5 de abril de 2026

Milei se abraza a Caputo, el responsable de que los números sean cada vez peores

El ministro de la crisis y el perro San Bernardo

En el momento más delicado de la economía, Luis Caputo se transformó en el único garante del plan ante un establishment que ya desconfía de la viabilidad presidencial y sólo recurre a Milei “para la foto”. Como con Adorni, el Presidente trazó con el jefe de Hacienda una teoría de conspiraciones contra el modelo y escrache de periodistas y economistas.

Leandro Renou

Los desembarcos milagrosos y desordenados en el poder generan, a la corta o a la larga, problemas propios de esos procesos casuales. Con el gobierno entrando en su momento más crítico, la economía estancada y escándalos como Libra, los créditos hipotecarios millonarios a funcionarios libertarios y los lujos y enriquecimientos presuntos del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, Javier Milei entró en una vorágine difícil de frenar. Confrontación sorda con sectores de poder y negación de la realidad vía la construcción de un relato con datos mayormente falsos. Por esas paradojas de la política, en esa dinámica, el Presidente quedó de rehén del ministro que rompió la economía. El jefe de Hacienda, Luis Caputo, es para el Círculo Rojo una especie de garante de la estabilidad del programa económico que quieren los ceos. En contraposición a lo que ven en el Presidente: un mandatario en el que ya es difícil apoyarse, confiar, y verlo como el líder de un proceso alejado del riesgo.

En este contexto, el arco narrativo del funcionario de Hacienda es surreal: quien en cualquier otro gobierno sería un fusible ante la malaria, es para Milei mucho más que un ministro. Hoy, para los factores de poder, los que mueven la agenda, sin Caputo no hay Milei. No hay gobierno. El ministro, hábil entendedor de la dinámica internista de los gobiernos, se encarga de aclarar, cada vez, que él está validado en sus acciones por “Javier y Karina”, la secretaria de la Presidencia. Toda esa escena sintetiza, como adelantó PáginaI12 hace dos semanas, por qué los inversores esperan ver qué pasará en 2027.

La degradación de la figura del Presidente y la baja en la valoración de su gestión, que hasta hace unos meses era un activo, se ve en las encuestas y en la consolidación del período que hace el sector económico y, sobre todo, los mercados. De repente, todos quieren hablar los asuntos importantes sólo con Caputo y tomarse fotos con Milei. Los financieros son crueles: en las últimas 48 horas, en una reunión de operadores argentinos en Wall Street de la que tuvo conocimiento este diario, uno de ellos utilizó una figura muy gráfica: “Hoy por hoy, Milei es como el perro San Bernardo de Bariloche”. El ejemplo no será placentero para el oficialismo, pero es lo que se vio en eventos muy recientes.

Esa preponderancia del caputismo en el Ejecutivo ya se había visto en dos hechos de la semana pasado. El primero de ellos, la semana Argentina en Nueva York. El segundo, una reunión de inversiones energéticas que se desarrolló en el Hotel Alvear. En la escala estadounidense, el salón donde hablaron los funcionarios no estaba enfocado y completo durante el discurso de Milei, y sí se llenó cuando hablaron Caputo, el canciller Pablo Quirno y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. Además, los presentes pidieron hablar con los funcionarios. En el IEFA Latam, un encuentro que está apadrinado por José Luis Manzano, volvió a hablar Quirno.

Milei tiene una manera particular de relacionarse con sus funcionarios. El nexo es afectivo, lo que no sólo le quita profesionalismo a la relación, sino que, además, condiciona al mandatario a la hora de “soltar” personas que deberían ser, como en todos los gobiernos, variables de ajuste y no amistades. Algo en esa línea se vio el Día de los Caídos en Malvinas, donde Milei se abrazó excesivamente a Adorni, un fierro cada vez más caliente. A Caputo, según cuentan quienes siguen el vínculo, no para de mandarle mensajes de WhatsApp, elogiosos en exceso. Por lo menos particular.

Esa cuestión, inconvenientemente cariñosa, permite que el plan original de Milei, más parecido a la línea ultra, empiece a quedar lentamente sin efecto. Caputo es un moderador en las sombras, y el Presidente casi que está obligado a creerle.

“Toto” hizo un ajuste que no dominó la inflación y su programa fue rescatado dos veces por Estados Unidos, pero logró de todos modos convencer al Presidente de cosas muy emblemáticas: la primera, moderar las subas de naftas para que no se vayan a una inflación que podría ser del 3,5 por ciento en marzo; la segunda, soltar la soga para habilitar créditos de consumo para ver si la sociedad sale de la malaria. A esos dos puntos les dio el ok el Presidente, pero evitó otras correcciones.

