La rebelión de Bullrich y la pólvora mojada de Karina
No va a haber una ruptura en el corto plazo porque ninguna de las dos partes se lo puede permitir. Sin embargo, no logran encapsular y esconder la tensión creciente dentro del oficialismo.
No va a haber una ruptura en el corto plazo porque ninguna de las dos partes se lo puede permitir. Al Gobierno, un quiebre expuesto le partiría los bloques en ambas cámaras del Congreso y dejaría una buena parte del sistema en modo de oposición total. Bullrich, por su parte, sabe que va a necesitar los votos del núcleo duro que aún conserva Milei para ganar eventualmente un ballotage contra un candidato del peronismo, entonces quiere evitar que ese electorado le cuelgue el cartel de la traición, como hicieron en su momento con la vicepresidenta Victoria Villarruel. Cree que la propia dinámica de los acontecimientos acomodará las cosas en su favor.
La estrategia política del Gobierno, copiada del modelo de Trump y Bolsonaro, era la de una polarización asimétrica: unificar todo el campo de derecha bajo un liderazgo férreo y personalista, que no permita que crezca el pasto a su alrededor, y fraccionar al resto del sistema. Por eso durante los primeros dos años de su mandato dedicó más esfuerzos en romper al PRO y desempoderar a Mauricio Macri que en confrontar con el peronismo. Después de las elecciones del año pasado parecía que lo habían conseguido. Hoy ese liderazgo está más cuestionado que nunca. Bullrich representa un desafío con financiamiento, aparato, dirigentes y (algunos) votos.
Pasó debajo del radar pero esta semana la senadora contó con el micrófono encendido que le presentó su renuncia a Milei. La noticia remite directamente a la ruptura definitiva entre CFK y Alberto Fernández, tras la derrota en las PASO de 2021, cuando una docena de funcionarios que respondían a la vice, incluyendo al ministro de Interior, Wado de Pedro, hicieron lo mismo. Su revuelta en el Senado tiene muchas chances de éxito en sostener el pliego de la jueza María Verónica Michelli, que Milei promovió primero y luego quiso retirar extemporáneamente. Las encuestas la muestran consistentemente más popular que el primer mandatario.
La preocupación generalizada de los ganadores de este modelo en “sostener el rumbo”, es decir en consolidar las ventajas obtenidas durante estos años para que un futuro gobierno no pueda ponerlas en cuestión, encuentra en Bullrich todo lo que no ve en Milei: la ven confiable, profesional y pragmática. Ella vende además la capacidad probada de ejecución de un plan represivo que va a escalar en los próximos años. Cada semana que pase en rebeldía sumará nuevos adeptos a su candidatura; viudas e hijas de Javier y Karina Milei, expulsados y destratados, espantados y escépticos. Ya todos pueden ver que Karina tiene la pólvora mojada.
El Destape
No hay comentarios:
Publicar un comentario