28 de octubre de 2026

En cuestión de minutos, Flávio Bolsonaro pasó de ser “presidente electo de Brasil” a “líder”

En un extenso comunicado, el excandidato de ultraderecha que escapó a Estados Unidos con escala en Argentina tras perder el balotaje con Lula da Silva habló de “fraude electoral”, sin presentar pruebas. Le agradeció a Javier Milei y a Donald Trump por ser cómplices de su huida.

Flávio Bolsonaro rompió el silencio tras varias horas de permanecer prófugo, luego de abandonar Brasil tras la derrota electoral frente a Lula da Silva. Lo hizo con un extenso comunicado que publicó, borró y volvió a difundir con una modificación que no pasó inadvertida: en la primera versión se autoproclamaba “verdadero presidente electo de Brasil”, mientras que en la segunda rebajó el tono y se presentó como “líder de Brasil” con solo 22 minutos de diferencia.

Redes Sociales

“Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente de Brasil”, se puede leer en el primer posteo del excandidato ultraderechista, escrito a las 17.19 horas.

Redes Sociales

En cambio, en la segunda y última publicación de las 17.41, posteó: “Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como líder de Brasil”.

Redes Sociales

La carta completa de Flávio Bolsonaro (segunda versión)

“Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como líder de Brasil.

Antes que nada, quería agradecer al presidente Milei por su valentía, su sentido de la justicia y de la legalidad; al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por recibirme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que las buenas personas de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.

La noche del domingo, vi horrorizado cómo se concretaba un fraude electoral ante mis ojos. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se concretara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), que se arrogó competencias por encima del Tribunal Superior Electoral (TSE), extendió la votación a último momento, y la orden llegó recién después de que venciera el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se ha limitado a defender la prórroga del horario y no ha dado ni una sola respuesta creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político y económico, así como utilización de los recursos del Estado en favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin.

La respuesta del régimen a mis cuestionamientos llegó rápidamente. Como si se tratara de un plan previamente elaborado, siete minutos después de ese repugnante fraude electoral, el juez, implicado en un enorme escándalo de corrupción, mencionado directamente en la investigación que utilizó para intentar secuestrar mis pasaportes y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido que yo asumiera el cargo, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar impedido desde el comienzo y ser completamente sospechoso para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actuaciones procesales demuestra la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.

No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente adónde conduce esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses, tiene un único objetivo: silenciar a cualquier persona que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema controlada por la organización criminal petista.

Para que quede claro, no existe ninguna orden de detención en mi contra porque no cometí ningún delito. Lo que existe es una caza de brujas por motivos políticos, cuyo objetivo era convertirme en rehén y en objeto de chantaje para proteger a los jueces corruptos de la Corte Suprema frente a un juicio político que pudiera destituirlos. Este es el guion de la persecución: incautación del pasaporte, tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, un juicio armado y, finalmente, una condena política.

No voy a someter a mi familia a esto, y mi país no merece volver a pasar por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco una vez más al presidente Trump y al Gobierno estadounidense por recibirnos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.

Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por Brasil; me alejé de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, porque, silenciado, preso y censurado, como está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y terminaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por la Corte Suprema, repleta de servidores del régimen.

No soy el primero que debe luchar por su propio país desde el extranjero. Rui Barbosa se exilió por enfrentarse al autoritarismo de Floriano Peixoto y desde allí siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró a la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista, y María Corina Machado, pese a ser perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.

Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de votantes, sino también al pueblo brasileño, que soy el presidente electo y que los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía. A ustedes, que anhelaban un cambio, quiero decirles que no los abandonaré: seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.

A las instituciones brasileñas les hago un llamamiento: esta locura tiene que terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y de persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz ni prosperar de esta manera. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los poderes del Estado y devolverles a los brasileños la confianza que han perdido.

A la comunidad internacional le pido que no normalice lo que está sucediendo en Brasil. Lo que ocurre hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como algo normal.

A los senadores, diputados y gobernadores a los que ayudé a elegir, y especialmente a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho, les digo: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para ejercer plenamente la actividad política. Por eso, lideraré a la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes no pueden decir allí y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.

Y a vos, que votaste por mí y soñás con un cambio, quiero decirte que no estamos derrotados ni estamos solos. Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. En los próximos días, me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular que tenemos, por todos los medios pacíficos y legítimos, para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Les pido a todos que se mantengan firmes y que nunca se rindan.

Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.

Que Dios bendiga a Brasil.

Flávio Bolsonaro”.

Pagina 12


No hay comentarios: