1 de diciembre de 2013

"El pedido de Repsol por sus acciones era exagerado"

Miembro del Directorio y del Consejo de Administración de Pemex, critica a los jerarcas de la española por demorar el acuerdo con Argentina. El posible desembarco de YPF en México.  



A pocos días de haberse rubricado el preacuerdo entre la Argentina y Repsol por las acciones expropiadas a la firma española en YPF, la calma y la perspectiva de un mediano plazo más promisorio que trajo el convenio se respira también en las oficinas de Petróleos Mexicanos (Pemex). Es que el tercer accionista en importancia dentro de Repsol fue clave y parte seriamente interesada en una resolución veloz de un asunto complejo. Emilio Lozoya, el titular de la compañía azteca, actuó como gestor de un acercamiento entre Argentina y España que, en tierras mexicanas, se observa por estas horas como algo más que un convenio entre partes por una porción accionaria.
Desde el Distrito Federal, Fluvio Ruiz Alarcón, miembro del Directorio de Pemex y del Consejo de Administración de la petrolera, mantuvo una charla extensa con Tiempo Argentino, en la que dio detalles de cómo se gestó el convenio Repsol-YPF, criticó las piedras en el camino que puso en su momento la línea de ejecutivos de Repsol comandada por Antonio Brufau y enmarcó el resurgir de la petrolera que conduce Miguel Galuccio en un logro político de la recuperación estatal del manejo de la compañía. Asimismo, consideró que la compensación que recibirá Repsol es "adecuada" y analizó el nuevo mapa energético y geopolítico de la posesión del recurso.
 
