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31 de octubre de 2026

Reapareció Flávio Bolsonaro desde EE.UU. y habló de posible Golpe en Brasil: "Estoy dispuesto a asumir antes del 2030"

El senador y ex candidato presidencial habló desde Estados Unidos, donde se fugó tras huir de la Justicia brasileña. 

Desde los Estados Unidos, Flavio Bolsonaro reapareció en una transmisión en vivo en su cuenta de Instagram y habló sobre su actual situación tras la polémica fuga que incluyó al gobierno argentino. Cuestionó el escenario político de Brasil tras el desenlace electoral y afirmó sentirse "dispuesto" a volver a presentarse a elecciones "no en 2030, sino antes". En paralelo, cruzó a la justicia brasileña y la acusó de lanzar "una persecución sistemática" contra su persona.

"Pase lo que pase, estaré aquí, listo y preparado, incluso, si fuera necesario, para volver a presentarme a la presidencia de la República. No me refiero a 2030, sino a antes", dijo el senador y ex aspirante a la presidencia carioca.

Durante una transmisión de casi 17 minutos, el dirigente del Partido Liberal (PL) contó detalles de la conversación privada que mantuvo con su padre antes de viajar a Miami. Según relató, Jair Bolsonaro le pidió a sus custodios que abandonaran una de las salas donde cumple prisión domiciliaria para poder hablar a solas con él.

Flávio aseguró que le explicó su plan para abandonar Brasil y que su padre lo miró "con lágrimas en los ojos" antes de advertirle: "Ya sabés a dónde quieren llegar con esto, ¿verdad?". El senador afirmó que respondió: "Papá, lo sé. Creo que Dios tiene el control de todo, estoy preparado y lo afrontaré: ahora sé lo que tengo que hacer".

Flávio Bolsonaro, llorando en la transmisión en vivo desde su Instagram.

Flávio Bolsonaro denunció persecución y anticipó su futuro político

En otro tramo de la transmisión, el legislador explicó que decidió abandonar Brasil junto con su esposa, Fernanda, sin informar previamente a otras personas para evitar que el operativo fracasara. "Tomé la decisión junto con mi esposa, sin que nadie lo supiera. Porque, si lo hubieran sabido, las probabilidades de que las cosas salieran mal habrían sido mayores", sostuvo.

Además, pidió que no se responsabilizara a terceros por su salida del país. Según su relato, después de conversar con su padre regresó a su domicilio y le comunicó a su esposa la estrategia para viajar a Estados Unidos. "No fue fácil dejar mi país para al menos seguir teniendo voz activa", reconoció.

El senador también cuestionó la decisión del juez Alexandre de Moraes de retener y cancelar sus pasaportes en el marco de investigaciones por presunto lavado de dinero y evasión. Calificó la medida como "completamente absurda" y sostuvo que tuvo como objetivo intimidarlo. "Comenzó la persecución incluso antes de lo que imaginaba", agregó.

La salida de Flávio Bolsonaro se produjo después de perder el balotaje presidencial frente a Luiz Inácio Lula da Silva. El 27 de octubre, el dirigente cruzó desde Brasil hacia Puerto Iguazú, Misiones, junto con su esposa y sus dos hijas menores, a través del puente internacional Tancredo Neves.

La fuga a Miami, sus aspiraciones presidenciales y su intención de que Lula no llegue al 2030

Una vez en territorio argentino, la comitiva se trasladó al Aeropuerto Internacional Cataratas del Iguazú y abordó un avión privado Gulfstream G400 de la empresa Baires Fly. La aeronave despegó durante la madrugada del miércoles, evitó el espacio aéreo brasileño y realizó una escala técnica en Guayaquil, Ecuador, antes de llegar a Miami.

El operativo generó cuestionamientos por las posibles conexiones políticas de la salida, especialmente por la presencia en Misiones del asesor presidencial Santiago Caputo. Sin embargo, Flávio sostuvo que la decisión fue tomada exclusivamente por él y su familia.

