Washington en ese ámbito de las tierras raras (necesarias para las altas tecnologías), el uranio, el titanio, el níquel, el hierro, el carbón e incluso el gas y el petróleo.

El acuerdo establece que el 50% de los beneficios de la explotación de los recursos naturales de Ucrania aún por extraer, especialmente esos minerales considerados críticos y estratégicos, se destinará a un fondo de inversión conjunto sobre el que EEUU y sus empresas que tomen parte en el negocio tendrán un mayor poder de decisión que la parte ucraniana. Ese fondo servirá para hacer inversiones en la economía ucraniana. Es decir, más negocio para los estadounidenses.

El documento final, que en principio ha sido aceptado por Kiev, pese a las reticencias de última hora, excluye condiciones incluidas en borradores anteriores presentados por EEUU que preveían que la contribución al fondo debía alcanzar el medio billón de dólares como pago por todos los miles de millones que Washington ha entregado a Ucrania para enfrentarse a la invasión rusa.

Ayuda que no se reduce a las armas y el dinero entregados desde la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022, sino que se remontan al menos hasta 2014, cuando los servicios de inteligencia de EEUU ayudaron a echar a los prorrusos del poder en Kiev y el Pentágono comenzó a armar al ejército ucraniano. E incluso antes, desde la caída de la URSS en 1991, cuando ya los planes de EEUU contemplaban en Ucrania una posible palanca para debilitar a Rusia.

Un acuerdo que no garantiza la ayuda militar de EEUU

Del borrador del acuerdo se han quitado las cifras de lo que se llevará Estados Unidos del negocio. Eso ya se verá, y podrá ser ese medio billón de dólares, podrá ser menos o podría ser mucho más. Este miércoles, Trump volvió a insistir: "Recuperaremos nuestro dinero".

Tampoco se incluye de forma explícita la continuación del actual apoyo militar estadounidense a Kiev contra Rusia. Sin esta premisa, todo es posible.

La jugada maestra de Trump fue intimidar al presidente ucraniano. Cuando Zelenski puso en duda el acuerdo por la ausencia del mismo de estas garantías de seguridad para Ucrania, Trump le insultó, acorraló internacionalmente e incluso cuestionó su legitimidad. El objetivo era debilitar su posición y lo consiguió.

Con tal postura de fuerza, le fue fácil al enviado de Trump para Ucrania y Rusia, el general Keith Kellogg, convencer a Kiev de que no había otra salida y que si el presidente estadounidense rompía la baraja de esta negociación debido a los recelos ucranianos, las perspectivas serían mucho más oscuras.

Finalmente, Zelenski ha buscado la salida menos cruenta, con la esperanza de ligar el futuro económico de su país al de Estados Unidos, aunque sea hipotecando sus recursos naturales para obtener cuando sea posible esas garantías defensivas.

Craso error, pues para Trump no cuentan las alianzas estratégicas, que hoy funcionan y mañana no, sino los pactos empresariales. De ahí que desechara la principal reivindicación de seguridad que exige Ucrania: su adhesión a la OTAN.

Incertidumbre sobre la postura de Moscú ante el acuerdo

Ahora mucho va a depender de cómo se tomen realmente los rusos este acuerdo y cómo le podría afectar a Rusia la eventual presencia estadounidense en Ucrania para la explotación de esos recursos. Moscú podría aceptar este emprendimiento estadounidense, si de alguna forma ayuda a Rusia a retornar a la normalidad económica internacional.

Sin embargo, Moscú jamás permitirá que Ucrania se convierta, de manos de esa presencia estadounidense, en un búnker de la OTAN, de EEUU o de la Unión Europea, si ésta quiere incluir a Kiev en sus planes de militarizar el continente con un nuevo ejército paralelo o complementario al de la Alianza Atlántica.

Si finalmente Zelenski y Trump firman el acuerdo sobre los recursos naturales este viernes en Washington, se podrían acelerar las negociaciones entre rusos y estadounidenses, que esta semana tienen un nuevo encuentro en el que sin duda abordarán esta cesión ucraniana a EEUU.

