Cambios en la forma de cálculo del índice de precios al consumidor
Objetivo cumplido
Tal como anunció el gobierno, la próxima medición del índice de precios al consumidor, que se publica el 11 de febrero, se realizará con una nueva metodología. Esto se inscribe en un contexto de cambios metodológicos anunciados por el propio INDEC, no sólo para la inflación, sino también para los salarios y la pobreza.
Existen amplios consensos de que, en el IPC en particular, el problema refiere a la canasta de consumo, para nada representativa de la vida de los argentinos. Un amplio abanico que va desde sectores de la oposición hasta el propio FMI cuestiona la calidad del dato. El organismo escribió, en el acuerdo original y la revisión posterior que “se espera que el INDEC publique a finales de 2025 el Índice de Precios al Consumidor actualizado, basado en la encuesta de gastos de los hogares de 2017-18, para reflejar mejor los cambios estructurales en los patrones de costos y mejorar la calidad de los datos”.
Frente al anuncio oficial, en las últimas semanas se han escuchado voces que sugieren, con natural expectativa, que la nueva medición mostrará, ahora si, la realidad de los precios. Esto es válido, pero sólo parcialmente: el ajuste se hace hacia adelante, por lo que “lo hecho, hecho está” y la modificación no corregirá los 11 puntos de inflación no incluida en el IPC desde que asumió Milei. Ese diferencial quedará escondido “bajo la alfombra”. Objetivo cumplido.
Pero para entender cómo llegamos hasta acá, hay que entender cómo funciona el indicador. La primera pregunta es ¿qué son los ponderadores? Es la importancia relativa de bienes y servicios consumen los hogares en promedio. Estos datos surgen de la ENGHO, Encuesta Nacional de Gastos de Hogares, que se realiza cada cinco años aproximadamente ¿Qué ponderadores se usan hoy? Se utilizan los gastos de los hogares urbanos de la ENGHO 2004/05 por región y de las variedades que se relevaban en diciembre de 2015, con precios corridos a la fecha de diciembre 2016 y actualizando, desde ese momento en adelante, la incidencia de cada rubro por precio. Ese constituye el ponderador final. De la actualización de los rubros por precios viene el carácter híbrido del indicador. Por ejemplo, los datos actualizados por la variación de precios arrojan que el rubro Vivienda y Transporte se reduce de 9,4% y 11,0% respectivamente en diciembre 2016 a 6,3% y 10,1% en noviembre 2023 y muestran una mayor ponderación en alimentos y bebidas, pasando de 27% en 2016 a 30,8% a noviembre 2023.
Las actualizaciones de los ponderadores vía precios hacen que las variaciones relativas, aquellas que no son bruscas, tiendan a “compensarse” en el tiempo. O dicho de otro modo, en escenarios de baja inflación o poca variación de los precios de un rubro respecto de los otros, esta metodología tiende a ajustar en los meses siguientes. El problema se produce cuando hay cambios repentinos en las cantidades consumidas o en la estructura de gastos. El INDEC no llega a medir eso, es decir, “no la ve”.
Supongamos que una sociedad consume 50% tomate y 50% lechuga. Si el tomate aumenta 100% y la lechuga 0%, entonces la inflación sería de 50%. Pero es probable que, si eso sucediera, dicha sociedad dejaría de consumir tomate y consumiría más lechuga. El INDEC no logra mensurar ese cambio en el comportamiento en tiempo real. En el caso argentino, si la luz aumenta 500% de un mes a otro, el dinero del gasto total destinado a ese rubro se incrementa sustancialmente. El INDEC no lo registra dado que la corrección por precio del ponderador servicio se produce al mes siguiente, es decir, llega tarde. No está mal la captación del precio, sino que cuando aplico la variación de 500% de servicios sobre un ponderador menor al real, entonces subestimo el índice de precios. Si, eventualmente, en los meses subsiguientes pasara lo contrario, es decir, el resto de los rubros aumentase 500% mientras que servicios no siguieran el mismo curso, el indicador tendería a compensar esas diferencias. Pero la magnitud del salto impide que eso suceda, consolidando la distribución del gasto promedio entre cada uno de los rubros.