Lejos de anunciar un retiro de la política, el senador dejó abierta la posibilidad de volver a disputar la presidencia. "Pase lo que pase, estaré aquí, listo y preparado, incluso, si fuera necesario, para volver a presentarme a la presidencia de la República. No me refiero a 2030, sino a antes", afirmó.

Sobre el final de la transmisión, buscó presentar su permanencia en Estados Unidos como una continuidad de su actividad política. "No me fui de Brasil, me fui a Brasil. Sé que desde aquí seguiré teniendo voz propia y podré seguir ejerciendo mi liderazgo", dijo al final.

El Destape

28 de octubre de 2026

En cuestión de minutos, Flávio Bolsonaro pasó de ser “presidente electo de Brasil” a “líder”

En un extenso comunicado, el excandidato de ultraderecha que escapó a Estados Unidos con escala en Argentina tras perder el balotaje con Lula da Silva habló de “fraude electoral”, sin presentar pruebas. Le agradeció a Javier Milei y a Donald Trump por ser cómplices de su huida.

Flávio Bolsonaro rompió el silencio tras varias horas de permanecer prófugo, luego de abandonar Brasil tras la derrota electoral frente a Lula da Silva. Lo hizo con un extenso comunicado que publicó, borró y volvió a difundir con una modificación que no pasó inadvertida: en la primera versión se autoproclamaba “verdadero presidente electo de Brasil”, mientras que en la segunda rebajó el tono y se presentó como “líder de Brasil” con solo 22 minutos de diferencia.

Redes Sociales

“Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente de Brasil”, se puede leer en el primer posteo del excandidato ultraderechista, escrito a las 17.19 horas.

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En cambio, en la segunda y última publicación de las 17.41, posteó: “Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como líder de Brasil”.

Redes Sociales

La carta completa de Flávio Bolsonaro (segunda versión)

“Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como líder de Brasil.

Antes que nada, quería agradecer al presidente Milei por su valentía, su sentido de la justicia y de la legalidad; al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por recibirme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que las buenas personas de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.

La noche del domingo, vi horrorizado cómo se concretaba un fraude electoral ante mis ojos. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se concretara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), que se arrogó competencias por encima del Tribunal Superior Electoral (TSE), extendió la votación a último momento, y la orden llegó recién después de que venciera el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se ha limitado a defender la prórroga del horario y no ha dado ni una sola respuesta creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político y económico, así como utilización de los recursos del Estado en favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin.

La respuesta del régimen a mis cuestionamientos llegó rápidamente. Como si se tratara de un plan previamente elaborado, siete minutos después de ese repugnante fraude electoral, el juez, implicado en un enorme escándalo de corrupción, mencionado directamente en la investigación que utilizó para intentar secuestrar mis pasaportes y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido que yo asumiera el cargo, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar impedido desde el comienzo y ser completamente sospechoso para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actuaciones procesales demuestra la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.

No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente adónde conduce esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses, tiene un único objetivo: silenciar a cualquier persona que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema controlada por la organización criminal petista.

Para que quede claro, no existe ninguna orden de detención en mi contra porque no cometí ningún delito. Lo que existe es una caza de brujas por motivos políticos, cuyo objetivo era convertirme en rehén y en objeto de chantaje para proteger a los jueces corruptos de la Corte Suprema frente a un juicio político que pudiera destituirlos. Este es el guion de la persecución: incautación del pasaporte, tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, un juicio armado y, finalmente, una condena política.

No voy a someter a mi familia a esto, y mi país no merece volver a pasar por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco una vez más al presidente Trump y al Gobierno estadounidense por recibirnos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.

Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por Brasil; me alejé de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, porque, silenciado, preso y censurado, como está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y terminaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por la Corte Suprema, repleta de servidores del régimen.

No soy el primero que debe luchar por su propio país desde el extranjero. Rui Barbosa se exilió por enfrentarse al autoritarismo de Floriano Peixoto y desde allí siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró a la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista, y María Corina Machado, pese a ser perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.

Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de votantes, sino también al pueblo brasileño, que soy el presidente electo y que los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía. A ustedes, que anhelaban un cambio, quiero decirles que no los abandonaré: seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.

