Las agroexportadoras dejaron de pagarle al fisco 162 millones de dólares entre 2017 y 2024
El cálculo surge del trabajo “Silos rotos, bolsas llenas”, publicado por Gustavo García Zanotti, miembro del Equipo de Trabajo Fiscal para la Equidad (ETFE) e Investigador Asistente CONICET. Se analizó la planificación fiscal nociva de Cargill, Bunge, Viterra, Monsanto, Dreyfus, Syngenta, Cofco, Adecoagro, ACA, Molinos Ríos de la Plata y Aceitera General Deheza
Detrás de la concentración empresarial en el sector agroexportador se esconde el submundo de la elusión fiscal a través de la triangulación de operaciones vía las mamushkas de sociedades radicadas en guaridas fiscales. La Argentina y la región no escapan de la planificación fiscal nociva que llevan adelante firmas como Cargill, Bunge, Viterra, Monsanto, Dreyfus, Syngenta, Cofco, Adecoagro, ACA, Molinos Ríos de la Plata y Aceitera General Deheza, a través de sus “empresas cáscaras” radicadas en Uruguay.
De acuerdo al trabajo “Silos rotos, bolsas llenas”, publicado por Gustavo García Zanotti, miembro del Equipo de Trabajo Fiscal para la Equidad (ETFE) e Investigador Asistente CONICET, se estima que las filiales del agronegocio radicadas en Uruguay evitaron el pago de aproximadamente 1328 millones de dólares en concepto de impuesto a la renta corporativa (Impuesto a las Ganancias) durante el período 2017–2024. De ese total, 1045 millones de dólares correspondieron al fisco brasileño y 162 millones al fisco argentino.
“Semejante concentración refuerza el poder estructural de la cúpula empresarial en la dinámica externa y productiva de la región, al punto de incidir de manera significativa en la orientación de las políticas económicas”, puede leerse en el documento que contó con el apoyo de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina.
Las empresas cáscara
Las filiales cáscaras de los grandes jugadores del agronegocio no producen nada; simplemente se apropian del valor y la riqueza generados en otras jurisdicciones. Según lo descripto por Zanotti, entre las prácticas más comunes se encuentran las operaciones de comercio entre partes relacionadas.
En estos casos, una empresa con actividad productiva vende su producción a una filial cáscara del mismo grupo económico a un precio inferior al de mercado. Luego, esta filial revende el mismo bien al precio pleno, apropiándose de la diferencia.
“El resultado es un mecanismo de transferencia de ganancias que actúa como un juego de suma cero: la empresa productiva reduce su rentabilidad, mientras la filial cáscara incrementa artificialmente sus beneficios”, afirma Zanotti.
En el medio, las empresas eluden la carga fiscal en los países donde producen. Este es uno de los complejos mecanismos de evasión global instrumentado a través de una planificación fiscal nociva que repercute en la vida de todo un país. Cuánto más chica es la recaudación, menor será el Presupuesto nacional (salvo que seas Javier Milei, no te importe el gasto público y te dediques al ejercicio cruel de la motosierra sobre las capacidades estatales).
En definitiva, este esquema favorece a que el excedente productivo generado gracias al esfuerzo conjunto de actores públicos y privados —trabajadores, proveedores, clientes, así como producto a las políticas públicas en obras de infraestructura, entes reguladores, etc.— “sea apropiado por un reducido número de grandes corporaciones que logran fugarlo hacia jurisdicciones de baja tributación”. ¡Es el sistema, estúpido!
El vórtice Uruguay
La guarida fiscal elegida por estas corporaciones –como también lo sabe el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperin- es Uruguay, que todavía sostiene una estructura jurídica funcional a la planificación fiscal nociva, la fuga de divisas y el lavado de activos.
A pesar de algunos cambios normativos producidos en los últimos años, Uruguay conserva una estructura que favorece este proceso de intermediación, donde las “empresas cáscaras” funcionan como traiders, lejos de cualquier proceso productivo.
- Se destacan las zonas francas, ámbitos en los cuales las empresas no tributan impuestos.
- Sigue vigente el Régimen de intermediación internacional, establecido mediante la Resolución DGI N.º 51 de 1997, destinado a empresas dedicadas a la compra y venta de bienes cuyo origen y destino se encuentran fuera del territorio uruguayo. Bajo este esquema, cuando no se genera valor agregado local, las empresas tributan apenas un 0,75% sobre la renta, en contraste con las alícuotas vigentes en Argentina (35%) y Brasil (34%).
