19 de enero de 2026

El nuevo “programa nuclear argentino”: ni argentino ni programa

Mempo Giardinelli

Como en otras ocasiones, a esta columna llegan informaciones asombrosas respecto del proceso de destrucción de la Argentina Nuclear, esa cualidad tecnológica excepcional que alcanzó nuestra República a lo largo de medio siglo de investigaciones y desarrollos como pocos países del mundo alguna vez alcanzaron.

La construcción y desarrollo de la política nuclear de nuestro país fue impresionante, y la joya tecnológica desde hace algunos años es el CAREM 25, que es un pequeño reactor modular diseñado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) e INVAP, que en los últimos 50 años abrieron caminos innovadores de tradicionales programas nucleares.

La Argentina, como se sabe y ha sido orgullo de generaciones, hasta el año pasado fue zafando del destructivo afán del presidente Javier Milei, quien ahora decidió frenar el CAREM y otros proyectos en desarrollo, desviando toda la industria y toda futura investigación en estas materias a favor de la adopción de tecnología estadounidense.

En un contexto en el que el pueblo argentino ignora prácticamente todo en esta materia, hay que decir que la decisión es muy grave, porque el programa nuclear argentino llegó a ser, hasta hace muy poco tiempo, un ejemplo mundial y una garantía de eficiencia e investigación y desarrollo propios.

Claro que esta nota no se refiere a todo esto por mera melancolía, sino porque en una especie de absurdo y doliente sainete, hoy el gobierno argentino decide lisa y llanamente la destrucción y pérdida de un pasado científicamente extraordinario. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que con estas cuestionables decisiones supuestamente “libertarias”, el hasta ahora orgulloso y extraordinario “Programa Nuclear Argentino” ya no será programa, ni mucho menos argentino”, según explica a esta columna Daniel Arias, uno de los más reconocidos especialistas en la materia.

Premiado hace unos años por la Asociación Argentina de Tecnología Nuclear (AATN), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Latin American Section of the American Nuclear Society (LAS-ANS), Arias destaca por su trayectoria en la comunicación social de proyectos de centrales nucleoeléctricas compactas modulares.

Lo que permite subrayar, con él y en este punto, que “por décadas nuestro país construyó una excepcional política nuclear, reconocida y respetada en todo el mundo y que se basaba en varias virtudes llamadas “desarrollo propio, control estatal del ciclo de combustible, y apuesta sostenida por la ingeniería nacional.”

La construcción y desarrollo de esa política nuclear fue impresionantea tal punto que el reactor CAREM 25 simboliza hasta hoy el camino más original e innovador de los programas nucleares. Y el cual hasta el año pasado vino salvándose del afán destructivo del gobierno de Javier Milei, quien ahora decidió frenar éste y otros proyectos en desarrollo, desviando toda la industria y toda futura investigación en estas materias en favor de la adopción de tecnologías estadounidenses.

Y es especialmene grave el hecho de que esta reorientación gubernamental de la estrategia y la industria nuclear es un golpe de gracia que liquida y tira a la basura de la Historia medio siglo de investigaciones y logros de científicos argentinos a los que todo el planeta ha aplaudido.

La infame Executive Order 14299 (EO 14299) –decidida y firmada el 23 de mayo de 2025 por el presidente Trump– es en verdad una medida engañosa que se anuncia como “integración estratégica” cuando en realidad no es más que una fenomenal pérdida de soberanía. Y para colmo, en una materia en la que la República Argentina invirtió 50 años de esfuerzos, capacitaciones y logros extraordinarios que el mundo entero aplaudió y agradeció.

Desde ya y como es evidente, semejante medida puede perfectamente ser calificada como “suprema burrada”, porque no sólo retrasa a las muy prestigiosas Ciencia y Técnica Argentinas, sino que además provoca la veloz rapiña de muchos países y empresas.

El especialista Daniel Arias, por cierto, explicó a esta columna y con toda paciencia lo que establece la “Executive Order 14299” decidida por Trump.