A las instituciones brasileñas les hago un llamamiento: esta locura tiene que terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y de persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz ni prosperar de esta manera. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los poderes del Estado y devolverles a los brasileños la confianza que han perdido.

A la comunidad internacional le pido que no normalice lo que está sucediendo en Brasil. Lo que ocurre hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como algo normal.

A los senadores, diputados y gobernadores a los que ayudé a elegir, y especialmente a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho, les digo: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para ejercer plenamente la actividad política. Por eso, lideraré a la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes no pueden decir allí y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.

Y a vos, que votaste por mí y soñás con un cambio, quiero decirte que no estamos derrotados ni estamos solos. Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. En los próximos días, me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular que tenemos, por todos los medios pacíficos y legítimos, para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Les pido a todos que se mantengan firmes y que nunca se rindan.

Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.

Que Dios bendiga a Brasil.

Flávio Bolsonaro”.

Pagina 12


 Bolsonaro llegó a Estados Unidos tras la ayuda de Milei para fugarse vía Puerto Iguazú

El excandidato presidencial aterrizó junto a su famila en Miami. Llegó en un vuelo privado que abordó en la Argentina tras haber cruzado la frontera con custodia policial. Trump adelantó que piensa darle una visa.

La información de que Flavio Bolsonaro y su familia escaparían de Brasil cruzando la frontera de Foz de Iguazú a Puerto Iguazú, donde abordarían un avión de Baires Fly que había volado desde Buenos Aires y aterrizado a las 23:45, finalmente resultó cierta, solo que con 24 horas de retraso. El excandidato ya aterrizó en Miami.

A las 22:50 de este martes, montados en una camioneta blanca, escoltada por un vehículo policial argentino, los cuatro integrantes de la familia Bolsonaro ingresaron a la Argentina por el paso fronterizo de Puente Internacional Tancredo Neves y 40 minutos después abordaron el mismo avión que esperaba desde la noche del lunes y finalmente despegó a las 0:21 con destino a Ecuador. Todos los detalles fueron brindados por la propia Dirección Nacional de Migraciones esta madrugada.

Tras una escala en Guayaquil para recargar combustible, la aeronave Gulfstream G400 propiedad de la empresa Fly BA aterrizó a las 10.24 en el aeropuerto de Miami Opa LockaExecutive Airport.

Pagina 12

Con la complicidad de Milei y Trump

Así huyó Flávio Bolsonaro: los detalles de una fuga con patente argentina

El excandidato de ultraderecha finalmente cruzó de Brasil a Puerto Iguazú y subió con su familia subió al avión que lo esperaba desde hacía 24 horas. Llegó al aeropuerto en una combi de chapa diplomática argentina. El rol del Presidente y su par de Estados Unidos en toda la operación.

Raul Kollmann
El armado de los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump permitió concretar la fuga de Flávio Bolsonaro en el avión que, efectivamente, salió del aeropuerto de Iguazú en la madrugada de este miércoles. El excandidato brasileño llegó a la estación aérea en una combi diplomática argentina y accedió directamente a la pista, algo imposible si desde la Casa Rosada no le hubieran dado la orden a la Cancilleria y a la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Tras un día entero de espera, el aparato Gulfstream G400, matrícula LV-JQW, de la empresa Baires Fly, despegó camino a Miami, pasando por los cielos de los países aliados a Trump: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y luego hacia La Florida.

El consulado argentino en Brasilia permaneció abierto toda la noche del lunes porque parece obvio que se barajó también la alternativa de que Bolsonaro pidiera asilo. Todo indica que, al final, optó por usar un avión privado del empresario Willer Tomaz, acusado de lavado de dinero en sociedad con Bolsonaro, viajó desde Brasilia hasta Foz de Iguazú y se refugió en casa de alguno de sus familiares en esa ciudad.