En resumen, ¿cuál es la limitación de usar ponderadores fijos que se actualizan en cada ENGHo? No están preparados para cambios sustantivos en corto plazo en pautas de consumo, que son las que determinan la inflación.
A esta altura del análisis es posible preguntarse ¿Por qué no hacer una nueva medición de ponderadores? La respuesta es muy concreta: mensurar el consumo de la población no resulta una tarea sencilla, es un proceso costoso y lleva mucho tiempo. Pero al inicio de la gestión Milei, el INDEC ya contaba con una nueva estructura de canasta de consumo derivada de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018 (ENGHo17/18) y, por lo tanto, tenía pleno conocimiento de los cambios en los patrones de consumo de los hogares. Además, el organismo era consciente de que, a partir de los fuertes incrementos tarifarios registrados desde la asunción del actual gobierno, se profundizaría el desfasaje de los ponderadores con la realidad de consumo. Y, finalmente, el Instituto conocía también las implicancias estadísticas de postergar la actualización metodológica, en particular considerando que este tipo de correcciones no se aplican de manera retroactiva. En consecuencia, no resulta posible interpretar la demora en la actualización de la canasta y de los ponderadores como una mera omisión técnica. Por el contrario, la evidencia sugiere que se trató de una decisión deliberada, con efectos directos sobre la medición de la inflación en el período analizado.
¿Desde cuándo deberían aplicarse los cambios de los ponderadores? Este es un tema trascendente, porque determina el diferencial de inflación. Dada la explicación previa, para captar los reacomodamientos sustanciales de precios relativos derivados de las políticas aplicadas por la actual gestión lo razonable hubiese sido aplicar los cambios antes de tales decisiones, es decir, en noviembre de 2023.
Para los que sostienen el argumento “¿por qué no se aplicó en la gestión anterior?”, sugiriendo que los ponderadores 2017/2018 hubiesen significado un efecto al alza de la medición del IPC, les recomiendo hacer el cálculo: dado que, en buena parte del periodo, las tarifas estuvieron congeladas, el efecto sobre precios es a la baja (aunque muy levemente).
¿Cuál fue el efecto concreto? La encuesta 2017/2018 computa un crecimiento del porcentaje de gasto que los hogares destinan a los servicios como agua, electricidad y gas desde 9,4% - si consideramos los valores originales a 2016 - a 14,5%, un incremento en “Transporte” de 11% a 14,3%, un aumento en “Comunicaciones”, de 2,8% a 5,2% y una reducción de la ponderación de los alimentos de 27% a 22,7%. Estos ponderadores aplicados desde noviembre 2023 indican que, hasta diciembre de 2024, hubiesen significado una inflación adicional de 9,3% (198,7% versus 173,2%, es decir, 25,5 puntos porcentuales). En este período, las diferencias se concentran en dos meses en particular, febrero y abril de 2024, donde los precios del rubro “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” aumentaron significativamente por encima del promedio (20,2% en febrero 2024 vs 13,2% del índice general y 35,6% en abril 2024 vs 8,8% del índice general), al que se suma el rubro “Transporte” en el mes de febrero 2024 (21,6% vs 13,2% del índice general). Las diferencias se moderan en 2025, justamente porque las variaciones en los rubros en general fueron más suavizadas: la inflación sumó 31,5% y debió haber sido de 33,8%, es decir, 2,3 puntos porcentuales o 1,8% más.
En suma, en el período noviembre 2023 - diciembre 2025, mientras que con los ponderadores actuales, la inflación acumulada fue de 359,3%, si aplicáramos los ponderadores de la ENGHO 2017/18, la inflación acumulada sería de 399,7%, 40,4 puntos porcentuales, por lo que la diferencia resulta significativa: 11,3% más de inflación acumulada.
Pagina 12
No hay comentarios:
Publicar un comentario