- Las sociedades holding están exentas del impuesto a la renta de las actividades económicas por las ganancias derivadas de dividendos percibidos de empresas extranjeras o por los resultados de sus participaciones en el exterior.
“Las filiales en Uruguay son empresas cáscaras en las que no existe un proceso productivo real ni siquiera el commodity pasa por su puerto. El financiamiento que necesitan estas empresas cáscaras es para seguir adelante con esta intermediación sin valor agregado. Es decir, por ejemplo, necesitan financiamiento para comprarle la mercadería a la empresa controlante en Argentina. Parte de ese dinero se utiliza para desarrollar inversiones financieras con derivados, futuros, opciones, etc”, explicó el autor en diálogo con El Destape.
Evasión y elusión fiscal: ganancias ocultas
El vórtice de las empresas cáscara uruguayas cumple la función de manipulación contable y financiera orientada al traslado de ganancias y la elusión fiscal. Las empresas de capitales locales poseen la mayor parte de su facturación como grupo concretada a través de las cáscaras creadas en Uruguay.
En el caso de Aceitera General Deheza (Urquía – Acevedo), la concentración de la planificación fiscal nociva para eludir el pago de impuestos en la Argentina llega al 62%; la situación de Molinos (famiglia Pérez Companc) es mucho más abusiva con el 94%; la cooperativa ACA (que pertenece a Coninagro) traslada a la guarida fiscal el 75% de su facturación.
En el caso de Cargill, en 2024 trasladaba hacia las cáscaras uruguayas el 10% de la facturación total del grupo; la China Cofco lo hacía con el 20%, mientras que Bunge redujo su planificación fiscal nociva de un 25% en 2021 a un 2% en 2024 (situación que podría modificarse a partir de la oficialización de la su fusión con Viterra).
Las filiales del agronegocio analizadas registraron ganancias brutas por 713 millones de dólares en 2023 y 270 millones de dólares en 2024, con un acumulado de 4186 millones de dólares a lo largo de los ocho años considerados en el trabajo “Silos rotos, bolsas llenas”, que a su vez es una continuación del documento de trabajo “Cruzar fronteras para cosechar ganancias”, realizado en coautoría con Alejandro Gaggero e impulsado por Friedrich Ebert Stiftung (Argentina).
“Se estima que las filiales del agronegocio radicadas en Uruguay evitaron el pago de aproximadamente 1328 millones de dólares en concepto de impuesto a la renta corporativa durante el período 2017–2024. De ese total, 1045 millones de dólares corresponderían al fisco brasileño, 162 millones al fisco argentino y 122 millones a otros países de la región”, concluyó el investigador.
Apuntes sobre los flujos financieros de las empresas cáscaras
Estas empresas cáscaras poseen altos porcentajes de liquidez, además de recibir inversiones financieras desde otras guaridas fiscales donde operan las mismas agroexportadoras. “Los mayores volúmenes de financiamiento son canalizados por las multinacionales a través de firmas relacionadas como Koninklijke Bunge B.V. (Países Bajos), Cargill Global Funding (Reino Unido), Cargill International Luxembourg 2 Sàrl (Luxemburgo) y Cofco International Netherlands B.V. (Países Bajos), entre otras”, puede leerse en el trabajo de investigación.
En el caso de las filiales controladas por capitales argentinos, puede citarse la situación de la cooperativa ACA, que en 2013 creó una firma relacionada en Hong Kong —KEZI Trading Limited—, controlada desde Argentina; por su parte, AGD se financia a través de una filial vinculada radicada en los Países Bajos, denominada Losur Overseas B.V.
Las empresas cáscaras en Uruguay también se caracterizan por su liquidez. Entonces cabe la pregunta: ¿de dónde consiguieron las agroexportadoras el adelanto de 7000 millones de dólares durante la ventana de tiempo que duró la baja a cero de las retenciones en septiembre de 2025?
El negocio de la baja temporal de retenciones fue una clara influencia del sector sobre una decisión política, al margen de las urgencias financieras por las que atravesaba la administración Milei.
El Destape


No hay comentarios:
Publicar un comentario