El intendente de Foz también es amigo de Bolsonaro: es el general Joaquim Silva e Luna, que fue ministro de Jair Bolsonaro y, por supuesto, del partido Liberal. El cruce hacia Iguazú se hizo de la mano del gobierno de Milei y las visas de residencia en Estados Unidos fueron garantizadas por Trump: “Los recibiremos, son buena gente”, redondeó el presidente norteamericano.

No fue una pista falsa

Como señaló Página/12, el avión Gulfstream en Iguazú no era una pista falsa, sino que fue contratado por un broker norteamericano para llevar a Bolsonaro, su esposa Fernanda y sus hijas Luiza y Carolina hasta Miami. Lo que no se sabe es por qué la fuga no se concretó en la madrugada del martes, cuando sucedió que ”los pasajeros no se presentaron”. Algo los detuvo. La operación se postergó.

Cuando todos los medios del mundo decían que el excandidato había llegado a Estados Unidos, un equipo de C5N se mantuvo alerta en Iguazú vigilando qué ocurría con el Gulfstream que extrañamente seguía en la pista. Casi a la media noche, los periodistas recibieron la información de que Bolsonaro cruzó la frontera de Brasil a la Argentina a través del puente Tancredo Neves y minutos después llegó una caravana de cuatro camionetas, una de ellas con patente diplomática argentina, la que llevaba a la familia Bolsonaro. Las camionetas entraron directamente a la pista, se situaron al lado del avión y después de medianoche despegó.

Excusas groseras

Una vez que el Gulfstream despegó, se dio a conocer un comunicado oficial: “La Dirección Nacional de Migraciones informa que a las 22:50 hs del dia 27/10, ingresaron por el paso fronterizo de Puente internacional Tancredo Neves en la provincia de Misiones, los ciudadanos Flavio Nantes Bolsonaro, Fernanda Antunes Figueira Bolsonaro, Carolina Figueira Bolsonaro y Luiza Figueira Bolsonaro, quienes lo hicieron con documentación hábil de viaje sin ningún impedimento legal para el ingreso al país, asimismo los tránsitos fueron registrados por la autoridad de aplicación sin incidentes. Por su parte, a las 23:30 hs, la comitiva ingresante abordó un vuelo privado despachado por la compañía Baires Fly S.A con destino a la ciudad de Guayaquil, Ecuador, según se informó en el plan de vuelo”.

El texto es una excusa grosera. Todos los gobiernos sabían que Bolsonaro estaba prófugo de la justicia de Brasil, es decir que no había razón ni para dejarlo entrar a la Argentina ni para dejarlo salir hacia Estados Unidos. La maniobra fue de pura y simple complicidad con la ultraderecha brasileña y para amparar a un aliado de Milei.

El resto lo hicieron Trump y el secretario de Estado Marco Rubio. Desde Washington aseguraron que los Bolsonaro serían recibidos y que se les otorgarían las visas correspondientes. “Sí, los vamos a recibir -dijo Trump-. Son buena gente”. En el mismo diálogo con periodistas, el presidente norteamericano reconoció el triunfo de Lula: “la elección fue horrible, pero el resultado es verdadero”.

Como es obvio, la participación del gobierno de Milei en el escape dañará aún más las relaciones con Brasil. En su momento, Lula ordenó el retiro del embajador brasileño en Argentina, Julio Bitelli, a raíz de los insultos de Milei que calificaba como “ladrón y comunista” al mandatario de Brasil. No está claro cómo seguirán ahora las cosas.

En el vecino país, la fuga de Bolsonaro fue un golpe para la oposición. Trump espera que el prófugo ahora conduzca a los anti-Lula desde Estados Unidos, pero Bolsonaro quedó muy mal parado: no sólo perdió las elecciones, sino que “se borró” del país. Quedó como una cobardía.

Pagina 12


27 de octubre de 2026

Lo solicitaron diputados del PT

Piden la prisión preventiva de Flávio Bolsonaro y que Interpol emita una alerta roja

El excandidato presidencial es investigado por manejos financieros sospechosos vinculados a apuestas deportivas y corrupción en pensiones.

La bancada del PT de la Cámara de Diputados de Brasil presentó este martes una solicitud de prisión preventiva y un pedido de emisión de alerta roja de Interpol para Flávio Bolsonaro, quien pese a estar involucrado en una causa por presunto lavado de activos habría huido de Brasil tras la derrota en las elecciones del pasado domingo.

“Él sabía que sería investigado y tendría que responder por los crímenes que cometió. ¡Una vergüenza! Imagina tener a un tipo como este como presidente de Brasil!“, escribieron los diputados del PT en su cuenta de X.

Este martes, la Policía Federal de Brasil canceló los pasaportes del senador ultraderechista, en medio de las especulaciones sobre una posible fuga a través de Argentina. Sin embargo, el portavoz de la Presidencia argentina, Adrián Ravier, aseguró que Bolsonaro “no ha pedido asilo” en el país.

El senador ultraderechista recibió el lunes, un día después de perder las elecciones frente al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, la orden de entregar sus pasaportes en un plazo de 24 horas. También se le comunicó la prohibición de salir del país.

La decisión fue dictada por el juez de la Corte Suprema, Alexandre de Moraes, quien se encargó del juicio en el que Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado.

Al no cumplir el plazo, la Policía Federal canceló este martes ambos documentos.

Flávio Bolsonaro es investigado en una causa por supuesto lavado de dinero, de acuerdo con los diarios O Estado de S. Paulo y O Globo. El caso transcurre bajo secreto judicial.

En el centro de la investigación está Willer Tomaz, abogado y amigo cercano de Flávio, señalado como el operador de un entramado societario con movimientos financieros sospechosos relacionados con el mundo de las apuestas deportivas.

De acuerdo con la investigación, Flávio llegó a constar como usuario con amplios permisos de acceso a una cuenta compartida con Tomaz, quien también está en la mira de las autoridades por un escándalo de corrupción relacionado con descuentos indebidos en las pensiones de millones de jubilados.

Pagina 12

25 de octubre de 2026

La victoria del líder brasileño puso un freno a la ultraderecha

Lula ganó cómodo en una remontada histórica

El presidente consiguió un cuarto mandato tras vencer a Flávio Bolsonaro por más de cuatro millones de votos. “Esta elección fue una derrota del negacionismo”, celebró.

Gustavo Veira


Brasil detuvo a la extrema derecha, la puso en pausa. Bajó los decibeles de su violencia dialéctica, de su crueldad manifiesta, su xenofobia y su racismo, y transformó a Lula en presidente por un mandato más. El cuarto de su extensa y rica trayectoria política. Fue posible porque, entre el primer turno y el segundo, consiguió aumentar en más de 10 millones de votos su caudal electoral. Una avalancha de sufragios. También una bocanada de aire fresco recorre América Latina entre tanto trumpismo rancio y algorítmico, de redes cloacales más que sociales, donde el PT también dio su batalla cultural entre la primera vuelta y el balotaje. La remontada del histórico dirigente del PT se produjo y derrotó a Flavio Bolsonaro, como lo había hecho con su padre cuatro años antes. Pero su rival pidió la anulación de las elecciones. “Es imposible reconocer el resultado”.

La página de la Justicia Electoral colocó una inscripción con los comicios resueltos: “Elección definida matemáticamente”. Faltaba todavía poco más del 3 por ciento de las urnas por escrutar. Los números casi cerrados eran 64.136.514 votos contra 59.767.869 de su rival. Una diferencia de 4.368.645 sufragios. En porcentajes: 51,70 por ciento contra 48,22 %.

Con la voz tomada, Lula dijo sus primeras palabras: “Tenemos el menor número de abstenciones y voto nulo en la historia del país y tengo que agradecer a la militancia y al pueblo brasileño por su generosidad. A la generosidad de la juventud para defender la democracia”. Y agregó, de forma contundente: “Esta elección fue una derrota del negacionismo”. Además, dijo que “tuvimos que vencer la intromisión extranjera”, en relación a la denuncia del PT sobre el favoritismo de Meta por la extrema derecha.