La lista de “buscados”

Hace unos días, los grandes supermercadistas del país le dijeron a Caputo que los ingresos desplomados son la clave central de la crisis de ventas. Pero el ministro no sólo niega, sino hace algo que es más preocupante: no considera que la recuperación de los ingresos sea factor central en la caída de las ventas. El problema es bastante serio. En ese marco, algunos cuadros oficiales intentaron apiadarse de los adultos mayores y debatieron actualizaciones en el bono a jubilados, uno de los sectores más golpeados por la alta inflación y la baja del poder adquisitivo. Pero lo rechazaron desde Hacienda y Presidencia.

Ese extra está congelado en 70 mil pesos desde diciembre del 2023. La inflación desde que Milei es gobierno está cercana al 200 por ciento. En 2023, esos 70 mil pesos compraban casi 15 kilos de carne ($5700 el kilo), hoy algo más de 3 kilos. También alcanzaba para comprar 35 kilos de pan, hoy sólo 20. En 2023, ese bono alcanzaba para dos tanques llenos de nafta super, pero hoy no paga ni uno. En medicamentos, si un jubilado tiene dos patologías crónicas, gasta unos 100 mil pesos en remedios. El bono hoy lo obliga a racionar remedios. Por eso, se viabilizó el congelamiento de naftas por 45 días esta semana. El bono no tuvo la misma suerte, se cobrará en abril por valor de 70 mil pesos.

Caputo les dijo a los propios que comprende la dinámica de la política interna del gobierno, y que va a ayudar al Presidente el tiempo que sea necesario. Hay muchos empresarios que hablan por teléfono con el ministro y le preguntan por qué el Presidente es tan virulento en el mensaje, cuando la cosa está tan picante. “Él es así”, responde “Toto”, ya medio resignado. En privado, en cambio, juega a full con la idea de conspiración multilateral que se le ocurrió a Milei. Entre los dos trazaron una teoría sobre los medios de comunicación operando, algo que a Milei le sirve de retórica estéril y a Caputo lo ayuda a buscar un responsable de su propia crisis. Uno de los jóvenes edecanes de Toto, en una conversación privada, le preguntó: “¿no estamos flasheando demasiado con el periodismo?”. El ministro le puso cara de que, quizás, sea mucho, pero es lo que requiere LLA.

En paralelo, Milei memoriza a los economistas que ve en redes dando mensajes, sobre todo en X, contra el Gobierno o lo que él entiende como ataques. Una pseudo cacería medio bizarra de “culpables”. Ricardo Delgado, de la consultora Analytica, fue apuntado esta semana por decir que el dólar a 1400 no existe y que debería correr a 1600 pesos. La furia de Milei contra él derivó, además, en que Caputo mencionara, en un evento en la Bolsa, que le gustaría “cagarlos a patadas en el culo” a los que piden devaluación. La próxima víctima que se analiza es Domingo Felipe Cavallo, que pidió más inflación para no perder actividad. Caputo se mimetiza con las excentricidades inútiles de Milei, porque además sabe que en la fila de espera está el ministro que no tiene el menor interés en que la economía repunte y que se pone en la pole para sucederlo: el eterno insistidor, como le dicen en el PRO, a Federico Sturzenegger.

Los números no cierran

El gobierno va camino a cumplir dos años y medio haciendo ajuste y pidiéndole a la gente que aguante. Y los números no reflejan otra cosa que esa situación. La Unión Industrial Argentina (UIA) dio datos de febrero que muestran una caída interanual del 3 por ciento. Según confiaron desde la entidad a este diario, marzo viene igual de malo. El dato más fuerte es que, sacando IPC y Pobreza (dos índices cuestionados por diferentes razones), no hay ningún número de la economía de Milei que sea mejor que los del fallido gobierno de Fernández.

La industria, por caso, no sólo cayó en los dos años de Milei, sino que está 9 puntos abajo del 2023. El periodismo eufemístico podrá buscarle figuras más o menos amables, pero los números son de catástrofe.

En medio de este escenario, la cúpula de la UIA se fue a pasar Pascuas a destinos turísticos internos y externos, casi como no queriendo ver. La bronca avanza en cámaras paralelas.

Esta semana, la Asamblea Plenaria del Consejo Económico y Social de la Provincia de Santa Fe, integrada por instituciones representativas del entramado productivo, social y académico, emitió un comunicado manifestando “su preocupación ante las crecientes dificultades que atraviesan diversos sectores de la actividad económica, en particular en lo relativo al sostenimiento de la producción y el empleo”. En el final del texto, son directos: “la combinación de altas tasas de interés, apreciación cambiaria y un mercado interno debilitado configura un escenario de elevada complejidad, reflejado en la caída de la actividad industrial, el cierre de establecimientos y la pérdida de puestos de trabajo en la provincia, con efectos negativos que se extienden al conjunto de la economía”, expresaron.

El responsable de sacarlos del pozo es el ministro del ajuste, que responde al Presidente del ajuste. Y del que el Presidente depende y precisa como agua en el desierto.

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