Nuevas negociaciones ruso-estadounidenses, esta vez en Estambul

Una dificultad reside en que buena parte de las tierras raras ucranianas cuya explotación se alude en el acuerdo se encuentran en el este de Ucrania, en zonas ya anexionadas por Rusia o donde se están produciendo los peores combates. Moscú y Washington tienen este asunto pendiente para negociar, entre muchos otros.

Aún está pendiente que se anuncie la cumbre prevista entre los presidentes estadounidense y ruso, pero de momento este jueves se reúnen de nuevo sus representantes. Esta vez no será en Riad, sino en Estambul, así que en parte se cumple una de las peticiones de Zelenski: que Turquía intermediara para conseguir la paz. Solo que lo hará en una reunión de la que Ucrania queda excluida, al igual que los países europeos.

Y sin los europeos

De nuevo este miércoles, el Kremlin se declaró contrario a la participación europea en las negociaciones que están sacando adelante rusos y estadounidenses, y que tienen que ver menos con la paz en Ucrania, que con la recuperación del entendimiento entre Moscú y Washington, un asunto que excede a la propia guerra.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó en Catar que "los países europeos promueven con espíritu beligerante una política irremediablemente anticuada y fracasada respecto a Ucrania". Lavrov resaltó la necesidad de que, para solucionar el conflicto armado, se pongan sobre la mesa "las causas" del mismo, en referencia a la presión que durante años la OTAN ejerció hacia las fronteras rusas y por la insistencia de anteriores Administraciones de EEUU por impulsar la entrada de Ucrania en la Alianza.

"La mejor ayuda por parte de quienes sinceramente quieren ayudar a solucionar el conflicto radica en tomar conciencia de sus causas", dijo el jefe de la diplomacia rusa, quien alabó a Trump por haberlo entendido así.

Europa reacciona y da sus propios pasos

Esta posición, compartida por el Kremlin y la Casa Blanca, junto con el anuncio de que rusos y estadounidenses se reunirán este jueves en Estambul, llevó a la alta representante para la Política Exterior y la Seguridad de la UE, Kaja Kallas, a desconvocar un inminente encuentro en Washington con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.

Kallas está en la capital estadounidense y tenía previsto reunirse con Rubio, según dijo el lunes. Ahora, la jefa de la diplomacia europea señala que no tiene tiempo para esa reunión debido a su apretada agenda. En cambio no habrá problemas para mantener los acordados encuentros con miembros del Congreso de Estados Unidos sobre la guerra de Ucrania y las relaciones entre Bruselas y Washington.

Una relación también ensombrecida por la insistencia europea en que EEUU participe en el despliegue de una fuerza multinacional en Ucrania una vez que se alcance un alto el fuego. El propio Trump ha insistido en que sean los propios europeos quienes pongan las tropas y el dinero necesario para estacionarlas.

El problema del Reino Unido o Francia, que encabezan esa demanda de soldados occidentales para garantizar la paz en Ucrania, es que sus ejércitos no tienen el potencial suficiente para estacionar centenares de miles de soldados en el país, como pide Kiev para que esa fuerza de interposición sea eficaz.

Está previsto que el 6 de marzo la UE celebre una cumbre extraordinaria para tratar éste y otros asuntos relacionados con las negociaciones de paz en Ucrania. Y este fin de semana, el primer ministro británico, Keir Starmer, tiene previsto recibir a varios líderes aliados en Londres con el fin de afrontar la complicada situación, en la que EEUU se está alineando con Rusia en la solución del conflicto, mientras deja fuera a quienes han apoyado a Ucrania desde que comenzó la guerra.

Entre los asistentes a la reunión de Londres estará Zelenski, procedente de Estados Unidos, donde habrá firmado (o no) el acuerdo con Trump sobre los recursos naturales ucranianos.

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