La fuerza de la movilización, de los ciudadanos de a pie, transversal y no ceñida a un sector social determinado, lo hizo posible. El oficialismo ganó por paliza en el Nordeste, pero también en Minas Gerais, en el centroeste del país, donde el perdedor había cerrado su campaña e incluso derrotado a Lula en el primer turno. Un estado clave porque se trata del segundo más poblado con algo más de 21 millones de habitantes, pero lejos de San Pablo que casi posee la misma población de Argentina.

La victoria de Lula, con más luz que la estimada en los sondeos previos, en encuestas que mayoritariamente incluso siempre lo dieron por debajo, también fue letal para la credibilidad de ciertos consultores que indujeron el voto hacia la oposición de ultraderecha. El presidente argentino Javier Milei deberá desandar el camino del agravio, de una motosierra que empezó a quedarse sin filo y que la tijera de su amigo Bolsonaro intentó emular con su política de recorte al presupuesto social, o al estilo de estado destruido desde adentro.

Con el triunfo del PT, es el Brasil movilizado que abre una ventana de ilusión a los países vecinos y que detiene el ímpetu de las usinas reaccionarias. Las de Milei, De la Espriella en Colombia, Bukele en El Salvador y, por supuesto, Trump y su secretario de Estado Marco Rubio.

Particularidades de Brasil

La elección tuvo una peculiaridad geográfica. Promediaba el escrutinio y Lula lideraba en solo una región de las cinco en que se divide el país: el Nordeste. Perdía en las restantes cuatro, incluso la más populosa del centroeste, donde están San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais, los estados de mayor población. También caía, como finalmente sucedió, en el sur, por escasísimo margen en el norte y en el centro oeste, la zona más agropecuaria. A las 20.46, exactamente, el sitio de la justicia electoral que se actualizaba de manera sostenida y minuto a minuto, daba al presidente una diferencia que parecía consolidarse de más de dos puntos porcentuales con casi el 80 por ciento de las urnas escrutadas.

Fue un momento clave, casi un parteaguas, y coincidió con las demostraciones callejeras vecinas a la avenida Paulista de los partidarios del histórico dirigente. La virada (remontada en español), hecha carne en el electorado y la militancia del PT, comenzaba a tomar forma.

Aunque transcurridas dos horas después del cierre (a las 21), la diferencia de Lula sobre Flavio se extendía de a poquito, esa curva ascendente no permitía cantar victoria en el oficialismo. Todo estaba por definirse. No era decisiva la ventaja en comicios tan parejos, pero si ya hacía pensar que el pueblo brasileño cambiaría la tendencia histórica de que un perdedor en primera vuelta, podía debutar como ganador en la segunda. Lula fue el primero en batir un récord más.

Un balotaje que, en términos futbolísticos, el periodista deportivo Dante Panzeri hubiera definido como “dinámica de lo impensado”.

Un hecho inédito

Cuando a las 17 se cerraron las urnas electrónicas y empezó el conteo, se produjo una distopía electoral. A las denuncias del oficialismo de que en dos grandes ciudades, San Pablo y Salvador de Bahía, había presunción de fraude por entorpecimiento de la votación –sobre todo por escasez de transporte–, siguió la prórroga de dos horas otorgada por el juez Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal (STF), la corte brasileña.

¿Qué había sucedido antes? El máximo responsable de la justicia electoral, Kassio Nunes Marques, un magistrado de vínculo estrecho con el bolsonarismo, había cerrado los comicios como estaba establecido. Pero de manera deliberada, ignoró un dato clave. Durmió por más de tres horas el pedido del presidente Lula para que se extendiera el horario hasta las 19. Entre Nunes Marques y Zanin, que dijo sí a la solicitud, medió una situación que dio paso a la confusión y el escrutinio quedó momentáneamente suspendido hasta que se cumplieran las dos horas.

En el búnker del PT ubicado en el hotel Intercontinental, superpoblado por periodistas de distintas nacionalidades, hubo incertidumbre, preguntas sin respuestas y una vigilia que combinaba especulaciones con información no comprobada sobre la continuidad del proceso electoral. Finalmente, el conteo de los votos se reanudó y el porcentaje del 0,25 por ciento de los sufragios escrutados hasta la interrupción empezó a crecer de nuevo. Con Lula en la delantera, pero el exsenador Bolsonaro muy cerca en las cifras.