–Hasta hace unas semanas, el acercamiento de posiciones entre YPF y Repsol parecía un tema lejano. ¿Lo resolvieron finalmente más rápido de lo pensado?
–Analizándolo fríamente, al final, creo que fue un lapso adecuado de resolución. Obviamente, a mí me hubiera gustado que sucediera antes, pero lo importante es que ya se está en la ruta de un acuerdo concreto. Lo más importante y difícil ya pasó, fue el preacuerdo. Y el dato fundamental en este contexto es el rol de lo político. La solución del tema es algo que nos va a beneficiar a todos.
–Antes de hablar del rol de las negociaciones entre Estados, ¿qué cree que generó el cambio de actitud de Repsol? Pasó a tener una postura más dialoguista…
–Yo creo que lo que hubo es un cambio de actitud de España y, en consecuencia, también en Repsol. Sucede que existe ahora un entendimiento y un reconocimiento de las facultades soberanas de un Estado para expropiar, como lo hizo el Estado argentino. La energía es la identidad económica de un país y su soberanía, de hecho, Pemex nació en 1938 de un proceso de nacionalización. Yo soy un convencido de que la energía y los recursos son el punto culminante de una revolución, al menos así lo fue en México. Hasta antes de la revolución, México no era un país petrolero, sólo autosuficiente. Recuerdo que la reacción inicial de Repsol con posterioridad a la expropiación en YPF no respondía a una conducta lógica en este siglo. Ahora parece haber un cambio de actitud, con la aceptación del principio de acuerdo. Pero no olvidemos que en el camino hubo amenazas y demandas para que, por ejemplo, YPF no se pudiera asociar con Chevron. Y eso era una negación de la capacidad de los Estados para expropiar.
–En varias entrevistas, usted manifestó en su momento que era Brufau, el CEO de Repsol, quien trababa la posibilidad de un acuerdo…
–Es que Brufau fue el que dificultó la búsqueda de un acuerdo, por eso hoy celebramos el cambio de posición. A esto hay que sumarle, por supuesto, una actitud decidida de Pemex de empujar. Como accionistas en Repsol queríamos un cambio, porque a nadie le convenía este conflicto. Una cosa es la valoración que el pueblo argentino pudiera hacer del tema, pero no era correcto que un socio cuestionara la capacidad de expropiación.
–En el documento del preacuerdo con YPF, Pemex se opuso a respaldar de manera amplia a la gestión política de Repsol. ¿Qué le cuestionaron a la empresa?
–Más allá de lo que votamos en el punto 3 del preacuerdo, Pemex no está conforme con el desempeño en materia de generación de valor para la compañía de Repsol. Los rendimientos no son satisfactorios. Por eso, no son ciertos los rumores que hablan de que queremos ampliar nuestra participación accionaria en Repsol. Por supuesto que sí destacamos la conveniencia de permanecer allí, porque tenemos una relación de 35 años.
–Usted es amigo personal de Emilio Lozoya, el titular de Pemex. ¿Influyó el vínculo cercano de él con Galuccio para estrechar lazos?
–Tienen un vínculo, es cierto, pero aquí hubo un elemento que fue la posición de México como Estado, como gobierno. Lozoya tiene habilidades políticas y supo manejar el asunto y colaborar con Argentina, pero esto fue un tema entre los tres países, no un asunto de las empresas en forma individual. Lo que se alcanzó hace unos días hay que entenderlo en un contexto mundial complejo, y por el peso que estas empresas tienen en cada país. Un conflicto largo no lo convenía a nadie, contaminaba la relación comercial. México hoy tiene una administración gubernamental que ve con mucho interés fortalecer los lazos con la región y, en este marco, con Argentina. Hay un cambio de paradigma desde lo político entre los gobiernos, México vuelve a darle el peso que merece a Argentina y la región.
–¿A YPF le abre un nuevo panorama para el ingreso de capitales para explotar, sobre todo el no convencional?
–Y es lógico, porque a nadie le servía este conflicto. Esto abre un escenario mejor en los mercados y en el resto de los asuntos, tanto para Repsol como para YPF. A la empresa argentina la pone ante un panorama importante para el ingreso de capitales y nuevos potenciales socios. Luego del acuerdo, YPF tendrá menos obstáculos para recibir capitales. Galuccio tiene un cargo muy difícil, que ha sabido sortear con inteligencia y capacidad, ha hecho una muy buena labor. Fue muy compleja la condición en que se hizo cargo de YPF, y él lo ha hecho de manera adecuada.
–¿Considera que la valorización que se plantea por el 51 por ciento de las acciones de YPF expropiadas a Repsol es lógica y en línea con los valores internacionales?
–Los montos de compensación por la expropiación están en torno a los U$S 5000 millones, y creo que son adecuados. Me parece que Repsol pedía algo exagerado. Pero son negociaciones políticas y, a medida que pasa el tiempo, las posiciones se terminan acercando.
–El ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, no le puso plazos a la resolución final del acuerdo, ya que consideró que restan detalles técnicos que hay que estudiar. ¿Cómo se observa desde el punto de vista de un accionista de Repsol?
–Yo me inclinaría a pensar que habrá que esperar novedades no antes de que caiga la primavera en el Hemisferio Norte. Hacia los meses de marzo o abril tendremos noticias de un proceso que llegará con conclusiones positivas. Es cierto que hay evaluaciones técnicas que son complejas, pero lo fundamental está.
–¿Y con respecto a un esquema de asociación entre YPF y Pemex?, porque ha habido en los últimos días declaraciones un tanto contradictorias…
–Una vez que se normalicen las relaciones, va a haber un escenario favorable para la búsqueda de sinergias entre YPF y Pemex. Estamos analizando el tema, pero sin fechas, estar en la Argentina es una posibilidad. Nosotros queremos tener más presencia en el plano internacional en el próximo quinquenio. Pemex es la quinta productora del mundo, y no puede ser tan endógena. Por otro lado, el ingreso de YPF dependerá de la reforma que se debate en México, hoy son áreas reservadas al Estado. La primera parte de la reforma de la Constitución Nacional (para habilitar el ingreso de capitales privados) se discutirá antes de fin de año. Las secundarias son más complejas y demorarán más. Desde mi punto de vista, no es necesario abrir los sectores reservados en energía al Estado. La derecha mexicana nos pone como excusa a Cuba, que sufrió un bloqueo salvaje e injustificado que hoy la pone en otra condición de necesidad de capital. Pero el caso de México es diferente. De todas formas, hay otros mecanismos para que YPF trabaje en México. Estamos ante una etapa clara para que YPF se consolide y crezca.
–En diferentes giras por Europa, Galuccio manifestó haber recogido interés por Vaca Muerta…
–Si le creemos a los Estados Unidos y otros análisis que se han dado a conocer, sin duda, Vaca Muerta tiene cifras de un gran potencial. ¡Es que la naturaleza nos tenía que dar algún tipo de justicia con los recursos a nuestros países de la región! México hoy tiene shale, pero el potencial del recurso aún está siendo analizado.
–El mundo, mientras tanto, sigue demandando energía, pero todo indica que no hay centralidad en materia de estrategia de recursos. Los países árabes, Latinoamérica y los rusos parecen ser las nuevas "Siete hermanas" del petróleo mundial…
–Hay un nuevo mapa mundial de la energía. Sin dudas, el regreso del Estado como un actor político y fundamental en la energía influyó. En el mundo, el petróleo y el gas no son ni deben ser privados. Por eso, hoy tenemos a Rusia, una potencia gasífera; y por aquí a Venezuela, a México, a la Argentina, Bolivia y a Brasil. Disfrutamos de lazos fraternos que propician una comunidad de intereses entre los pueblos, que son pueblos que aún siguen teniendo enormes necesidades y precisan de mayor equidad social. Las nuestras son regiones postergadas. Por eso es importante el manejo estatal en la Argentina, me refiero al Estado como actor económico. En todo el mundo, las privatizaciones no dieron los resultados prometidos. En Argentina, con mucha legitimidad social, se recuperó la compañía; y en México se busca una apertura con la que no estoy de acuerdo; a pesar de que sea amigo de Lozoya, los amigos pueden tener diferencias. Sí estoy de acuerdo con que Pemex salga al mundo.
–Por último, ¿cuánto más puede mejorar su perfil general YPF luego del acuerdo con Repsol?
–No sé cuánto, pero YPF puede valer más luego del acuerdo. Y le va a permitir consolidar al país su proyecto de política pública que hay detrás y trabajar en condiciones normales. En los años '90, las privatizaciones en México fueron casi tan salvajes como en Argentina. Entre 1988 y 1994, Carlos Salinas de Gortari privatizó los teléfonos, la banca y los ferrocarriles. Pero los países deben entender que el petróleo es la última línea de defensa de la patria. En Argentina no privatizaron a Boca Juniors ni a River Plate porque ya eran privados. Y en el caso de México hay coincidencias: las rutas se privatizaron y el Estado las tuvo que salvar luego de haberlas privatizado. La recuperación de YPF para Argentina fue muy valorada, pero en el marco de un proceso regional que se inició con Hugo Chávez, luego con Correa, Evo, Lula y Néstor Kirchner. Hoy es clave el contraste entre la conducción actual frente al proceso que significó el menemismo. En lo energético, los Estados deben retomar el papel preponderante.
Tiempo argentino

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