Las falsas promesas de Trump y el impacto en los estadounidenses
El costo político de la Casa Blanca por el ataque a Irán
El republicano regresó al Ejecutivo bajo la promesa de America First, pero en poco más de un año ya ordenó ataques militares en siete países diferentes.
De buenas a primeras, los ciudadanos estadounidenses amanecieron con la noticia de que su país, en conjunto con el Estado de Israel, había atacado objetivos militares y civiles en Teherán, la capital iraní, sin la autorización previa y formal del Congreso, en otro de los caprichos imperialistas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En un año de elecciones, que en noviembre tendrá comicios legislativos y los republicanos podrían perder la mayoría en la Cámara de Representantes, la prolongación del conflicto en Medio Oriente le podría traer más costos que beneficios a un Presidente que llegó por segunda vez al poder bajo la promesa de América First (Estados Unidos primero), pero que en poco más de un año de mandato ya ordenó ataques militares en siete países diferentes.
La intromisión de Trump en conflictos ajenos, con los esfuerzos económicos y el desgaste que eso implica, podría hacer que deje al descubierto las problemáticas locales. Tras haber asumido en enero del año pasado, el republicano atraviesa el punto más bajo de su aceptación política, con crecientes cuestionamientos a su capacidad mental y su idoneidad para el cargo, la misma cuestión que provocó que Biden se baje de las elecciones en 2024. Una encuesta de Reuters-Ipsos publicada esta semana asegura que el 61 por ciento de los estadounidenses creen que el titular de la Casa Blanca se está volviendo errático con la edad, incluyendo a un 30 por ciento de los republicanos encuestados.
El analista y asesor político estadounidense Javier Maza considera que el ataque a Irán “rompe con una de las promesas más sensibles de su campaña”, al traicionar la frase “no más guerras”, con la que tanto insistió en su camino a la presidencia. Según sostiene Maza, el núcleo duro de votantes de Trump, conocidos como M.A.G.A. -una abreviación de la frase “Make America Great Again”- son especialmente reticentes a las guerras. “Muchos de ellos son veteranos, sobrevivientes, incluso varios han quedado mutilados tras participar en una guerra, entonces, en lo personal, les toca como un tema muy sensible. Trump lo sabía, por eso fue una de sus promesas de campaña”, explicó el analista.
Sin embargo, pese a la desaprobación de una buena porción de sus seguidores, para Maza, Trump tuvo que recurrir al conflicto armado porque “su aprobación está de capa caída”, de acuerdo a lo que reflejan las encuestas, incluyendo las de medios históricamente conservadores que habitualmente apoyan al republicano. “Tiene un rechazo ciudadano de arriba del 60 por ciento. En el último medio siglo no ha habido un presidente de Estados Unidos que en su primer año tenga una desaprobación tan alta como la tiene Trump”, detalló.
El sociólogo y analista internacional, Gabriel Puricelli agregó que “parte de esa tendencia negativa se debe a la desaprobación de su política exterior, que, junto al trato dado a los inmigrantes, son los dos rubros de su política que más rechazo provocan”. Una encuesta elaborada por la Universidad de Quinnipiac arrojó que el 70 por ciento de las personas consultadas se opone a la participación militar de Estados Unidos en Irán.
El otro gran problema que tiene Donald Trump es su potestad para iniciar una guerra sin la aprobación del Congreso. Según la Constitución norteamericana, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente puede hacer ciertas operaciones militares en el extranjero de limitado alcance y duración sin el permiso del poder legislativo. Sin embargo, “lo de Irán es una historia completamente diferente, Trump ya dijo que el propósito es el cambio de régimen”, advirtió Maza, dejando en claro que, de querer seguir por la senda constitucionalista, deberá conseguir la aprobación de ambas cámaras del Congreso.
El presidente del Partido Demócrata, Ken Martin, aseguró en diálogo con Página/12 que “los estadounidenses no ven con buenos ojos a los presidentes que nos arrastran a conflictos mortales, costosos e interminables”. Por este motivo, “los demócratas en el Congreso están exigiendo respuestas en nombre del pueblo estadounidense, que ha dejado en claro que no apoya la guerra de Trump”, afirmó Martin.
“El Congreso ya ha escuchado las voces de algunos representantes demócratas e incluso republicanos que han dicho que esto no puede avanzar y que el Congreso necesita discutir si se le da o no la luz verde para una operación a largo plazo. La tiene muy complicada porque es un Congreso que ya está, de alguna manera, ofendido por la cantidad de veces que Trump ha pasado por encima de ellos”, evaluó Maza. En tanto, para Puricelli, “mientras los republicanos no pierdan el control del Congreso, es poco probable que el legislativo logre que Trump vuelva al carril constitucional”.
Justamente ese control es el que los republicanos ponen en juego a finales del 2026, cuando en noviembre tengan lugar las elecciones de medio término que renuevan la totalidad de la Cámara de Representantes -equivalente a la de Diputados- y un tercio del Senado. “Trump sabe muy bien que si sigue así, va a perder por goleada y está tratando, ya desesperadamente, de ver cómo levanta aprobación, cómo gana más espacio político”, planteó el analista estadounidense, Javier Maza.
Informe: Thiago Buglione/Pagina 12
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