El hijo del expresidente pasó al frente minutos antes de las 20 cuando venía abajo por alrededor de dos puntos desde la reanudación del escrutinio. Indicio, al fin, de la paridad de una elección que nunca fue tan reñida en la historia democrática de Brasil. Ni siquiera en 2022, cuando Lula enfrentó y superó a Jair Bolsonaro.

El senador del Partido Liberal (PL) y coordinador de la campaña de Flavio señaló sobre la postergación: “El nivel de intervención de algunos magistrados del Supremo es impresionante”. Se refería a Zanin, que primero había concedido la extensión para Bahía y después para todo el territorio nacional. Desde el PT se argumentaba algo semejante sobre el papel que jugó Nunes Marques, un juez designado por Jair Bolsonaro en 2020 para que controlara la justicia electoral.

El retraso que demoró la votación, inducido por el contrapunto entre dos magistrados, generó zozobra, disparó críticas cruzadas y prolongó la vigilia de un desenlace digno de una novela costumbrista de Jorge Amado. Un epílogo que parecía un partido de fútbol cambiante, donde Lula empezó adelante, lo pasó Bolsonaro y, casi una hora y media después de terminada la prórroga electoral, el presidente había retomado la delantera, como un buen definidor de área. Daba la sensación de que cualquiera pediría “la hora referí”, cuando los porcentajes los favorecían.

Como fuere, se trató de una elección donde el protagonismo lo tuvo la gente común, los seres anónimos del Brasil profundo y marginal, en la amplia geografía de un país multicultural, donde Lula ha sido un personaje omnipresente desde finales de la dictadura. Un político con un recorrido como ganador o perdedor, pero que lo coloca en la historia más grande de nuestra América Latina.

gveiga@pagina12.com.ar

5 de octubre de 2026

Definición mano a mano

Resultados elecciones Brasil 2026. ¿Lula o Bolsonaro?: a quién apoyarán los derrotados en primera vuelta


La presidencia se definirá el próximo 25 de octubre. Bolsonaro obtuvo un 47,03% y Lula se quedó con un 45,16%. Hubo un 20% de abstención. El candidato de ultraderecha cruzó mensajes con Javier Milei.

Bolsonaro le agradeció a Milei, quien volvió a apuntarle a Lula

El senador Flávio Bolsonaro, quien sacó dos puntos de ventaja sobre el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones del domingo, agradeció el apoyo del presidente argentino, Javier Milei, y auguró una mejor relación bilateral si gana el balotaje.

Pagina 12


Rumbo al balotaje

Brasil, sorpresa y suspenso

Habrá que ver cómo Lula diseña su campaña y si podrá, con su prédica y su excepcional carisma, despertar el interés de quienes optaron por abstenerse de participar en la lucha política y facilitaron la pequeña ventaja obtenida por Bolsonaro. No todo está perdido.

Atilio Boron

Al momento de redactar estas líneas y con el 99 por ciento de los votos escrutados, Flávio Bolsonaro se estaba imponiendo al presidente Lula da Silva por un 2 por ciento, pero sin poder superar la barrera del 50 por ciento que lo habría proyectado a la presidencia en la primera vuelta. Hay que recordar que, desde el retorno de la democracia, solo Fernando H. Cardoso pudo hacerlo y en dos ocasiones: en 1990 y en su reelección en 1994. La impresión de los observadores es que la ventaja que ya obtuvo Bolsonaro, si bien se fue acortando a medida que avanzaba el recuento de los votos, luce como irreversible, pero a la vez como insuficiente para evitar los rigores del balotaje.

Por eso la hora de la verdad llegará el domingo 25 de octubre, cuando el electorado brasileño deberá decidir si reelige como presidente a un estadista como Lula o deposita a Brasil en manos de un personaje menos que mediocre (y con muchas causas pendientes con la justicia), pero convenientemente teledirigido desde la Casa Blanca.

