Bunge cerró su planta de fertilizantes y dejó a 200 trabajadores en la calle
La planta fue fundada en la década del 60 y fue pionera en la fabricación de fertilizantes en América Latina. Los despedidos son trabajadores formados que cobraban en promedio 5 millones de pesos. La firma adujo que es más barato importar de China que producir en Campana.
La empresa multinacional Bunge anunció el cierre de su planta de fertilizantes en la localidad bonaerense Campana y quedarán sin empleo 200 trabajadores. Será un duro golpe económico para la zona debido a los altos salarios que se pagan y que son motor de la economía local. El secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos de Zárate, Oscar Casco, adelantó que se presentarán ante el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires para intentar evitar el cierre de la fábrica y sostener los puestos laborales.
En una reunión con trabajadores, directivos de la empresa explicaron que dejó de ser competitivo fabricar en el país tiosulfato de amonio, un fertilizante a base de azufre y amoníaco, y que resulta más barato importarlo desde China. El sindicalista señaló que la noticia llegó mientras la planta se encontraba en una parada anual programada para realizar reparaciones. "El lunes a las 17 sacaron a todo el mundo y dijeron que en el curso del día de hoy van a estar llegando los telegramas de despido", relató Casco. Al momento de la entrevista, aclaró, los trabajadores todavía no habían recibido las notificaciones.
El dirigente detalló que en la planta trabajan entre 80 y 90 personas bajo convenio del sindicato Químico y otras 25 a 30 fuera de convenio. A ellas se suman trabajadores de mantenimiento, vigilancia, comedor, limpieza y otras actividades vinculadas. En total, calculó que alrededor de 200 personas se quedan sin trabajo.
La política de apertura indiscriminada de importaciones del Gobierno y la reducción de aranceles para productos químicos que se producen fuera de Argentina son los principales motivos del cierre. A esto se suman los altos costos de las materias primas y la energía que dificultan la competencia con productos chinos. Casco explicó que la empresa no había planteado dificultades económicas en las negociaciones previas: recordó que en mayo firmó un acuerdo paritario junto con otras compañías de la actividad sin advertir problemas.
El sindicato presentará una denuncia formal ante el Ministerio de Trabajo para solicitar una audiencia. "La intención de nosotros es revertir esta situación y pelear los puestos de trabajo", afirmó Casco.
La planta que ahora pertenecía a Bunge comenzó a operar en 1968 y fue pionera en la producción de fertilizantes para el campo en América Latina. La fábrica primero estuvo a cargo de Petrosur, luego pasó a manos de Pérez Companc (PECOM) y después fue adquirida por Petrobras. En noviembre de 2009 fue finalmente adquirida por Bunge Argentina por aproximadamente 71 millones de dólares.
Los trabajadores tienen una alta formación química y su salario promedia los 5 millones de pesos. "Un operador necesita entre cuatro y cinco años de formación para trabajar de manera segura en una instalación de este tipo", explicó Casco.
Zárate- Campana, un cementerio de fábricas químicas
La región industrial de Zárate-Campana atraviesa una crisis en el sector químico y petroquímico, marcada por el cierre de fábricas, despidos y reducción de personal. Uno de los casos más importantes fue el de Clariant, la multinacional suiza que en junio de 2025 anunció el cierre definitivo de su planta de Zárate, con 42 trabajadores despedidos según el sindicato. Poco después, Archroma cerró sus instalaciones y desvinculó a otros 25 operarios.
Entre ambas compañías, se perdieron 67 puestos de trabajo. A estos casos se sumó Barcan Química, una empresa dedicada al fraccionamiento de productos químicos que cerró después de 12 años de actividad en la ciudad y dejó sin empleo a sus ocho trabajadores. Los cierres también provocaron preocupación sindical por la seguridad ambiental de las instalaciones abandonadas.
La crisis también alcanzó a otras compañías que, sin cerrar completamente sus operaciones, avanzaron con recortes de personal o atravesaron conflictos laborales. Agrofina inició un procedimiento preventivo de crisis y planteó la posibilidad de desvincular a 70 trabajadores, mientras que Alpek protagonizó un conflicto por 29 despidos que inicialmente se resolvió mediante la intervención del Ministerio de Trabajo. Posteriormente, la compañía cerró su planta de reciclaje Ecopek en Zárate, con otros 40 puestos afectados.
También se registraron conflictos y denuncias de despidos vinculados a Bayer, incluidos trabajadores tercerizados. El deterioro del empleo industrial fue denunciado por los sindicatos de la región, que advierten sobre las consecuencias de la reducción de la actividad productiva.
El panorama se agravó durante 2026 con el cierre de Cabot Argentina en Campana, la única fábrica de negro de humo del país, que llevaba más de seis décadas funcionando y cuya salida afectó a unos 150 trabajadores directos e indirectos. También se registraron despidos en la planta de Air Liquide.
Los conflictos se inscriben en un proceso de deterioro del cordón industrial que los sindicatos vinculan con la caída de la producción, el avance de las importaciones y la reducción de costos empresariales. Monsanto y Unilever también forman parte del entramado industrial de la región, aunque no encontré información suficiente para precisar despidos recientes en esas dos compañías. La sucesión de cierres y recortes evidencia una pérdida de capacidad productiva y de puestos de trabajo industriales en uno de los principales polos químicos del país.
El Destape


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