Ese documento, bajo el título “Deploying Advanced Nuclear Reactor Technologies for National Security”, declara como política de Estado norteamericana la aceleración del desarrollo, despliegue y exportación de reactores nucleares avanzados, incluidos los reactores modulares pequeños (SMR) y microreactores.

El decreto ordena al Departamento de Energía y al Complejo de Seguridad Nacional norteamericanos, “utilizar toda autoridad legal disponible” para instalar estos reactores en bases militares, centros de datos de inteligencia artificial, infraestructura crítica y otras instalaciones federales. También instruye a coordinar con el Departamento de Defensa y a simplificar licencias regulatorias.

Pero el punto más relevante para América Latina es el capítulo sobre exportaciones, que busca posicionar a las empresas nucleares estadounidenses como «socias de elección» para el crecimiento energético mundial, reduciendo la dependencia de tecnologías de “adversarios extranjeros” y ampliando la influencia estratégica de EEUU a través de “su industria nuclear”.

El mensaje fue y sigue siendo clarísimo, como ya se había anticipado en Septiembre pasado: la Argentina pasa de desarrollar su propio reactor a integrarse en la arquitectura nuclear estadounidense. O sea que nuestro país es condenado a ser Colonia también en esta decisiva materia en la que, para colmo, la Argentina ha sido hasta ahora ejemplar y mundialmente reconocida.

Para ejecutar esa política, el Departamento de Estado norteamericano impulsa el programa FIRST (Foundational Infrastructure for Responsible Use of Small Modular Reactor Technology), destinado a «apoyar» a países «aliados» que adopten los SMR de diseño estadounidense. El programa ofrece asistencia regulatoria, técnica y financiera, por supuesto, además de facilitar el acceso a cadenas de suministro y marcos normativos alineados con EEUU.

Así y hace muy poco, en septiembre pasado, y aunque la ciudadanía lo ignore, la Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en asociarse formalmente al FIRST. La Embajada de EEUU en Buenos Aires presentó la decisión como “parte de la agenda de la EO 14299” vinculando los SMR con seguridad energética, aplicaciones de inteligencia artificial y reducción de emisiones.

Como esta columna ya apuntó en notas publicadas aquí el año pasado, el CAREM 25 pasa ahora de la categoría “orgullo tecnológico» a la de «proyecto obsoleto”.

Y es que el CAREM 25 era, hasta 2023, el único SMR en construcción en todo el continente americano, según relevamientos de la OCDE y la AIEA. Diseñado íntegramente en el país, con una potencia de 32 MWe, buscaba demostrar la viabilidad de reactores compactos para polos industriales, desalinización y futuras exportaciones. Joya, nunca taxi.

Por eso la obra en la localidad de Lima, Provincia de Buenos Aires, tenía un avance estimado en el 70–80% en obra civil e ingeniería. Y el plan era iniciar el montaje electromecánico entre 2024 y 2025.

Sin embargo, en 2025 el asesor presidencial Demian Reidel —también presidente de Nucleoeléctrica Argentina SA— declaró públicamente que el CAREM era «obsoleto» y anunció su reemplazo por otro proyecto de SMR, pero éste alineado con tecnologías extranjeras. En los hechos, esto significó la paralización del reactor nacional.

Giro político con resonancias históricas, para muchos analistas este cambio recuerda a otra nefasta decisión tomada en los años 90, por el gobierno de Carlos Menem: cuando a cambio de una supuesta “mayor integración con EEUU en el área satelital”, lo que se hizo fue abandonar el proyecto misilístico Cóndor II, que era argentino y prometedor.

Entonces, como ahora, la Argentina optó por alinearse con la agenda estratégica norteamericana, renunciando a toda capacidad tecnológica propia en favor de cooperaciones internacionales macaneadoras. La única diferencia radica en que esta vez el terreno es el nuclear, un sector históricamente asociado a la soberanía, la seguridad y el desarrollo industrial. @

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