No en vano, durante su campaña Lula habló en innumerables ocasiones de un Brasil soberano, de la importancia de la soberanía para garantizar el progreso nacional y el bienestar de su población. En su notable discurso inaugural ante la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre de este año pronunció una frase categórica: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. Con esa simple sentencia, Lula pulsó una cuerda muy sensible para la mayoría de los delegados allí presentes, que respaldaron sus palabras con el aplauso más fervoroso del actual período de sesiones de la Asamblea general.

Comprensible y digna de todo apoyo la frase de Lula, porque la de Brasil es una elección que trasciende de lejos el ámbito nacional y se libra en el corazón mismo de la disputa geopolítica en curso. Una elección cuyo resultado no solo determinará el futuro de ese país, sino que, me atrevería a decir, incidirá también en el proceso de reconfiguración multipolar del sistema internacional, toda vez que Bolsonaro ha declarado que, de llegar a la presidencia, propiciaría el abandono de su país del BRICS, emulando la gigantesca estupidez del presidente argentino, un energúmeno vociferante que habita en sus propios delirios y una de cuyas primeras medidas al llegar a la presidencia fue rechazar el ingreso de la Argentina al BRICS, cosa que debería haberse producido el 1.º de enero del 2024.

Una elección de extraordinaria importancia en el tablero geopolítico mundial, dado el impacto negativo que tendría la eventual salida de Brasil del BRICS al debilitar el peso de esta coalición en la economía y la política mundiales. Es debido a ello que la Administración Trump ha intervenido de modo tan descarado en el proceso electoral brasileño, cosa que también fue denunciada por Lula en el ya mencionado discurso condenando la “interferencia externa” en los procesos electorales latinoamericanos. Para Trump, el triunfo de Flavio Bolsonaro le permitiría acrecentar su gravitación en el extremo sur del continente, incorporar a Brasil al indigno “Escudo de las Américas” y, como he dicho en otra ocasión, darle el jaque mate a México, cuya presidenta viene resistiendo con mucha inteligencia y valentía el permanente acoso de la Casa Blanca.

Más allá de estas influencias geopolíticas, ciertos elementos de la campaña de ambos candidatos podrían ser decisivos para inclinar la balanza hacia uno u otro lado en el balotaje que se viene. Las reiteradas denuncias que pesan sobre Flávio Bolsonaro por escándalos bancarios de diverso orden no parecen haberlo afectado en la primera vuelta. Difícil que lo hagan en las próximas semanas porque el ambiente político está dominado por el triunfalismo del que hará gala la derecha brasileña e internacional por el desempeño de Bolsonaro y la reafirmación de que las urnas parieron un Congreso aún más reaccionario que el actual. No obstante, pese a ello, sería arriesgado decir que la victoria del líder de la ultraderecha puede darse ya por descontada.

Lula es un avezado político y, ante el shock producido por este inesperado triunfo de Bolsonaro, un posible resultado sería la movilización de amplios sectores de la ciudadanía que, si optaron por abstenerse de votar en la primera vuelta, podrían verse inclinados a participar en las elecciones para evitar la victoria de un candidato que mucho mal le haría al pueblo brasileño. Claro que no hay que perder de vista que los grandes medios de comunicación han jugado sistemáticamente en contra de Lula y lo seguirán haciendo. Su labor en línea con el proyecto neoliberal es desalentar el interés por la política y envenenar a la opinión pública con un discurso que subraya el carácter incurablemente corrupto de la política, y lo seguirán haciendo en las próximas semanas.

Habrá que ver cómo Lula diseña su campaña y cuáles serían los temas centrales de la misma y si podrá, con su prédica y su excepcional carisma, despertar el interés de quienes el día de hoy optaron por abstenerse de participar en la lucha política y facilitaron la pequeña ventaja obtenida por Bolsonaro. No todo está perdido. Y no sería imposible que el resultado final revierta lo ocurrido en la primera vuelta.

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Los pueblos se suicidan sin darse cuenta solo llevados por cantos de sirenas.