Grieta en EE.UU. tras el uso de la fuerza sin autorización del Congreso
La captura de Maduro abrió un frente de conflicto político en Washington
El rechazo cerrado del Partido Demócrata y las primeras disidencias republicanas reabrieron el debate sobre el uso unilateral de la fuerza, la doctrina Monroe y el rol del Poder Legislativo.
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro durante una operación militar de Estados Unidos en terreno venezolano abrió un frente de fuerte tensión política interna en Washington, con un rechazo unánime del Partido Demócrata, que denunció violaciones al derecho internacional, ausencia de autorización del Congreso y riesgos de una nueva escalada militar en América Latina. Aún dentro del oficialista Partido Republicano, donde se registró un rápido alineamiento en respaldo a la decisión de Donald Trump, comenzaron a surgir cuestionamientos sobre la legalidad y el alcance real del operativo.
Mientras Maduro comparecía ante un tribunal federal de Nueva York este lunes, la Casa Blanca avanzaba en un intento de contener el impacto político del operativo. Funcionarios de alto rango de la administración Trump brindaron una sesión informativa clasificada al Congreso, en un encuentro que reunió a los principales líderes de ambas cámaras y a los presidentes y miembros jerárquicos de los comités de Relaciones Exteriores, Fuerzas Armadas e Inteligencia.
Para el historiador y analista internacional Leandro Morgenfeld, autor del libro “Nuestra América frente a la Doctrina Monroe” , la ofensiva expone un conflicto de fondo en el sistema político norteamericano. “Trump se está autoatribuyendo el derecho de ir a la guerra de hecho, sin declararla formalmente, porque eso implicaría pasar por el Congreso”, señaló. Según explicó en diálogo con Página12, no se trata de un episodio aislado: “Esto ya lo vimos con los bombardeos de los últimos años, pero ahora el salto es cualitativo: el secuestro de un presidente en funciones”.
Rechazo unánime opositor
La decisión de informar al Congreso llegó después de un fin de semana marcado por duras críticas demócratas, que cuestionaron que el presidente ordenara una acción militar de gran escala sin consultar previamente al Poder Legislativo, tal como establece la normativa estadounidense para el uso de la fuerza en el exterior.
Incluso fuera del Congreso, el rechazo se amplificó. El flamante alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, confirmó que llamó personalmente a Trump para expresar su oposición a la intervención. Según relató, le advirtió que atacar unilateralmente a un Estado soberano constituye un acto de guerra y una vulneración de las normas federales e internacionales. “Esta persecución de un cambio de régimen no solo afecta a quienes viven afuera, sino que impacta directamente en los neoyorquinos”, advirtió en un poco habitual gesto de confrontación directa entre un jefe municipal y la Casa Blanca
Desde la oposición, dirigentes y legisladores denunciaron que la captura de Maduro constituye un acto de “cambio de régimen” encubierto. La congresista por Michigan, Rashida Tlaib, calificó la operación como “ilegal y no provocada” y sostuvo que se trató de una “violación grave del derecho internacional y de la Constitución de Estados Unidos”. En la misma línea, advirtió que la mayoría de la sociedad estadounidense “no quiere otra guerra para forzar un cambio de gobierno en el extranjero”.
El senador por Nueva Jersey, Andy Kim, acusó directamente a Rubio y a Hegseth de haber engañado al Congreso en sesiones previas, cuando aseguraron que la presión sobre Venezuela no tenía como objetivo un reemplazo del gobierno. “Mintieron deliberadamente”, escribió en redes sociales, y agregó que la Casa Blanca evitó el procedimiento constitucional porque “sabe que el pueblo estadounidense rechaza mayoritariamente otro conflicto armado”.
Las críticas se extendieron a figuras clave de los comités parlamentarios. Betty McCollum, principal referente demócrata en el subcomité de Defensa de la Cámara baja, exigió el cese inmediato de las acciones militares y afirmó que Venezuela “no representa una amenaza inminente” para Estados Unidos. El representante Jim McGovern y el senador Rubén Gallego coincidieron en señalar que, además de carecer de autorización legal, la ofensiva expone a ciudadanos y tropas estadounidenses a represalias en la región.
El liderazgo demócrata también se pronunció de manera institucional. Los jefes de bloque en el Senado y en la Cámara de Representantes, Chuck Schumer y Hakeem Jeffries, reclamaron explicaciones formales y rechazaron la idea, expresada por Trump, de que Estados Unidos “esté a cargo” de Venezuela durante una transición. “Ese plan es inaceptable”, señalaron en un comunicado conjunto.
A través de un video difundido en redes sociales, el senador y ex candidato presidencial, Bernie Sanders, sostuvo que Trump “no tiene derecho a dirigir Venezuela, como dijo”. “El Congreso debe aprobar de inmediato una resolución de poderes de guerra para poner fin a esta operación militar ilegal y reafirmar sus responsabilidades constitucionales”, afirmó. Según Sanders, la ofensiva no hará que Estados Unidos ni el mundo sean más seguros y advirtió que “esta violación del derecho internacional da luz verde a cualquier país a atacar a otro para apropiarse de sus recursos o cambiar sus gobiernos”
Para Morgenfeld, la reacción demócrata tiene un trasfondo más amplio: “Lo que Trump está haciendo es volar por el aire todo el sistema multilateral”. Según el analista, esa estrategia choca incluso con sectores que históricamente avalaron el intervencionismo, pero que hoy alertan sobre el costo político y estratégico de dinamitar las reglas del orden internacional.
Defensa al líder
Desde el oficialismo, en cambio, la mayoría de los dirigentes republicanos defendieron la operación y cerraron filas detrás del presidente. El presidente de la Cámara baja, Mike Johnson, la describió como una acción “decisiva y justificada para proteger vidas estadounidenses” y frenar el narcotráfico.
Senadores como Tom Cotton, Rick Scott y Mike Lee respaldaron la captura de Maduro y subrayaron que el mandatario venezolano enfrenta desde hace años acusaciones penales en tribunales federales. Cotton, uno de los principales aliados de Trump en política exterior, sostuvo que la intervención envía un mensaje claro a otros gobiernos y planteó que las nuevas autoridades venezolanas deberán “cumplir las demandas” de Washington.
No obstante, incluso dentro del Partido Republicano comenzaron a emerger disidencias. La congresista Marjorie Taylor Greene, exaliada de Trump convertida en crítica, cuestionó lo que consideró un doble estándar en la estrategia oficial contra el narcotráfico. En un mensaje difundido, puso en duda la narrativa oficial al recordar que Trump indultó recientemente al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado por tráfico de grandes cantidades de cocaína. “Remover a Maduro es un movimiento evidente para controlar el petróleo venezolano”, escribió, y lo vinculó con una estrategia más amplia de futuras guerras por cambio de régimen.
Las tensiones internas se reflejan también en el debate sobre los poderes de guerra. Sectores demócratas buscan reactivar una resolución para limitar nuevas acciones militares sin aval del Congreso.
Con elecciones de medio término en noviembre, bajos niveles de aprobación presidencial y fisuras incluso dentro del movimiento “Hacer a Estados Unidos Grande Otra Vez” (MAGA), que había prometido terminar con las guerras, la ofensiva sobre Venezuela se consolidó como uno de los ejes centrales de la agenda política estadounidense.
Informe: Mateo Nemec./Pagina 12
No hay comentarios:
Publicar un comentario